La pitada del 13-M
El día 13 de mayo de 2009 se enfrentaban en Valencia, con la Copa del Rey en juego, dos equipos de fútbol representativos al máximo de los bandos situados a cada lado de las fosas que dividen el estado español: Barcelona y Athletic de Bilbao. Los catalanes estaban dolidos por el trato vejatorio del estado contra sus instituciones, por el expolio fiscal que sufren y por los recursos promovidos por su estatuto por un partido político cuya existencia en Cataluña demuestra el talante democrático del país. Los vascos acababan de ser objeto de una antidemocrática trampa estatal que de posibilitó, con un pacto contra natura por medio, desalojar a los nacionalistas de Ajuria Enea.
Por los teléfonos móviles, por Internet y hasta por la prensa se había dado la consigna de dar la espalda y saludar con una salva de pitidos la presencia de los reyes en la tribuna y el himno español. Ninguna sorpresa, por tanto. La sugerencia se cumplió a rajatabla, los Borbones tuvieron que sufrir unos abucheos que la megafonía del estadio, puesta al máximo, no consiguió ocultar. La protesta se acrecentó por el hecho de que los monarcas charlaban distendidamente y se reían mientras sonaba Els Segadors, himno nacional catalán, actitud que pasó al hieratismo, como manda la tradición nacionalista, ante el himno nacional español.
¿Cuál fue la reacción de TVE? Con unos reflejos sorprendentes, se interrumpió la conexión para llevarnos a Bilbao y a Barcelona a “palpar el ambiente” en las capitales vasca y catalana. La maniobra, por burda, no hizo más que aumentar el sentimiento de frustración de los espectadores televisivos de ambos países.
Este comentarista recuerda que en el año 72, en plena era franquista, se dio un incidente ya hoy bastante olvidado. En una final de la Recopa de Europa (torneo que disputaban los campeones de la Copa de cada país) entre el Glasgow Rangers y el Dinamo de Moscú, que se jugaba en el Camp Nou de Barcelona, los seguidores del equipo escocés vencedor (3-2), se lanzaron al campo terminado el partido, lo que al parecer es una costumbre en su tierra. Pero, ¡ay, amigos! La reglamentación española decía otra cosa, y los grises[1] presentes en la vigilancia del campo recibieron la orden de expulsarlos sin contemplaciones.
Conque las “fuerzas del orden” saltaron al campo también y empezaron a repartir mamporros. A fin de cuentas, estaban acostumbrados al comportamiento dócil de los ciudadanos, y para ellos esto era una operación rutinaria más. Pero esta vez no les salieron las cuentas. Indignados por lo que consideraron un injusto ataque, los hinchas se revolvieron y empezó una batalla campal, en la que los sorprendidos pasaron ahora a ser los pobres grises.
Lo que siguió durante los treinta minutos siguientes pasó a la historia del franquismo. Los dos grupos contendientes se atacaban y replegaban, con breves descansos. Ahora atacan los grises y los hinchas retroceden, ahora la historia es al revés. Éste fue el espectáculo más pintoresco que los espectadores del Camp Nou hayan presenciado jamás.
Hemos dicho los espectadores… porque los millones que seguían la retransmisión por TV no se enteraron. Los cámaras se dedicaron todo el tiempo ¡a filmar las graderías! Los pobres locutores no sabían qué decir: “Las graderías del campo son muy modernas, y, como ven, están atestadas de público…” “Estas bellas graderías, hoy rebosantes de afición…” y otras majaderías por el estilo. Pese a la censura informativa del momento, no se dejó de comentar el esperpéntico comportamiento de la televisión “nacional”, especialmente en el extranjero.
Pues bien, el comportamiento de
TVE demostró que la “vieja dama” no ha cambiado en treinta y siete años. Al
servicio del poder y contra el desorden, sigue siendo su lema. El mantenimiento
de la “España oficial” es más importante que la presencia de la “España real”
sigue siendo su lema. Pero, qué absurdo es poner puertas al campo. Entre otros
lugares, puede verse la pitada en http://www.youtube.com/watch?v=hvkxDLsVgIk.
Las reacciones de TVE fueron rápidas. En el descanso del encuentro y para rematar la faena, el locutor de TVE, Juan Carlos Rivero, se excusó por ese coartamiento a la “libertad de expresión” y por no haber podido ofrecer el himno en directo “por un error humano”, emitiéndolo censurado con la eliminación de los silbidos al himno, enfocando a los jugadores y mostrando a placer un par de imágenes de los pocos hinchas que se mantuvieron callados. Sobresaliente para el técnico electrónico de sonido.
En fin, un peor descosido para un mal roto.
En los días siguientes continuaron las reacciones. Supimos que el Director de Deportes de RTVE, erigido en chivo expiatorio, fue destituido, los partidos de más costra españolista protestaron airadamente por la acción “de una ínfima minoría de maleducados” y hasta en el ayuntamiento de Barcelona el partido de siempre llegó a pedir un acto de desagravio al “himno nacional”. Pero en ningún momento nadie expuso ninguna reflexión. Nadie se preguntó por la causa de la protesta, prefiriéndose volver página.
No es extraño que tanto Cataluña como Euskadi sigan marchando hacia su independencia, fomentada en primer lugar por los partidos españolistas.
Josep M. Albaigès
Barcelona, mayo 09
[1] Así eran llamadas las fuerzas de seguridad estatales, por el color de su uniforme. En 1978, para paliar la mala fama adquirida en tantos años de represión, les fue cambiado por otro de color beige; desde entonces son “los maderos”.