En torno a los apóstoles

 

Los Evangelios conceden gran importancia al grupo de discípulos que seguían a Jesucristo, destacando unos más que otros. El número de doce, en que coinciden todos los evangelistas, es probablemente una leyenda posterior en torno al simbolismo de ese valor, tan relacionado con las doce tribus de Israel, como prueba el hecho de que los evangelistas no se ponen siquiera de acuerdo en sus nombres. Mateo, Marcos y Lucas dan sendas listas bastante coincidentes, pero Mt y Mc hablan de “Tadeo”, mientras que Lc y Ac, en lugar de este nombre, dan el de un tal Judas, contradicción que se ha pretendido resolver llamándole Judas Tadeo. Juan es más vago, y sólo nombra a cuatro apóstoles, entre los cuales está Natanael, que ha habido que identificar con el Bartolomé de los sinópticos acudiendo a artificios lingüísticos.

Chocan dos cosas en las listas: la aparición de nombres griegos (Andrés, Felipe), que indicaría la penetración de la cultura helenista, incluso a nivel popular, y las repeticiones (Jacobo-Jacobo, Simón-Simón, Judas-Judas), lo que sería un punto en favor de la autenticidad, pues no suele darse a dos personajes de un relato ficticio el mismo nombre.

Salvo esas contradicciones, resulta mnemotécnico agruparlos en grupos de la siguiente manera:

 

·        Simón (rebautizado Pedro por Jesús) y Andrés, hijos de Yoná o Juan (otra contradicción), pescadores naturales de Betsaida. Añadamos también Simón el celoso, al que se ha pretendido relacionar con la secta de los celotes, opuesta a la dominación romana.

·        Jacobo (modernamente, Santiago) y Juan, también de Betsaida, hijos del Zebedeo. Jacobo es llamado “el Mayor” para distinguirlo del otro del mismo nombre

·        Otros tres posibles hermanos: Jacobo (Santiago) el Menor, Judas Tadeo (sólo hermano según la tradición), y Mateo el evangelista, todos ellos hijos de Alfeo. Añadamos a este grupo, por similitud de nombre,  Judas Iscariote.

·        Felipe y Bartolomé, ambos naturales de Betsaida. Obsérvese que esta localidad aportó más de la mitad de los efectivos apostólicos. Y Tomás, el famoso incrédulo.

 

Es necesario dar algunas notas más sobre los apóstoles y su dudosa identificación. El Evangelio cita hasta tres personajes con el hombre de Jacobo: Jacobo el Mayor, hijo de Zebedeo, apóstol y hermano de Juan (Mat 4,21; Mc 1,19; Lc 5,10); Jacobo el Menor, también apóstol e hijo de Alfeo (Mat 10,3; Act 1,13) y Jacobo, el hermano del Señor (Mt 13,35; Mc 6,3; Gal 1,18-19). Los comentaristas católicos han pretendido a menudo que los dos últimos Jacobos son uno solo, cosa no imposible, aunque esto entraría en contradicción con otros episodios del Evangelio, como aquél en que los propios hermanos de Jesús (entre los que naturalmente estaría Jacobo) le rechazaban (Jn 7,5), actitud que, por lo visto, se invertiría posteriormente, aunque un cambio tan radical también ha dado lugar a pensar que el título de “hermano de Jesús” era simbólico, explicación de un tipo muy socorrido en la exégesis de los textos cristianos, porque oscurece más que aclarar, ya que deja en el aire multitud de cosas, como si lo de “hijos del Zebedeo” es también un simbolismo, y, desde luego, que sea simbólica la virginidad de María.

Demos una breve semblanza de cada uno:

Pedro. Inicialmente Simón, pescador en Cafarnaúm, elevado a la jefatura de la Iglesia por Jesús (Mt 16,18; Jn 1,42), quien cambió su nombre a kefa, ‘roca’ (en la Vulgata se masculiniza el equivalente, petra, haciéndola Petrus). El más importante de los apóstoles, jefe de la iglesia y protagonista, ya muerto Jesús, de un sonado enfrentamiento con san Pablo, partidario de extender la “buena nueva” al mundo no judío. El triunfo de Pablo en esa polémica debe ser considerado como la auténtica fundación del cristianismo.

