EL MITO DE ISIS

Comentarios de Manuel Icardo

 

Introducción.

El título que he dado a estas notas ha sido el más atrayente posible dentro del tema más general que voy a comentar, pues no será exclusivamente sobre Isis, sino sobre la Diosa Madre, que ha sido el mito más extendido en el mundo desde los albores de la humanidad hasta época reciente.

Hay gran número de escritos y no es fácil hacer un resumen aceptable por sus contradicciones y fabulación y por este breve espacio. Pero he podido entender que existen tres épocas del mito. En primer lugar está la Gran Madre, origen de todas las cosas de la naturaleza, sería la Isis primitiva que todavía no se llama Isis  pero cuyo concepto y atributos ha estado extendido por todo el mundo. La segunda etapa es la Isis auténtica, la diosa de los antiguos egipcios, con similares atributos que la anterior, pero de momento restringida a ese territorio. Y hay una tercera etapa que sería la Isis moderna, mixtificación del concepto y de los atributos de la anterior, con numerosas connotaciones esotéricas, extendida también por todo el mundo.

 

La Isis primitiva o Gran Madre.

Es muy difícil fijar en que momento histórico, o protohistórico (ya que no existía escritura en ninguna de sus formas), apareció la idea de una Madre responsable de la generación, fertilidad, nutrición y protección para el Homo sapiens sapiens, cualidades que, en particular las dos primeras, solo pueden ser pensadas para una mujer, no para un hombre. Quizá no sea exagerado pensar en hace 40.000 o 50.000 años, posiblemente coetánea  de las más primitivas pinturas rupestres. Una de las cualidades que hemos dado a las deidades, seres superiores al hombre, ha sido la de su carácter protector, no es de extrañar que esta Madre fuera considerada como diosa una vez que se pensó en su carácter protector de la fertilidad y las cosechas, y esta deificación ocurriría a la vez o muy poco después de tener este concepto. Incluso para Durkheim la religión no solo precedió a los rituales sino que fue su causa.

Otros conceptos como la creencia en alguna forma de inmortalidad, o de continuar la vida en algún otro lugar ya es mejor conocida a través de los enterramientos de nuestros primos, el Homo Neanderthalensis. Hay dataciones seguras de hace 100.000 años, aunque el uso generalizado no se ha apreciado hasta hace 12.000 años, ya en nuestros antepasados, el hombre moderno arcaico. Enterramientos que se fueron complicando o perfeccionando. Normalmente se enterraban los muertos en la posición fetal, en una tumba ovalada, simulando un útero, posiblemente con el simbolismo de llevarle al lugar de donde había partido. Era frecuente que se decapitara al cadáver, aun en un tiempo muy posterior, lo que se ha dado en llamar el “culto al cráneo”. Cráneo que normalmente se pintaba y se guardaba en un sitio preeminente de la casa, y con granos de cereal; el objetivo era que así el muerto velaba por los habitantes de la casa y por las cosechas. He mencionado los enterramientos porque la forma de realizarlos son demostrativos de un sentir religioso.

La arqueología nos proporciona también detalles de estatuas muy burdas pero de mujer, por la exageración de sus atributos femeninos. Son las llamadas Venus paleolíticas (solo de unos pocos centímetros de altura) y resulta muy difícil explicar que se hacían solo por amor al arte y no por su sentido religioso. La idea queda apoyada por las tradiciones que han subsistido en todos los países, y la similitud de los símbolos en las cuatro esquinas del mundo, como la media luna, el cuerno, el pez, el huevo, etc..  Estas estatuillas de mujeres o alguna de sus partes femeninas se han encontrado ya en el período Auriñaciense (30.000 a 27.000 a. C.), y sobre todo en el Magdaleniense (15.000 a 8.500 a. C.). Así tenemos la famosa Venus de Willendorf o Diosa Grávida, de hace 25.000 años, con los atributos de su gravidez muy marcados, o la Venus de Grimaldi o Polichinela, de hace 20.000 años, también grávida. Hasta las encontradas en el 5.000 a. C. tienen como factor común senos y nalgas muy desarrollados y muy marcado el triángulo pubiano. Más cercanos y por tanto más conocidos están los Demetrioi, o muertos pertenecientes a Démeter, simbolizados con semillas y protegidos bajo el poder regenerador de la diosa Madre Tierra de los griegos: o sea Démeter.

