Comentarios de
Introducción.
El título que he dado a estas notas ha sido el más
atrayente posible dentro del tema más general que voy a comentar, pues no será
exclusivamente sobre Isis, sino sobre la Diosa
Madre, que ha sido el mito más extendido en el mundo desde los albores de la
humanidad hasta época reciente.
Hay gran número de escritos y no es fácil hacer un
resumen aceptable por sus contradicciones y fabulación y por este breve
espacio. Pero he podido entender que existen tres épocas del mito. En primer
lugar está la Gran Madre, origen de todas las cosas de la naturaleza, sería la Isis primitiva que todavía no se llama Isis pero
cuyo concepto y atributos ha estado extendido por todo el mundo. La segunda
etapa es la Isis auténtica, la diosa de los
antiguos egipcios, con similares atributos que la anterior, pero de momento
restringida a ese territorio. Y hay una tercera etapa que sería la Isis moderna, mixtificación del concepto y de los
atributos de la anterior, con numerosas connotaciones esotéricas, extendida
también por todo el mundo.
La Isis primitiva o Gran
Madre.
Es muy difícil fijar en que momento histórico, o
protohistórico (ya que no existía escritura en ninguna de sus formas), apareció
la idea de una Madre responsable de la generación, fertilidad, nutrición y
protección para el Homo sapiens sapiens, cualidades que, en particular las dos
primeras, solo pueden ser pensadas para una mujer, no para un hombre. Quizá no
sea exagerado pensar en hace 40.000 o 50.000 años, posiblemente coetánea de las más primitivas pinturas rupestres. Una
de las cualidades que hemos dado a las deidades, seres superiores al hombre, ha
sido la de su carácter protector, no es de extrañar que esta Madre fuera
considerada como diosa una vez que se pensó en su carácter protector de la
fertilidad y las cosechas, y esta deificación ocurriría a la vez o muy poco
después de tener este concepto. Incluso para Durkheim
la religión no solo precedió a los rituales sino que fue su causa.
Otros conceptos como la creencia en alguna forma de
inmortalidad, o de continuar la vida en algún otro lugar ya es mejor conocida a
través de los enterramientos de nuestros primos, el Homo Neanderthalensis.
Hay dataciones seguras de hace 100.000 años, aunque el uso generalizado no se
ha apreciado hasta hace 12.000 años, ya en nuestros antepasados, el hombre
moderno arcaico. Enterramientos que se fueron complicando o perfeccionando.
Normalmente se enterraban los muertos en la posición fetal, en una tumba
ovalada, simulando un útero, posiblemente con el simbolismo de llevarle al
lugar de donde había partido. Era frecuente que se decapitara al cadáver, aun
en un tiempo muy posterior, lo que se ha dado en llamar el “culto al cráneo”.
Cráneo que normalmente se pintaba y se guardaba en un sitio preeminente de la
casa, y con granos de cereal; el objetivo era que así el muerto velaba por los
habitantes de la casa y por las cosechas. He mencionado los enterramientos
porque la forma de realizarlos son demostrativos de un sentir religioso.
La arqueología nos proporciona también detalles de
estatuas muy burdas pero de mujer, por la exageración de sus atributos
femeninos. Son las llamadas Venus paleolíticas (solo de unos pocos
centímetros de altura) y resulta muy difícil explicar que se hacían solo por
amor al arte y no por su sentido religioso. La idea queda apoyada por las
tradiciones que han subsistido en todos los países, y la similitud de los
símbolos en las cuatro esquinas del mundo, como la media luna, el cuerno, el
pez, el huevo, etc..
