NUESTROS ENTRAÑABLES REYES MAGOS

 

Acabamos de vivir una de las tradiciones más arraigadas en España, la conmemoración de la llegada de los Reyes Magos, con sus espuertas llenas de juguetes para los niños buenos. Se supone que con ello evocamos la adoración del Niño Jesús por estos personajes.

Es ciertamente imponente la cantidad de precisiones acumuladas nuestros simpáticos personajes: son tres, sus nombres son Melchor, Gaspar y Baltasar, el primero es de edad avanzada y pelo cano, el segundo joven y de raza negra, el tercero rubio, y ofrecen al Niño Dios sus presentes: oro, incienso, mirra.

Sin embargo, si nos tomamos el trabajo de consultar el Evangelio de San Mateo (2,1), único que habla de ellos, allí se dice textualmente:

 

...he aquí que unos magos venidos de las regiones orientales llegaron a Jerusalén.

 

Y, más adelante (2,11):

 

...y postrándose en tierra le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes, oro, incienso y mirra.

 

Es decir, se trataba de "unos magos". No tres, ni reyes. Y nada, por supuesto, de sus nombres. ¿De dónde ha surgido todo el alud de referencias concretas posteriores sobre ellos? De la tradición, no hay duda. Y en algunos casos es posible rastrear ésta para analizar el momento en que se forma. Vamos a ir por partes.

¿Por qué tres? En algunas representaciones de los primeros tiempos aparecen dos,  cuatro, seis y hasta quince. Parece que a partir del siglo VII el número fue fijándose paulatinamente en tres, número muy encajado con los tres presentes que cita el texto de Mateo. Pero otras culturas no tan interesadas en ellos como la nuestra siguen manteniendo otras precisiones: en la catedral de Colonia se conserva todavía la llamada popularmente "tumba de los cuatro Reyes Magos" (en realidad, tres; el cuarto personaje es un paje): se trata de unos restos humanos que en el siglo XII aparecieron en Milán.

¿Por qué reyes? Según hemos visto, lo que se dice en Mt 2,3 es que eran "magos". Según Heródoto, los magos procedían de una tribu de la Media, revestida en la religión persa de funciones sacerdotales. Por ello el nombre era aplicado también a los que ejercían una ciencia o un poder secreto. Entre los griegos, el nombre acabó identificándose con los practicantes de la astrología, y de ahí, con los hechiceros. Es posible que la tradición les fuera añadiendo el título de reyes para materializar en ellos una profecía contenida en los Salmos (72,10-11), que se refiere al Mesías:

 

Los monarcas de Tarsis y las Islas

ofrecerán tributo;

los monarcas de Seba y de Sabá

presentarán regalos.

Y a él habrán de adorar todos los reyes

todas las gentes de han de servir.

 

¿Por qué sus nombres? Melchor es de origen hebreo (Malki-or, "rey de la luz"), Gaspar es sirio (Gushnassaph) o persa (Kansbar, "administrador del tesoro") y Baltasar asirio ("Que el dios Baal proteja al rey"). Pero otras culturas utilizan nombres muy distintos. Por ejemplo, en Siria eran Kagpha, Badilma y Badadakharida. En Grecia, Apellicon, Amerin y Damascon. En lengua hebrea, Magalath, Galgalath y Serakin. En la etiópica, Ator, Sater y Paratoras. Y hasta doce nombres aparecen entre los armenios, a tenor del número válido para ellos.

No existe unanimidad en la atribución del nombre de cada uno. De hecho, la primera representación de ellos aparece en la iglesia de San Apolinar Nuevo, en Rávena (Italia). Allí aparecen vestidos a la moda persa, y con rótulos expresivos de sus nombres. Tampoco es unánime la atribución de los rasgos de cada uno. Así, el personaje de la izquierda, Baltasar, con barba negra, ha sido transformado a veces en raza negra.

¿De dónde procedían? En eso sí da precisiones Mateo: "de Oriente". Sin embargo, hacia el s. VII Beda el Venerable intentó representar en ellos a todo el mundo, para el cabal cumplimiento de la profecía antedicha en los Salmos, y los asoció con cada uno de los tres continentes conocidos entonces: Europa, Asia y Africa.

Los Reyes Magos son un vivo ejemplo de cómo la ficción se sobrepone a la realidad y la vence. No dejemos que la prosaica realidad debilite la fe de los niños en ellos. ¡Vivan los Reyes Magos, sean los que sean y se llamen como se llamen!

 

JMAiO, ene 96