La humanidad prehistórica no podía explicarse los mecanismos biológicos de la vida, pero sí observar y correlacionar los hechos de su entorno, ya que de ello dependía su supervivencia. En los colectivos siempre hay individuos más listillos, más observadores, que daban contestación a muchas de estas preguntas fundamentales sobre la vida, son el brujo o el chaman (siempre aparece el sacerdote para este negocio aunque sea una protorreligión). No es raro pensar que atribuyeran a un elemento femenino el origen de esa vida ¿no son las hembras humanas y de los animales las que generan primero, y nutren después, a los nuevos seres?. De aquí saldría la Diosa Madre, generadora de todas las cosas de la naturaleza. Naturalmente que sería objeto de un culto, de unos ritos que, por su origen posiblemente no serían muy distintos de unos lugares a otros (como no lo han sido los enterramientos de los que si se tiene huella, realizados por poblaciones separadas miles de kilómetros sin comunicación entre sí). Pero evidencia histórica, escrita, no se tiene. Hay que pensar, con bastante lógica, que se producirían actos de adoración en el principio de los cambios de estaciones, para hacer más propicios los elementos climáticos y la benevolencia de la Madre, y que para atraerse esta benevolencia le ofrecieran sus mejores frutos y testificaran su confianza con lo único que sabían hacer: sus danzas y canciones, y las procesiones rituales. Muchos  eruditos se apoyan, en que no excesivamente después de esta noche de la historia, ya se han encontrado testimonios escritos sobre el tema, y también lo han seguido haciendo las tribus primitivas que viven en la actualidad (aquí no estoy muy de acuerdo porque si el resto de la humanidad ha cambiado ¿por qué estos pueblos, que hemos llamado primitivos y tomado como modelos de nuestros ancestros, sin embargo no han cambiado y siguen haciendo lo que hacían sus antiquísimos antepasados?). Lo que si es posible es que se ayudaran de la magia, imitativa u homeopática: las mismas causas producirán los mismos efectos, y el mago trataría de producir las mismas situaciones que ya había visto y conocía con anterioridad. Era el listillo del grupo o tribu, cuando veía propicia la situación, quien decía cuando había que hacer los ritos, para asegurarse de paso el éxito personal.

Quien tiene el control de la producción y de la distribución de alimentos es quien tiene el poder. En la época paleolítica, durante milenios, la mujer controlaba la producción y distribución de alimentos vegetales. La caza era tarea de los hombres, pero era un negocio menos seguro, se podía cazar o no, en cambio la recolección era más segura. El poder estaba en la mujer, quizá este punto de vista explique también por qué la diosa que proporcionaba la fertilidad de los campos era mujer. Fue en el neolítico, cuando se asentaron las poblaciones y comenzó la agricultura, el proveedor era el hombre: bien pescador, ganadero o agricultor, entonces empezó a aparecer en las creencias un joven amante de la diosa, personaje itifálico condenado a morir anualmente por simbolizar la vegetación, del cual existen figurillas junto con la diosa datadas en el IV y V milenio a. C.. Junto a este joven, que podría simbolizar la primavera, también existen representaciones de una divinidad masculina, un viejo que podría simbolizar la estación invernal. Estos personajes secundarios fueron tomando auge y surgieron multitud de dioses a los que se fue dando cada vez más importancia en la mitología de los distintos pueblos, hasta llegar a la situación actual, en la que se da una personalidad masculina a todos los dioses principales modernos (Yahvé, Ala, Jesús). ¡Y no deja de ser sorprendente y paradójico que con la mente moderna y el desarrollo teológico de las doctrinas, se siga dando a Dios un carácter masculino, o lo mismo si se le diera femenino, siendo un espíritu puro y por tanto sin sexo!.

 

La Isis egipcia.

En su comienzo, según lo conocido, fue una pequeña divinidad del  pueblo de Bouto en el delta del Nilo. El incremento de su categoría como diosa la llevó a un espléndido apogeo que culminó durante el Imperio Nuevo hacia los años 1.550 a 1.100 a. C. Las referencias obligadas sobre sus atributos y forma de adoración son las del historiógrafo más cercano en su tiempo, es decir, Plutarco de Queronea, referencia de todos los autores posteriores.

Según la creencia egipcia, Isis era hija de Seb, dios de la tierra, y de Nut, diosa del firmamento (personajes equivalentes a Cronos y Rhea, y estas equivalencias con los dioses griegos y latinos son en gran parte la causa  de la confusión de su estudio). Esta unión tuvo, además de Isis a otros hijos: Nefitis, Horus el Viejo, Osiris y Set. Según la tradición  egipcia, Isis antes de nacer se desposó con su hermano Osiris. Y también engendró, antes de nacer, sin concurso masculino, a su hijo Horus, dios del sol (el Apolo griego). ¡Evidentemente una mujer muy adelantada, pero claro era diosa!