Estas estatuillas de mujeres o alguna de sus partes femeninas se han
encontrado ya en el período Auriñaciense (30.000 a
27.000 a. C.), y sobre todo en el Magdaleniense (15.000 a 8.500 a. C.). Así
tenemos la famosa Venus de Willendorf o Diosa
Grávida, de hace 25.000 años, con los atributos de su gravidez muy marcados, o
la Venus de Grimaldi o Polichinela, de hace 20.000 años, también
grávida. Hasta las encontradas en el 5.000 a. C. tienen como factor común senos
y nalgas muy desarrollados y muy marcado el triángulo pubiano. Más cercanos y
por tanto más conocidos están los Demetrioi, o
muertos pertenecientes a Démeter, simbolizados con
semillas y protegidos bajo el poder regenerador de la diosa Madre Tierra de los
griegos: o sea Démeter.
La humanidad prehistórica no podía explicarse los
mecanismos biológicos de la vida, pero sí observar y correlacionar los hechos
de su entorno, ya que de ello dependía su supervivencia. En los colectivos
siempre hay individuos más listillos, más observadores, que daban contestación
a muchas de estas preguntas fundamentales sobre la vida, son el brujo o el
chaman (siempre aparece el sacerdote para este negocio aunque sea una protorreligión). No es raro pensar que atribuyeran a un
elemento femenino el origen de esa vida ¿no son las hembras humanas y de los
animales las que generan primero, y nutren después, a los nuevos seres?. De aquí saldría la Diosa Madre, generadora de
todas las cosas de la naturaleza. Naturalmente que sería objeto de un culto, de
unos ritos que, por su origen posiblemente no serían muy distintos de unos
lugares a otros (como no lo han sido los enterramientos de los que si se tiene
huella, realizados por poblaciones separadas miles de kilómetros sin
comunicación entre sí). Pero evidencia histórica, escrita, no se tiene. Hay que
pensar, con bastante lógica, que se producirían actos de adoración en el
principio de los cambios de estaciones, para hacer más propicios los elementos
climáticos y la benevolencia de la Madre, y que para atraerse esta
benevolencia le ofrecieran sus mejores frutos y testificaran su confianza con
lo único que sabían hacer: sus danzas y canciones, y las procesiones rituales.
Muchos eruditos se apoyan, en que no
excesivamente después de esta noche de la historia, ya se han encontrado testimonios
escritos sobre el tema, y también lo han seguido haciendo las tribus primitivas
que viven en la actualidad (aquí no estoy muy de acuerdo porque si el resto de
la humanidad ha cambiado ¿por qué estos pueblos, que hemos llamado primitivos y
tomado como modelos de nuestros ancestros, sin embargo no han cambiado y siguen
haciendo lo que hacían sus antiquísimos antepasados?). Lo que si es posible es
que se ayudaran de la magia, imitativa u homeopática: las mismas causas
producirán los mismos efectos, y el mago trataría de producir las mismas
situaciones que ya había visto y conocía con anterioridad. Era el listillo del
grupo o tribu, cuando veía propicia la situación, quien decía cuando había que
hacer los ritos, para asegurarse de paso el éxito personal.
Quien tiene el control de la producción y de la
distribución de alimentos es quien tiene el poder. En la época paleolítica,
durante milenios, la mujer controlaba la producción y distribución de alimentos
vegetales. La caza era tarea de los hombres, pero era un negocio menos seguro,
se podía cazar o no, en cambio la recolección era más segura. El poder estaba
en la mujer, quizá este punto de vista explique también por qué la diosa que
proporcionaba la fertilidad de los campos era mujer. Fue en el neolítico,
cuando se asentaron las poblaciones y comenzó la agricultura, el proveedor era
el hombre: bien pescador, ganadero o agricultor, entonces empezó a aparecer en
las creencias un joven amante de la diosa, personaje itifálico
condenado a morir anualmente por simbolizar la vegetación, del cual existen
figurillas junto con la diosa datadas en el IV y V milenio a. C.. Junto a este joven, que podría simbolizar la primavera,
también existen representaciones de una divinidad masculina, un viejo que
podría simbolizar la estación invernal. Estos personajes secundarios fueron
tomando auge y surgieron multitud de dioses a los que se fue dando cada vez más
importancia en la mitología de los distintos pueblos, hasta llegar a la
situación actual, en la que se da una personalidad masculina a todos los dioses
principales modernos (Yahvé, Ala, Jesús). ¡Y no deja de ser sorprendente y
paradójico que con la mente moderna y el desarrollo teológico de las doctrinas,
se siga dando a Dios un carácter masculino, o lo mismo si se le diera femenino,
siendo un espíritu puro y por tanto sin sexo!.