Andrés, hermano de Pedro, también pescador. Dicen que predicó en el sur de Rusia y en los Balcanes y fue crucificado en Patças (Grecia) en la famosa cruz en X que lleva su nombre.

Juan. Amigo de Pedro, considerado el discípulo predilecto de Jesús (“le amaba”, Jn 13,23; 19,26; 20, 2; 21,7-20), jefe de la Iglesia de Éfeso. Se le ha considerado autor (más bien inspirador) del cuarto Evangelio y de un extraño e incomprensible libro, el Apocalipsis.

Jacobo, hermano de Juan, apodado el Mayor para no confundirlo con el otro Jacobo. Por su carácter impetuoso recibió con su hermano el sobrenombre de Boanerges o “hijos del trueno”. Sufrió martirio bajo Herodes Agripa (Act 12,2), aunque otros opinan que se trataba del tercer Jacobo, el hermano de Jesús y jefe de la Iglesia de Jerusalén. La tradición lo fija como evangelizador de España.

Mateo. Identificado por los analistas cristianos con el Leví nombrado por Mc y Lc. Hijo de Alfeo, aduanero y posible recaudador de impuestos en Cafarnaúm; el único apóstol que dominaba el griego. Autor del llamado “primer Evangelio”.

Jacobo el Menor, hermano de Mateo si es cierto que Cleofás, nombre de su padre, es lo mismo que Alfeo. Identificado a veces con el Jacobo hermano del señor, aunque el tema no está claro. Los Evangelios y Los hechos de los Apóstoles hablan repetidamente de un “hermano del Señor” considerado como apóstol, pero en otros lugares se da como su padre a Cleofás. El tema ha hecho correr mucha tinta, y los autores cristianos se han acogido al socorrido método del lenguaje figurado. En todo caso, fue persona de gran prestigio, jefe de la Iglesia de Jerusalén, causa por la que fue lapidado en el año 62.

Judas, al parecer, según la tradición, hermano de Santiago el Menor (Lc 6,16; Act 1,13), identificado con el Tadeo de Mc 3,18 y Mt 10,3. Se ha resuelto la duplicidad considerándole una sola persona y llamándole Judas Tadeo.

Felipe, también natural de Betsaida. Uno de los más desconocidos de los apóstoles. Nada se sabe de su actividad posterior.

Bartolomé. Más desconocido todavía. Para colmo, Juan nombra a un Natanael que ha habido que identificar con él para salvar el número de doce.

Tomás, llamado también el Dídimo (‘mellizo’). Pese al descrédito que le ha infundido el episodio de su incredulidad (Jn 15,5; 20,24-29) gozaba al parecer de cierta autoridad entre los apóstoles (Jn 11,16).

Simón el Celoso, críptico calificativo que se ha pretendido identificar con Zelote, secta de nacionalistas judíos que a la postre provocarían el alzamiento del año 67, que marcó el final de la independencia judía.

Judas Iscariote, el apóstol traidor, que le vendió, denunciándole en Getsemaní con un beso (Mt 26,47-50); Jn 18,2-9). Su descrédito es aumentado por Jn denunciando irregularidades en su administración, hasta llegar a la traición final, la entrega de Jesús, el arrepentimiento posterior, la devolución del precio de su traición y el suicidio. Todo ello parece la adaptación de una leyenda, pues en Ac 1,18 se narra otra historia distinta, según la cual el propio Judas habría empleado dicho dinero en comprar un terreno, aunque también aquí se remata la historia castigándolo con una muerte violenta. Sería substituido por Matías, Act 1,23-26, para mantener el místico número de 12.

Terminemos con una breve nota: ¿Es “apóstol” lo mismo que “discípulo”? Estamos hablando en sentido evangélico, donde son identificados ambos conceptos. Sin embargo, en ocasiones se habla de otro grupo mayor, al que se aplicaba por antonomasia el segundo calificativo. Constaba de setenta miembros, que seguían continuamente a Jesús (Mc 2,15; Lc 7,11; Jn 2,2-17-22). El número de setenta es mencionado explícitamente en Lc 10,1-17 (en la Vulgata se habla de 72, múltiplo de 12 y por tanto otra vez número místico). ¿Son los mismos? ¿Se recogen aquí dos fuentes de tradiciones distintas? El tema sigue abierto a discusión e interpretación.

 

                                                                                    JMAiO, BCN, feb 08