Hasta aquí Isis era diosa del delta, y Osiris del Nilo. Pero los sacerdotes no estaban satisfechos (¡quienes otros iban a ser si querían mantener su negocio!) y los implicaron en un drama místico haciéndolos responsables de la formación y el orden del universo. No ha de extrañarnos porque todas las religiones para dar más categoría a sus personajes importantes, los van subiendo y subiendo de categoría. Ahí tenemos a Mahoma, a Moisés, y al mismo Jesús que además de ser un hombre excepcional y profeta, le subieron en el concilio de Constantinopla en el año 325, a ser mismamente Dios, una de sus Personas. Aunque hay que reconocer que tardaron bastante en darse cuenta, nada menos que 325 años.

Quedó Isis como reina de la bóveda celeste y del orden de los astros, y directora de la sucesión de los días y las noches, y de las estaciones. Por eso era costumbre representar estrellas o una luna, precisamente creciente, cerca de su cabeza. Tenía consagrada la estrella Sothis (hoy Sirio). Le atribuían el signo Virgo del zodiaco, por engendrar sin varón (hay correspondencia con la Virgen católica). Como señora del cielo la representaban con frecuencia como una vaca cuyo vientre era el firmamento poblado de estrellas, gravitando sobre dos pilares. Sus símbolos eran espigas de trigo, cápsulas de adormidera, serpientes (concretamente el áspid) y el sistro. Y como diosa de la agricultura, el cuerno de la abundancia. Pero esto acabó siendo poco, incluso enseñó al hombre a escribir, cultivar el trigo, e instituyó las leyes. Está vigilante en el mundo subterráneo de los muertos, y los sepulcros están bajo su protección.

Como diosa de la fertilidad en sus templos se celebraban orgías sagradas, ya que el acto sexual era un acto religioso, con finalidad religiosa., y muchas mujeres se entregaban a extranjeros, en principio no por placer carnal, sino como una obligación religiosa hacia la diosa madre, al menos una vez al año.

Otro atributo importante es como protectora de la navegación con el epíteto de Pelagia, su efigie se colocó en la isla de Pharia en Alejandría y desde aquí se propagó su culto por el Mediterráneo, aunque su culto en Asia Menor, Grecia y Sicilia data del S. VII a. C. En el mes de marzo se celebraba la gran fiesta de la Nave de Isis como reina del mar para desear el éxito de la navegación. Para ello se construía artísticamente un barco con las mejores maderas y se le adornaba, después se consagraba con huevos y con azufre, la purificación se hacía con una antorcha encendida; la vela del barco era de color blanco con grandes caracteres que expresaban los votos para que ese año se reanudara felizmente la navegación, después se abandonaba el barco a merced de los vientos (aunque alguien se encargaría de encontrarle). Estos ritos llegaron a celebrarse en la época postrera incluso en Roma, donde su culto se implantó muy fuertemente.

Isis y Osiris fueron los dioses principales de la mitología egipcia y todas las otras divinidades eran atributos de ambos, como el mismo Ra, dios del sol, padre de los faraones era una emanación de Osiris, y no olvidemos a Amón, también simbolizando al sol y que terminó adorándosele como Amón-Ra, y ya hemos hablado de Horus, hijo de Isis que simbolizaba el sol naciente. No debemos de extrañarnos de las complicaciones que la mente de los sacerdotes egipcios pudieron realizar para mantener en auge su negocio ¡pues dispusieron nada menos que de 3.000 años!.

 

La Isis post-egipcia.

Como ya he indicado, desde Alejandría se extendió por todo el mundo, y comienza ahora su andadura esotérica. Ya entrados en los primeros siglos de nuestra era cristiana, la lejanía del personaje permite hacer todas las interpretaciones que se deseen, su recuerdo y culto persistió hasta finales de la Ilustración a pesar de su pretendido racionalismo, ¿y habría de pensarse que surgieron por solo espíritu religioso sin ningún fin de intereses?.

Siempre asimilada a la naturaleza pero dependiendo del país y su religión  se la conoce por muchos nombres y asociaciones: como Ceres, Démeter, Diana, Io, Juno, Minerva, Proserpina, la Luna, Tetis, Istar, Astarté, la Virgen María, etc. El templo dedicado a Isis se llamaba en latín Iseum, y era el nombre con que se le conocía en todo el mundo..

No podían faltar fábulas sobre el origen de su nombre, y lo menciono aquí porque se hicieron estas interpretaciones en esta época posterior. Isis tiene dos sílabas is-is, que pronunciadas separadas semejan el silbido o soplo del fuego al apagarse (el del hierro candente al introducirle en agua). Fonéticamente hay una sucesión de nombres de dioses en distintas lenguas que son: Isis, Eses, Esos, Hesus y Jesús. De hecho los celtas no distinguían los misterios de Isis de los de Jesús.

