Midrash Hagádico
Leyendo el librito de Luis López de las Heras titulado “Cómo leer la Biblia” encuentro la extraña expresión de midrash hagádico que, según explica el autor, es un relato cuya base es un hecho histórico que se adorna notablemente con mucha imaginación para solaz del lector.
Al parecer el propio López de las Heras utiliza esta figura retórica en la siguiente explicación que copio tal cual de dicho librito:
¿Podría haber en la Biblia cábalas, es decir, lecciones en números, cosa del gusto de los orientales, aunque no del nuestro? Pienso que no debemos sorprendernos de ello, pues Dios ha condescendido con las formas de hablar de los hombres. Veamos una que puede chocarnos, pero que, al mismo tiempo, resuelve una dificultad importante. Más de un lector de la Biblia encontrará difícil que los patriarcas, no ya de la prehistoria, sino Abrahan, Isaac y Jacob hayan vivido tantos años como 175, 180 y 147. Las cifras parecen demasiado altas; pero para Dios no hay nada imposible, tanto mas que en alguna región del Cáucaso hoy mismo hay personas que pasan de los cien años tranquilamente. Sin embargo, la relación de esos números entre sí tiene toda una trastienda:
175 es igual a 7 por (5 por 5)
180 es igual a 5 por (6 por 6)
147 es igual a 3 por (7 por 7)
El número 7 es perfecto, como también el 5 y el 3, según ellos. La correlación de padre, hijo y nieto se puede percibir en el descenso de los primeros factores de dos en dos. Los segundos factores (duplicados), curiosamente, van ascendiendo de uno en uno, para volver al 7. Tal regularidad, de suyo, ya sorprende mucho, y lógicamente se pregunta uno: ¿será la edad de los patriarcas lo que se nos quiere enseñar aquí, o, más bien, querrá darnos una lección en números sobre la perfección de los patriarcas; una lección secreta, pues a primera vista no se ve? ¿No querrá decirnos que los tres patriarcas, en cierto modo eran iguales y perfectos? Sumemos los factores y nos habremos convencido de ello: la suma es 17 ¡las tres veces...!
Nota de JMAiO
Para mí, las peculiaridades de esos números demuestran precisamente que fueron inventados. Un ejemplo: Se dice que Bernardo de Claraval fundó a lo largo de su vida 343 monasterios. Pero 343 = 73 = 7 × 7 × 7. ¿Quién no recuerda lo de las “setenta veces siete” de la Biblia? Era tanto como decir “infinitas”. Por no hablar de los 480 años del éxodo contrapuestos a los 480 entre la construcción del primer templo y su reedificación… la Biblia está llena de simbolismos numéricos parecidos. Y no hay que olvidar las contradicciones. Así en Gen 11,10-26 se habla de diez patriarcas de edades desmesuradas, pero, por ejemplo, el más longevo de todos, Matusalem, en los Setenta y en el Talmud muere a los 969 años; en el Pentateuco samaritano, a los 720.
La Midrash es la explicación de los textos, concebida como
ilustración de los fieles. Dentro de ella, la hagádica lo hace mediante una
herencia de las técnicas gemátricas, que pretenden descubrir significados
ocultos en las palabras a través de su análisis numérico. Otro ejemplo: “Dios
es uno” se resume en la repetición de la palabra ejat, "uno" ya que su valor gemátrico es:
AChD = 1 + 8 + 4 = 13
Y, naturalmente, 2×13 = 26 = IHVH, o sea
Yahvé.
De todos modos, las edades de los patriarcas mencionados no son nada comparados con otros: Set (912), Enós (905), Quenán (910)…, números a los que difícilmente se hallará sentido gemátrico. Los analistas de mitos dicen que simbolizan grandes períodos de tiempo, que se concentran en una sola persona. Quizá, pero más sencillo es suponer que se trata de relatos poéticos, no menos que los de Zeus u Odín.
Comentarios de M.Nieto.
No perdamos de
vista que el propósito del Sr. L.L. de las H. es enseñarnos a leer
L.L. de las Heras pone como ejemplo las edades de Abraham, Isaac y Jacob, 175, 180 y 147 años, que parecen demasiado altas, aunque sugiere que tal vez no lo sean puesto que en alguna región del Cáucaso hay personas que pasan de los 100 años tranquilamente. Lo de tranquilamente no sé a qué viene; unos alcanzarán los 100 tranquilamente y otros, lo más probable, llenos de achaques. Tampoco es necesario ir al Cáucaso para encontrar longevos. Supongo que de las edades de Matusalén, Enós, Quenán y otros personajes bíblicos no dirá que parecen demasiado altas: lo son. No sé si por ello deberíamos aplicarles alguna cábala.
Luego, tal vez para llegar a la conclusión de que en la Biblia las cosas no se escriben a humo de pajas, L.L. de las H. empieza a indagar ocultas relaciones entre aquellas tres altas edades que, deduce, son altas porque encierran un mensaje cabalístico.
El análisis que hace se basa en la descomposición de las tres edades en factores primos 7, 5 y 3 que llama perfectos según ellos (¿Quiénes son ellos? ¿los cabalistas? No está claro). A continuación encuentra una regularidad en las series 7, 5, 3 y 5, 6, 7. Esas regularidades dice que de suyo sorprenden mucho. Luego se pregunta: ¿qué nos quiere enseñar la Biblia con estos peculiares números? ¿No querrá decirnos que los tres patriarcas en cierto modo eran iguales y perfectos?
Ante estos
interrogantes nos quedamos algo confusos y perplejos, pero hete aquí que si
sumamos los factores, las dudas se disipan ipso facto, incluso para los más
reticentes. La suma es 17 ¡las tres veces...!
Tras esta valiosa ayuda para saber leer la Biblia, estamos en condiciones de aclarar otros arcanos posiblemente ocultos tras las edades de Matusalén y otros.