SOBRE LA EXISTENCIA DEL MAL Y DEL BIEN.
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dos problemas planteados por
Los puntos de
vista sobre este tema se pueden reducir a dos, el del creyente y el del no
creyente. Otra cosa distinta son las reacciones o actitudes como resultado del
enjuiciamiento que se haya adoptado, que pueden ser muy diversas.
Para el no
creyente el tema es doloroso, terrible, pero a la vez simple: el mal y sus
secuelas, el dolor, el sufrimiento, están ahí sin que se sepa como evitarlo por
la humanidad. Si estuviéramos en el campo político la culpa sería del Gobierno.
Dentro del materialismo no creyente ¿a quién se va a echar la culpa?
Para el
creyente, aceptar el bien y el mal teniendo en cuenta que todo lo existente es
obra de Dios, se le pone la cosa más complicada. Y no es extraño que se levante
el ateísmo moral poniendo a Dios ante el juicio moral de las víctimas, porque
ellas no son ahora imparciales jueces, puesto que se creen inocentes desde el
punto de vista de la razón que ese mismo Dios les ha dado. Por eso quizá el
filósofo W. Post decía que la realidad del mal seguía siendo una provocación
para la reflexión filosófica y teológica. También el teólogo alemán W. Kasper
opina que el sufrimiento injusto vivido por personas inocentes es un argumento
existencialmente más fuerte contra la no creencia en un Dios que todos los
argumentos basados en la teoría del conocimiento, en las ciencias, en la
crítica de la religión o en cualquier tipo de razonamiento filosófico.
Para comenzar,
el punto de vista de una persona creyente convencida quizá pueda expresarse con
las palabras de S. Agustín: “El mal en la medida en que es mal, no es un bien;
pero el hecho de que exista el mal y el bien, es un bien. Pues si no fuera un
bien que existiera el mal, Dios omnipotente no permitiría su existencia”.
Encuentro dos afirmaciones gratuitas: que la existencia del mal y del bien es
un bien, y que si no fuera un bien que existiera el mal Dios no lo permitiría.
Pueden ser razones para un creyente pero no las creo irrefutables porque las
conclusiones se basan en dos premisas que son resultado de la creencia previa.
También le
valdrá al creyente la opinión del filósofo y matemático Leibniz. En su Teodicea
dice que Dios ha hecho el mejor de los mundos posibles, que no puede ser mejor
dentro de su finitud constitutiva, que los seres creados tienen que ser
imperfectos pues si no serían dioses. En esa imperfección radica la fuente del
mal y del error y explica tanto la capacidad de hacer el mal como de padecerlo
cuando es hecho por otros o por la naturaleza. Aquí se plantea que, sabiendo
Dios los problemas que iba a originar, podría ser responsable de dicho mal por
haberlo creado. Pero basándose en que es mejor existir que no existir Leibniz
lo justifica. Este modo de verlo es lo que el llama mal metafísico.
Evidentemente hay varios errores en su punto de vista, uno es el decir sin más
justificación que este mundo es el mejor entre todos los posibles, si se
considera ufano por existir seguro que no ha tenido una de las tremendas vidas
que a veces se dan en las que es mejor no existir con toda seguridad, y si Dios
está preocupado por los seres creados ¿como se atreve a crearlos y hacerles
padecer el mal?, y desde luego no basta a muchas mentes, aquí y ahora, la
contestación del creyente de que los designios de Dios son inescrutables. Habla
del mal físico, que son los sufrimientos humanos y las atrocidades que
los humanos se causan entre sí, que lo justifica por el buen fin de
perfeccionar a la persona que lo padece; y quizá haya dos objeciones, una ¿es
que el fin justifica los medios?, y otra: se olvida que quien lo está
padeciendo probablemente le gustaría más una vida apacible, sin sufrimientos,
que una perfección no solicitada que va en contra de su propia libertad.
Finalmente habla del mal moral como tercera forma del mal, que es el
pecado, como consecuencia del carácter imperfecto y limitado del hombre, pero
que, a pesar de todo, es creado por voluntad divina sabiendo de antemano sus
transgresiones; aunque se suele decir que esto lo hace por respetar la libertad
humana, que a su vez choca contra la predestinación del hombre también incluida
en la doctrina cristiana.
También Kant
tiene argumentaciones sobre el tema. Critica la santidad de Dios por la
existencia del mal moral, que la teodicea exculpa porque no es imputable a Dios
(que a lo sumo lo permite) sino a la finitud del hombre, con lo cual dice Kant
con su habitual finura de pensamiento, que así el ser humano queda
automáticamente exculpado si es también finito. Critica la bondad de
Dios, a lo cual la teodicea argumenta que Dios nos coloca en este mundo para
después gozar de una felicidad inconmensurable en la vida eterna, y Kant dice
¿habría muchos que querrían la dicha eterna teniendo en cuenta los sufrimientos
en la tierra?.Y también Kant critica la justicia
divina, para ello la teodicea se hace eco del adagio “en el pecado se lleva la
penitencia” y que el malvado tiene aquí remordimientos de conciencia, a lo cual
Kant dice que si los malvados tuvieran algún sentido de culpa alguna vez se
vería compensada por el placer de sus acciones malvadas, y en cualquier caso
indica la desproporción de sus actos malos con la pena de la eternidad.
