Poesía matemática

 

¿Quién dijo que las matemáticas no podían contener poesía? Aquí tenemos una variada muestra de la relación entre ambos géneros.

 

Los contadores de estrellas (Dámaso Alonso)

Ficció total (Josep M. Albaigès)

Soneto al tesaracto (Josep M. Albaigès)

A la divina proporción (Rafael Alberti)

A la línea (Rafael Alberti)

El ángel de los números (Rafael Alberti)

No sé… (Rafael Alberti)

Soneto al dodecaedro (Rafael Alberti)

Dios es un matemático (Antonio Álvarez Burgos)

Números (Anónimo)

Poesía numérica (Anónimo)

Romance del gitano caprichoso (Anónimo)o

Del cientificismo del siglo XIX (Joaquín María Bartrina)

WINDOWS 98 (Mario Benedetti)

El ingeniero (Joao Cabral de Melo Neto)

Teorema del solitario (Leopoldo Castilla)

Así soñé yo la verdad (Gabriel Celaya)

Multiplicación (Gabriel Celaya)

Límite (Carmen Conde)

Cinta de Moebius (Isla Correyero)

El ladrón de naranjas (Córdoba: Escuela del califa)

La tangente (León Felipe)

Poesía matemática (Millôr Fernandes)

El burro en la escuela (Gloria Fuertes)

Números comparados (Gloria Fuertes)

Palabras y números (Gloria Fuertes)

Versos para recordar el número pi (Manuel Golmayo)

Sistema de ecuaciones (Ángel Guinda)

Fábula (Cayetano Hernández)

Matemáticas y poesía (José Antonio Hervás)

Pi salió de su escondrijo (Marlén)

Los números transfinitos (José Florencio Martínez)

Un recordatorio positivo (J. A. Lindon)

Oda al número 0 (Enrique Morón)

La cinta de Moebius (Myriam Moscona)

Oda a los números (Pablo Neruda)

Versos para recordar las cifras de pi (Rafael Nieto París)

La matemática me espera (Gabriela Noriega)

Declaración matemática (M. Ossorio y Bernard)

Me gusta, no me gusta (Fabiana Porracin)

Examen de estadística (José del Río Sánchez)

Minuto cero (Kike Romero)

Escorial II (Pedro Salinas)

La voz a ti debida (Pedro Salinas)

El beso preciso (Frederick Soddy)

El número pi (Wislawa Szymborska)

La tabla de multiplicar (Miguel de Unamuno)

Balada de los números (José Verón)

PI… CHUCU CHUCU CHU (Iván Noguerol)

Les matemàtiques del laberint (David Jou)

Así se escribe la ciencia (Gabriel Celaya)

Los matemàticos (Hans Magnus Enzensberger)

A un matemàtic (Miquel Forteza)

Rosa métrica (Ramón María del valle Inclán)

A madame du Châtelet (Voltaire)

 

 

Cinta de Moebius

 

Yo vengo de perder una batalla

de la vida

y otra más y otra más

y otra.

Pero mi espíritu está indemne

y aún puedo saltar sobre todas las pérdidas

aunque sé que sin más flexibilidad

y menos exactitud que

en los 20 o 25 metros de edad que tuve

y ahora ya no tengo más que predicciones        presagios

de lo que va a ocurrir

según veo a los tipos que se acercan a mis ojos

según huelo sus preocupaciones

según cómo se empeñan en agradarme

o en desagradarme.

Eso veo. Ya lo tengo claro estoy preparada

para perder

y distinguir cuál será la ventaja que yo saque

o cuál la captura

qué parte de mi corazón se llevará

quien me persiga y observe

cuánto soy de vulnerable.

Lo tengo claro todo eso de las pérdidas y las

ganancias afectivas o las otras

y no me importa perder el beneficio

porque yo vengo de una habilidad de penitenciarías

y en los correccionales en donde estuve

siempre me dejaron muy exactamente claro

que el modelo de mi conducta

iba derechito a los peligros y que ganar

en ellos

sería una suerte ingrata para mí.

 

De todos modos a veces he ganado

una chuchería una bola o la pieza de un zapato.