Para dar una idea de las influencias que produjo voy a dar unos ejemplos. Calígula construyó en el Campo de Marte el gran templo de Isis campensis al que se llegaba por una avenida flanqueada por cinocéfalos y esfinges. Domiciano erigió su Iseum en la colina del Quirinal. Caracalla integró el culto a Isis en la religión del estado. La Mensa isíaca es una famosa lápida de 1,28 x 0,75 m., de bronce nielado de plata, descubierta en Roma en 1525, robada por los soldados de Carlos V en 1527 y vendida al cardenal Bembo, heredada por el duque de Mantua, cuya casa la conservó hasta 1630, y en la actualidad está en el museo de Turín.

Su culto estuvo muy extendido por las Galias, era adorada por los reyes francos hasta Childerico, pues el siguiente rey, Clodoveo, se hizo cristiano. Como protegía a la navegación se erigían sus templos en una isla o en las proximidades del mar o de los ríos. Los druidas habitaron la antigua Lutecia, hoy París, que estaba reducida a la isla del Sena, y tenían un templo de Isis que fue derruido posteriormente para construir Nôtre Dame. El nombre de Paris tiene varias historias. Puede venir de Parisius que quiere decir quasi par Iseos. También, París tenía una rivalidad fuerte con la ciudad de Melun, muy importante entonces, que se llamó Is, así par Is significaba que era casi Is, es decir, casi Melun. Hay incluso referencias a que el nombre de la nave de los festejos de Isis era Baris, que por la pronunciación fuerte de los francos se transformó en Paris. La ciudad fue designada capital de las Galias por Juliano debido a lo arraigado del culto a Isis Faria en la zona, y de la cual era devoto. En el pórtico norte de Nôtre Dame están los 12 signos del zodiaco, pero el de Virgo está en el centro, fuera de su orden, y está representado por una mujer con un niño en brazos, pisando una serpiente; Dupuis da la explicación de que el lugar preeminente es por tratarse conjuntamente de la Señora del lugar y también de la diosa del templo primitivo.

Una estatua de Isis estuvo en Saint-Germain-des-Prés hasta el año 1514 que fue destruida por Briçonnet porque un fraile denunció haber encontrado a una mujer de rodillas ofreciéndole un ramo de flores. El escudo de París representaba una nave con Isis en la proa y una estrella en la popa, fue aprobado por Napoleón, pero el Gobierno provisional la suprimió en 1814 porque quería borrar toda la simbología que pudiera recordar a Napoleón.

Es frecuente encontrar imágenes de Isis con el cuerpo hasta los pies cubierto de senos, pues por tratarse de la fecundidad de la naturaleza es la forma más sugerente de indicar que puede amamantar a todos.

En Alemania, Diodoro indica que los suevos adoraban a Isis con el nombre de Cisa, la ciudad de Augsburgo tenía un templo en su honor y realizaban fiestas el cuarto día de las calendas de octubre, duró hasta el siglo XVI, y aun hoy las fiestas de la ciudad se celebran en esos días. El abad Rudolf en el S. XII cuenta la ceremonia de los tejedores de lino de Linden en Sajonia: con permiso de los magistrados cortaban madera del bosque y construían una nave sobre ruedas, con velas blancas, que llevaban en procesión desde Linden a Aquisgrán, Utrech, y Tongeres con mujeres danzando alrededor semidesnudas, y este culto persistió hasta el S. XVII. Los masones tomaron muchos símbolos de Egipto, por ejemplo, la túnica blanca de los sacerdotes de Isis, y lo transformaron en un mandil blanco. La opera de Mozart, “La flauta mágica” es claramente masónica, y narra el combate de la noche encarnada por la Reina de la Noche y la luz encarnada en Sarastro, gran sacerdote del sol, los coros con frecuencia invocan a Isis y a Osiris, y esto es del 1791. Poco después Federico Guillermo II de Prusia, francmasón, construyó en Postdam un jardín con una pirámide, un obelisco, esfinges, un canope y dos Isis con múltiples pechos. Schiller escribió el poema “La imagen velada de Sais” inspirado en Plutarco, en el que un hombre muere por intentar arrebatarle el velo a Isis en su propio templo.

 

Conclusión.

Podrían seguirse haciendo comparaciones de costumbres y usos que derivan del culto a Isis por multitud de lugares, pero sería cansaros, porque estos van no solo del sur al norte de Europa, y del este al oeste adentrándose en el cercano Oriente, sino que podríamos extenderlo por la India y la China, sin olvidarnos de América ni de la utilización de sus misterios y símbolos en las catedrales cristianas.

Pero si nos extendemos a estas remotas tierras (remotas para los europeos) llegamos a la conclusión de que la cultura del antiguo Egipto ha tenido tanta influencia posiblemente como la greco-romana, pero no tan buena prensa y se la ha despreciado y considerado como una cultura antigua y primitiva, como un objeto de curiosidad, como un culto a una cierta divinidad llamada Isis. Quizá esto sea labor de otra sesión: Isis por India, China y América.