La Isis egipcia.
En su comienzo, según lo conocido, fue una pequeña
divinidad del pueblo de Bouto en el delta del Nilo. El
incremento de su categoría como diosa la llevó a un espléndido apogeo que
culminó durante el Imperio Nuevo hacia los años 1.550 a 1.100 a. C. Las
referencias obligadas sobre sus atributos y forma de adoración son las del
historiógrafo más cercano en su tiempo, es decir, Plutarco de Queronea, referencia de todos los autores posteriores.
Según la creencia egipcia, Isis
era hija de Seb, dios de la tierra, y de Nut, diosa del firmamento (personajes equivalentes a Cronos
y Rhea, y estas equivalencias con los dioses griegos
y latinos son en gran parte la causa de
la confusión de su estudio). Esta unión tuvo, además de Isis
a otros hijos: Nefitis, Horus
el Viejo, Osiris y Set.
Según la tradición egipcia, Isis antes de nacer se desposó con su hermano Osiris. Y también engendró, antes de nacer, sin concurso
masculino, a su hijo Horus, dios del sol (el Apolo
griego). ¡Evidentemente una mujer muy adelantada, pero claro era diosa!
Hasta aquí Isis era
diosa del delta, y Osiris del Nilo.
Pero los sacerdotes no estaban satisfechos (¡quienes otros iban a ser si
querían mantener su negocio!) y los implicaron en un drama místico haciéndolos
responsables de la formación y el orden del universo. No ha de extrañarnos
porque todas las religiones para dar más categoría a sus personajes
importantes, los van subiendo y subiendo de categoría. Ahí tenemos a Mahoma, a
Moisés, y al mismo Jesús que además de ser un hombre excepcional y profeta, le
subieron en el concilio de Constantinopla en el año 325, a ser mismamente Dios,
una de sus Personas. Aunque hay que reconocer que tardaron bastante en darse cuenta,
nada menos que 325 años.
Quedó Isis como reina
de la bóveda celeste y del orden de los astros, y directora de la sucesión de
los días y las noches, y de las estaciones. Por eso era costumbre representar
estrellas o una luna, precisamente creciente, cerca de su cabeza. Tenía
consagrada la estrella Sothis (hoy Sirio). Le
atribuían el signo Virgo del zodiaco, por engendrar sin varón (hay
correspondencia con la Virgen católica). Como señora del cielo la representaban
con frecuencia como una vaca cuyo vientre era el firmamento poblado de
estrellas, gravitando sobre dos pilares. Sus símbolos eran espigas de trigo,
cápsulas de adormidera, serpientes (concretamente el áspid) y el sistro. Y como
diosa de la agricultura, el cuerno de la abundancia. Pero esto acabó siendo
poco, incluso enseñó al hombre a escribir, cultivar el trigo, e instituyó las
leyes. Está vigilante en el mundo subterráneo de los muertos, y los sepulcros
están bajo su protección.
Como diosa de la fertilidad en sus templos se
celebraban orgías sagradas, ya que el acto sexual era un acto religioso, con
finalidad religiosa., y muchas mujeres se entregaban a extranjeros, en
principio no por placer carnal, sino como una obligación religiosa hacia la
diosa madre, al menos una vez al año.