Por eso concluye que los razonamientos de la teodicea son simplemente un acto
de fe.
Sin embargo
Hegel sale en defensa de la teodicea. Considera a Dios como un ser histórico,
no cerrado sobre sí mismo, sino en movimiento permanente de mutación, llega a identificarle con
Cristo, y de ahí su famosa frase “Dios ha muerto”. Le atribuye una finalidad
inteligente que se sirve de todos los acontecimientos de la historia, incluso
los negativos para lograr su objetivo y el mal es parte de ese proceso, de ahí
que al justificar el mal justifica a Dios. Así dice: “El hecho de que la
historia universal, sea el trascurso del desarrollo y el proceso real del
Espíritu, constituye la verdadera teodicea, la justificación de Dios en la historia ...”. Aunque la llamada izquierda hegeliana
representada por Bauer, Strauss y Feuerbach no compartía estas ideas, por lo
cual los dos primeros fueron retirados como profesores de teología. Feuerbach
al afirmar que Dios es una creación del hombre no entra en la discusión que
estamos haciendo.
Naturalmente
Marx es más radical y dice que la religión en vez de adecuar medios para
eliminar el mal, la miseria de la vida, lo que hace es ofrecer un consuelo,
pero en la otra vida y deja aquí abajo las cosas como están, rodea el valle de
lágrimas de esta tierra de un halo ilusorio de santidad que encubre el estado
de miseria real. De ahí su famosa frase “la religión es el opio del pueblo”.
Nietzsche hace
suya la frase “Dios ha muerto” y es el “leitmotiv” de su filosofía, que junto
con su nihilismo consistente en hacer perder la validez de los conceptos
supremos (como estaría el del bien y el mal objeto de nuestro comentario),
también queda apeado del tema. Valdría para otros aspectos filosóficos bastante
relacionados.
Dostoievski
(“atormentado toda la vida por la existencia de Dios”, como él mismo dice)
profundiza en los hermanos Karamazov sobre el aspecto mencionado antes, la no
comprensión del sufrimiento de los niños y que esto tenga que contribuir a la
futura armonía del universo como dice la teodicea, así como que el castigo de
los culpables se remita al más allá.
En la
solidaridad con las víctimas no se puede olvidar a Albert Camus, que da
testimonio de la sensibilidad hacia “el aparente y escandaloso silencio de
Dios”. Afirma en consonancia con lo dicho que hay gente que muere porque cree
que no merece vivir la vida, y se puede añadir ¿qué importa el futuro
maravilloso, si hoy el ánimo con que me han creado no me permite seguir? De ahí
su rebelión contra la propia condición del ser humano y contra la creación, y
se puede decir: cualquiera que sea el origen de esa creación. Pero al referirse
a Jesús su punto de vista cambia, comenta que Jesús es un inocente más al que
los representantes del Dios de Abraham lo ajusticiaron, y la divinidad,
abandonando sus privilegios, vivió la desesperación y la angustia de la muerte.
Apoyando este último comentario el teólogo seglar Tamayo Acosta dice que la
vida histórica de Jesús fue un acto de protesta permanente contra la injusticia
y contra los poderes políticos y religiosos, y la consecuencia lógica fue su
muerte. Hasta aquí de acuerdo, pero continúa que esta muerte es un acto de
protesta de Dios contra la injusticia en defensa de las víctimas haciendo suya
su causa, y esto ya no lo entiendo si tiene omnipotencia y omnisciencia para
saber lo que iba a pasar, sobrepasa mi espíritu lógico que debe ser por tanto
muy pequeño.
Yo terminaría
el repaso de los encontrados puntos de vista de los distintos pensadores con la
paradoja del jardinero invisible de Flew: Dos exploradores
caminando por la jungla encuentran un día un rincón roturado con muchas flores.
Uno dice al otro: “Debe haber un jardinero que
cuide este lugar”. Responde el otro que quizá no haya ningún jardinero.
Colocan las tiendas y montan la guardia, pero no aparece ningún jardinero.
“Quizá sea invisible”, dice el primero. Colocan alrededor del jardín una
alambrada y ponen unos perros policías. Ni hay movimiento en la alambrada ni
los perros huelen nada. El primero insiste. “Es un jardinero invisible,
intangible, sin olor y silencioso”. A lo cual dice el segundo: “¿En que puede
diferenciarse ese jardinero invisible, intangible y esquivo de un jardinero
imaginario o de ningún jardinero?”. Ambos han tenido la misma experiencia, han
sentido y visto lo mismo, pero difieren en la forma de considerar el hecho,
para uno existe la tutela amorosa providente que cuida el jardín, el otro
considera que se ha producido una espontaneidad de la vida sin causa de nadie.
Estos dos conceptos
son irreductibles. Responden a las diferentes concepciones del mundo, que son
consecuencia de las enseñanzas y experiencias que se han recibido y que por lo
tanto indican la falta de libertad que tiene el hombre, la mente del hombre hoy
es consecuencia de su educación pasada, y queda muy poquito margen de auténtica
libertad.