Y una vez sólo una vez gané

algo complicadamente bueno algo grande y

prodigioso que ahora con los años

valoro más que nunca.

 

Pero hoy ya sé que no volverá

la buena estrella

ni el azar a mi vida

porque mi sublevación y mi trastorno están

 

conspirando para que

me hunda:

 

Y a eso no le pondré freno ni me doblegaré.

 

Ya tengo bastante con mi suficiencia

para el dolor

y una superioridad colérica

para subsistir y

todavía asombrarme de cómo

entre el perder y el ganar

he preferido siempre la sutil y

constante ingenuidad que producen las pérdidas.

 

Así

como si esto fuera un dulce

me ahorro el terror

del desengaño.

 

Isla Correyero, Amor Tirano, DVD poesía, 2003

 

 

El ángel de los números

 

A Eduardo Rodrigáñez[1]

 

Vírgenes con escuadras

y compases, velando

las celestes pizarras.

 

Y el ángel de los números,

pensativo, volando                                    

del 1 al 2, del 2

al 3, del 3 al 4.

 

Tizas frías y esponjas

rayaban y borraban

la luz de los espacios.[2]

 

Ni sol, luna, ni estrellas,

ni el repentino verde

del rayo y el relámpago,

ni el aire. Sólo nieblas.

 

Vírgenes sin escuadras,

sin compases, llorando.

y en las muertas pizarras,

el ángel de los números,

sin vida, amortajado

sobre el 1 y el 2,

sobre el 3 y el 4...

 

Rafael Alberti, Sobre los ángeles

 

 

Declaración matemática

 

Niña, me postro a tus pies

para pintar la pasión

que abrasa mi corazón

como dos y una son tres.

Escucha mi amor vehemente,

pues des que te he conocido

continuamente ha crecido

en progresión ascendente.

Que me quieras solicito

y ésta no mires esquiva:

si es mi beldad negativa

mi cariño es infinito.

Multiplicamini, etcetra,

dijo Dios al padre Adán,

y yo quiero ese refrán

seguir al pie de la letra.

Mas no fundo mi porfía

en una incógnita unión

que es regla de aligación

o de falsa compañía.

No a fe, y en buen testimonio

del fin que mi amor barrunta

quiero la regla conjunta

que se llama matrimonio.

Si no sumo grandes bienes

tengo un caudal de razones;

piensa que no hay proporciones

cual la que en tu mano tienes.

Y si bien no da la ciencia

para pavos ni perdices,

ni tengo bienes raíces

ni he de elevarme a potencia.

Sabré, aunque el mundo lo note

prestar a interés compuesto,

y solamente con esto

multiplicaré tu dote.

Espero respuesta el martes.

Madrid, tantos... sin errata.

Tuyo,

          Pascasio.

                         Postdata:

Si me desprecias me partes.

 

               Por copia

          M. Ossorio y Bernard

 

 

Del cientificismo del siglo XIX

 

¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos

     ya no son para mí,

lo que llama misterios sobrehumanos

     el vulgo baladí...

Sé que soy un mamífero bimano

     (que no es poco saber)

y sé lo que es el átomo, ese arcano

     del ser y del no ser.

Sé que el rubor que enciende las facciones

     es sangre arterial,

que las lágrimas son las secreciones

     del saco lacrimal,

que la virtud que al bien al hombre inclina

     y el vicio, sólo son

partículas de albúmina y fibrina

     en corta proporción...

¡Y aun dirán de la ciencia que es prosaica!

     ¿Hay nada, vive Dios

bello como  la fórmula algebraica

     S = pr²?

¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos

     ya no son para mí,

lo que llama misterios sobrehumanos

     el vulgo baladí...

Mas, ¡ay!, que cuando exclamo satisfecho

     "¡Todo, todo lo sé!"

¡Siento aquí en mi interior, dentro del pecho

     un algo, un no sé qué...!