Otro atributo importante es como protectora de la
navegación con el epíteto de Pelagia, su efigie se
colocó en la isla de Pharia en Alejandría y desde
aquí se propagó su culto por el Mediterráneo, aunque su culto en Asia Menor,
Grecia y Sicilia data del S. VII a. C. En el mes de
marzo se celebraba la gran fiesta de la Nave de Isis
como reina del mar para desear el éxito de la navegación. Para ello se
construía artísticamente un barco con las mejores maderas y se le adornaba,
después se consagraba con huevos y con azufre, la purificación se hacía con una
antorcha encendida; la vela del barco era de color blanco con grandes
caracteres que expresaban los votos para que ese año se reanudara felizmente la
navegación, después se abandonaba el barco a merced de los vientos (aunque
alguien se encargaría de encontrarle). Estos ritos llegaron a celebrarse en la
época postrera incluso en Roma, donde su culto se implantó muy fuertemente.
Isis y Osiris fueron los dioses
principales de la mitología egipcia y todas las otras divinidades eran
atributos de ambos, como el mismo Ra, dios del sol,
padre de los faraones era una emanación de Osiris, y
no olvidemos a Amón, también simbolizando al sol y que terminó adorándosele
como Amón-Ra, y ya hemos hablado de Horus, hijo de Isis que simbolizaba
el sol naciente. No debemos de extrañarnos de las complicaciones que la mente
de los sacerdotes egipcios pudieron realizar para mantener en auge su negocio
¡pues dispusieron nada menos que de 3.000 años!.
La Isis post-egipcia.
Como ya he indicado, desde Alejandría se extendió por
todo el mundo, y comienza ahora su andadura esotérica. Ya entrados en los
primeros siglos de nuestra era cristiana, la lejanía del personaje permite
hacer todas las interpretaciones que se deseen, su recuerdo y culto persistió hasta
finales de la Ilustración a pesar de su pretendido racionalismo, ¿y habría de
pensarse que surgieron por solo espíritu religioso sin ningún fin de intereses?.
Siempre asimilada a la naturaleza pero dependiendo del
país y su religión se la conoce por
muchos nombres y asociaciones: como Ceres, Démeter,
Diana, Io, Juno, Minerva, Proserpina, la Luna, Tetis, Istar,
Astarté, la Virgen María, etc. El templo dedicado a Isis se llamaba en latín Iseum,
y era el nombre con que se le conocía en todo el mundo..
No podían faltar fábulas sobre el origen de su nombre,
y lo menciono aquí porque se hicieron estas interpretaciones en esta época
posterior. Isis tiene dos sílabas is-is, que
pronunciadas separadas semejan el silbido o soplo del fuego al apagarse (el del
hierro candente al introducirle en agua). Fonéticamente hay una sucesión de
nombres de dioses en distintas lenguas que son: Isis,
Eses, Esos, Hesus y Jesús. De hecho los celtas no
distinguían los misterios de Isis de los de
Jesús.
Para dar una idea de las influencias que produjo voy a
dar unos ejemplos. Calígula construyó en el Campo de
Marte el gran templo de Isis campensis al que se llegaba por una avenida flanqueada
por cinocéfalos y esfinges. Domiciano erigió su Iseum en la colina del Quirinal. Caracalla integró
el culto a Isis en la religión del
estado. La Mensa isíaca es una famosa
lápida de 1,28 x 0,75 m., de bronce nielado de plata, descubierta en Roma en
1525, robada por los soldados de
Su culto estuvo muy extendido por las Galias, era adorada por los reyes francos hasta Childerico, pues el siguiente rey, Clodoveo, se hizo
cristiano. Como protegía a la navegación se erigían sus templos en una isla o
en las proximidades del mar o de los ríos. Los druidas habitaron la antigua Lutecia, hoy París, que estaba reducida a la isla del Sena,
y tenían un templo de Isis que fue derruido
posteriormente para construir Nôtre Dame. El nombre
de Paris tiene varias historias. Puede venir de Parisius
que quiere decir quasi par Iseos.
