El tripapa

 

Corrían los tiempos duros del Pontificado, allá por el año mil. El solio pontificio era ocupado por los miembros de las familias importantes romanas, que de la misma forma eran desposeídos cuando no asesinados. Una de esas familias era los condes de Tusculum (hoy Frascati), que consiguieron imponer a su miembro Teofilacto con el nombre de Benedicto VIII (1012), en contra del candidato de los Crescencios, Gregorio, a quien éstos concedieron el mismo título, aunque es hoy considerado como antipapa, en lo que tuvo mucho que ver la intervención del emperador Enrique II. Pese todo, Benedicto VIII acabó siendo un reformador eclesiástico de talla, según lo preconizado en Cluny, e incorporó definitivamente a la liturgia el Credo de Nicea.

Da idea de la fuerza de los Tusculum que fuera sucedido por su hermano Romano (1024), que tomó el nombre de Juan XIX, aunque aprovechó su pontificado para deshacer toda la lucha de su antecesor contra la simonía; en ese campo, incluso estuvo a punto de conceder el título de patriarca ecuménico al primado de Constantinopla, y si no lo hizo fue por la presión de la opinión pública, que amenazaba con arrojarlo de la silla de Pedro.

Cuadro de texto:  A su muerte, sigue el poder de los Tusculum, y nombraron para sucederle a otro Teofilacto (1033), sobrino de los precedentes, que según algunos contaba con ¡doce años! (Otros elevan la cifra a diecisiete o dieciocho.) Tomó el nombre de Benedicto IX.

La indignación que esto produjo fue aprovechada por los Crescencios, que obligaron a huir al papa-mozalbete, nombrando a un obispo llamado Juan, que tomó el nombre de Silvestre III, también considerado hoy antipapa (los Crescencios no han tenido suerte histórica), pues otra vez el emperador intervino, reponiendo en su sitio a Teofilacto-bis. Pese a ello, hay listas en los que Silvestre figura como papa legítimo.

No acabaron aquí las complicaciones, pues, vista la incomodidad de los romanos por el papa regresado, ofrecieron a éste una gruesa suma de dinero para que abdicara (simonía pasiva, que diríamos hoy). El financiador, un tal Graciano, tomó el nombre de Gregorio VI, y a su advenimiento fue saludado por hombres tan eminentes como los cluniacenses y san Pedro Damián.

Quizá por esto es considerado como papa legítimo a diferencia del pobre Sergio, pues, aprovechando el nuevo descontento popular, Benedicto IX volvió por tercera vez. El emperador Enrique III convocó un sínodo (pues mientras tanto, para aportar su grano de arena a la confusión, también Sergio III reclamaba la cátedra) y se decidió que Benedicto IX, aunque papa legítimo, había abdicado, y por tanto no podía volver. Él y Silvestre fueron depuestos definitivamente, y para curarse en salud, Enrique III se llevó al todavía joven Teofilacto-bis a Alemania.

Pese a todo ello, hemos visto listas de papas en las que Benedicto IX figura legítimamente hasta tres veces, así como Sivestre III. Es decir, que se remeda a Grover Cleveland (considerado como el 22º y 24º presidente de Estados Unidos). En esta guisa, Benedicto sería el papa 147º, 149º y 151º… suponiendo que hubiera acuerdo con los ordinales de los anteriores, cosa nada fácil.

 

                                                                        JMAiO, BCN, abr 05