El Álamo
Medio siglo después acabo de revisionar la película The Alamo (1960), que tanto me impresionó en mi juventud. He tenido ocasión de apreciar esta vez su patrioterismo, su carácter infantil y sus fallos de lógica, todo lo cual no impide que sea una película entretenida. John Wayne, Laurence Harvey y Richard Widmark dan vida a los históricos personajes de Davy Crockett, el coronel Travis y Jim Bowie, convertidos en entusiastas defensores de esta misión de San Antonio de Béjar (“El Álamo”), adaptada como fortín en la lucha de Texas contra México por conseguir la independencia.
Como es sabido, el estado de Texas, entonces provincia mexicana, había sido poblado paulatinamente por bastantes estadounidenses, y en el momento en que éstos se sintieron suficientemente numerosos, decidieron proclamar la separación, a la cual les ayudó bajo mano Estados Unidos. La pérdida de la batalla de El Álamo―que en el filme se convierte en una lucha desigual de cinco mil mexicanos contra ciento ochenta defensores de la misión― no impidió la victoria final del general Sam Houston sobre el general-dictador-presidente mexicano Antonio López de Santa Anna (“el Napoleón del Oeste”, como se autotitulaba él pretenciosamente) y la consiguiente independencia de Texas. Se hizo famosa como acicate para la lucha la frase Remember The Alamo! (‘Acordaos del Álamo’), utilizada para enardecer a los luchadores texanos-estadounidenses, ansiosos de venganza contra la masacre. El nuevo Estado independiente fue mantenido durante un tiempo prudencial, que no engañó a nadie, hasta solicitar su ingreso en la Unión. Un detalle significativo: en su bandera campeaba una estrella solitaria.
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Imagen del filme. En primer plano, Jim Bowie, Davy Crockett y el coronel Travis |
No diremos nada nuevo descubriendo que éste fue el primero de los episodios con que los Estados Unidos empezaron a extenderse hacia el Sur y hacia el Pacífico a costa del débil México, recién independizado de España. El siguiente acto, embriagados por el éxito, sería la anexión de los territorios mexicanos que hoy constituyen hoy los estados de California, Arizona, Nuevo México, Nevada y algunos más. Algo así como la tercera parte de la actual extensión del Estado norteamericano.
Pero quisiera llamar la atención en este caso sobre algunos aspectos de lo que, desde el punto de vista mexicano, no fue más que un acto de separatismo, que combatieron con la misma saña que cualquier Estado despliega contra una parte del mismo que intenta erigirse en entidad independiente basándose en su propia geografía, religión, historia o idiosincrasia.
Son interesantes los razonamientos de los aspirantes a la independencia que se hacen en el filme:
“Estamos hartos de las muchas vejaciones que sufre Texas a manos del tirano mexicano. No tenemos tribunales, ni comercio propio. Nuestros productos no pueden se comerciados en el exterior y nuestra economía es aherrojada por el gobierno tiránico de México”.
“Deseamos una República propia de Texas, que nos permita acceder a la libertad. ¡República propia! Ante esta palabra se me hace un nudo en la garganta”.
Sin duda a muchos les sonarán estas palabras. Sólo les faltaba añadir que el Estado opresor les hacía objeto a menudo de algún que otro boicot.
En el filme se acentúa el carácter de máquina uniformada de matar del ejército mexicano, que extermina sin piedad a los defensores. No pueden evitarse comparaciones con el famoso cuadro Los fusilamientos del 3 de mayo, de Goya. Los mexicanos son brutales, a la llegada de su ejército a los territorios texanos todo el mundo (incluidos los de su raza) se esconde en sus casas, y los soldados arrasan toda la misión, cuyos componentes han decidido morir dignamente. En la canción creada para ilustrar el filme, se decía, ingenuamente:
Los hombres llegaron de Texas
y del viejo Tennessee
y se unieron a Travis
para luchar por el derecho de ser libres.
No puedo evitar pensar que cualquier intento de una “provincia” por separarse de su Estado, por más tiránico que éste sea, es contestada siempre con igual contundencia que lo fue en este caso. ¿Traición o heroísmo? Como siempre, todo depende de quién escriba la historia. Para Estados Unidos el caso está claro: los héroes de El Álamo propiciaron la creación de unos Estados Unidos poderosos, que así empezaban a acceder a su “Destino manifiesto”.
Por ello resultó una pena que Hillary Clinton, al ser preguntada hace unos meses qué opinaba de la lucha por la independencia de “Gales, Escocia, Cataluña, Escocia u otras naciones”, se limitara a contestar sonriendo que "No voy a interferir en los asuntos internos de los países de la Unión Europea". Por lo visto Yugoslavia o Alemania quedaban ya muy lejos.
Josep M. Albaigès, BCN, nov 09