También, París tenía una rivalidad fuerte con la ciudad de Melun,
muy importante entonces, que se llamó Is, así par Is significaba que era casi Is,
es decir, casi Melun. Hay incluso referencias a que
el nombre de la nave de los festejos de Isis era Baris, que por la pronunciación fuerte de los francos se
transformó en Paris. La ciudad fue designada capital de las Galias
por Juliano debido a lo arraigado del culto a Isis
Faria en la zona, y de la cual era devoto. En el pórtico norte de Nôtre Dame están los 12 signos del zodiaco, pero el de
Virgo está en el centro, fuera de su orden, y está representado por una mujer
con un niño en brazos, pisando una serpiente; Dupuis
da la explicación de que el lugar preeminente es por tratarse conjuntamente de
la Señora del lugar y también de la diosa del templo primitivo.
Una estatua de Isis
estuvo en Saint-Germain-des-Prés
hasta el año 1514 que fue destruida por Briçonnet
porque un fraile denunció haber encontrado a una mujer de rodillas ofreciéndole
un ramo de flores. El escudo de París representaba una nave con Isis en la proa y una estrella en la popa, fue aprobado por Napoleón, pero el Gobierno provisional la
suprimió en 1814 porque quería borrar toda la simbología que pudiera recordar a
Napoleón.
Es frecuente encontrar imágenes de Isis
con el cuerpo hasta los pies cubierto de senos, pues por tratarse de la
fecundidad de la naturaleza es la forma más sugerente de indicar que puede
amamantar a todos.
En Alemania, Diodoro indica
que los suevos adoraban a Isis con el nombre de Cisa, la ciudad de Augsburgo
tenía un templo en su honor y realizaban fiestas el cuarto día de las calendas
de octubre, duró hasta el siglo XVI, y aun hoy las fiestas de la ciudad se
celebran en esos días. El abad Rudolf en el S. XII
cuenta la ceremonia de los tejedores de lino de Linden en Sajonia: con permiso
de los magistrados cortaban madera del bosque y construían una nave sobre
ruedas, con velas blancas, que llevaban en procesión desde Linden a Aquisgrán, Utrech, y Tongeres con mujeres danzando alrededor semidesnudas, y
este culto persistió hasta el S. XVII. Los masones tomaron muchos símbolos de
Egipto, por ejemplo, la túnica blanca de los sacerdotes de Isis,
y lo transformaron en un mandil blanco. La opera de Mozart,
“La flauta mágica” es claramente masónica, y narra el combate de la noche
encarnada por la Reina de la Noche y la luz encarnada en Sarastro,
gran sacerdote del sol, los coros con frecuencia invocan a Isis
y a Osiris, y esto es del 1791. Poco después Federico
Guillermo II de Prusia, francmasón, construyó en Postdam
un jardín con una pirámide, un obelisco, esfinges, un canope y dos Isis con múltiples pechos. Schiller
escribió el poema “La imagen velada de Sais”
inspirado en Plutarco, en el que un hombre muere por intentar arrebatarle el
velo a Isis en su propio templo.
Conclusión.
Podrían seguirse haciendo comparaciones de costumbres
y usos que derivan del culto a Isis por
multitud de lugares, pero sería cansaros, porque estos van no solo del sur al
norte de Europa, y del este al oeste adentrándose en el cercano Oriente, sino
que podríamos extenderlo por la India y la China, sin olvidarnos de América ni
de la utilización de sus misterios y símbolos en las catedrales cristianas.
Pero si nos extendemos a estas remotas tierras
(remotas para los europeos) llegamos a la conclusión de que la cultura del
antiguo Egipto ha tenido tanta influencia posiblemente como la greco-romana,
pero no tan buena prensa y se la ha despreciado y considerado como una cultura
antigua y primitiva, como un objeto de curiosidad, como un culto a una cierta
divinidad llamada Isis. Quizá esto sea labor
de otra sesión: Isis por India, China y
América.