 

               Joaquín María Bartrina

 

                    (Remitido por M. Dolors Hipólito)

 

 

Poesía numérica

 

Porque no faltan beli.....3

que a estafar acostumbra..2

hacen con estos cuita.....2

el oficio de los bui......3

¡Cuántos chalecos fia.....2

y pantalones medi.........2

que luego han sido pedi...2

y nunca han sido paga.....2!

Es dura verdad, no arras..3

a decir que en ambos mun..2

hierven rencores profun...2

en contra de nuestros sas.3

Vienen a nuestros merca...2

baratísimos vesti.........2

por los franceses vendi...2

y por nosotros compra.....2

 

                                            (Anónimo)

 

Oda al número 0

 

Redonda negación, la nada existe

encerrada en tu círculo profundo

y ruedas derrotado por el mundo

que te dio la verdad que no quisiste.

 

Como una luna llena es tu figura

grabada en el papel a tinta y sueño.

Dueño de ti te niegas a ser dueño

de toda la extensión de la blancura.

 

Tu corazón inmóvil y vacío

ha perdido la sangre que no tuvo.

Es inútil segar donde no hubo

más que un cuerpo en el cuerpo sin baldío.

 

Redonda negación, redonda esencia

que no ha podido ser ni ha pretendido.

Sólo la nada sueña no haber sido

porque no ser es ser en tu existencia.

 

                                   Enrique Morón

 

 

WINDOWS 98

 

Antes del fax del modem y el e-mail

la vergüenza era sólo artesanal

la mecha se encendía con un fósforo

y uno escribía cartas como bulas

 

antes los besos iban a tu boca

hoy obedecen a una tecla send

mi corazón se acurruca en su software

y el mouse sale a buscar el disparate

 

cuando me enamoraba de una venus

mis sentimientos no eran informáticos

pero ahora debo pedir permiso

hasta para escribir con el news gothic

 

te urjo amor que cambies de formato

prefiero recibirte en times new roman

mas nada es comparable a aquel desnudo

que era tu signo en tiempos de la remington.

 

Mario Benedetti

 

 

A la divina proporción

 

A ti, maravillosa disciplina,

media, extrema razón de la hermosura,

que claramente acata la clausura

viva en la malla de tu ley divina.

 

A ti, cárcel feliz de la retina,

áurea sección, celeste cuadratura,

misteriosa fontana de mesura

que el Universo armónico origina.

 

A ti, mar de los sueños angulares,

flor de las cinco formas regulares,

dodecaedro azul, arco sonoro.

 

Luces por alas un compás ardiente.

Tu canto es una esfera trasparente.

A ti, divina proporción de oro.

 

                                                                       Rafael Alberti, Poemas del destierro

 

 

 

Los números transfinitos

 

(Los Alef de Georg Cantor)

 

No sino sombra son que se conjuga,

engranajes de sombra de lo no comprensible,

grietas de sombra densas, desgajadas

de las manos de un dios como migajas.

 

Pies de lo intransitable, luz

de lo nunca diáfano, agua de sombra

de la insaciable sed de trascendencia.

 

Casi sois nuestros, peces abisales,

y hasta la infinidad seremos vuestros.

 

Donde la nada toca a Dios.

 

                                 José Florencio Martínez, Sobre los números

 

 

FICCIÓ TOTAL

 

El signe +,

més valor, més solitud.

El signe -,

menys tenebres, menys quietud.

El signe ´,

Dos diferents són germans,

El signe :,

Torno a trobar-hi els mancants.

Números? Només cal l'1.

Tots els altres són ficció.

Fòrmules? Una tan sols:

1 = 1 (jo sóc jo).

La força és el 30.000.

La humilitat, el 102.

L'orgull el 410,

El coratge, el 2.009.

El vuit tombat, infinit (µ),

no tapa pas just del tot.

Pitàgores i el seu p,

al cercle passa el ribot.

Neper i els seus neperians,

logaritmeja, oportú,

i Euler amb el número e

ens treu l'arrel de -1,

i així

ja tenim el número i.

Els complexos, existeixen? (x + iy)

Els savis en dubten, sí.

e2pi = 1,

és la fòrmula tabú!

Einstein diu: E=mc²

i tothom resta confós.

 

                                 Josep M. Albaigès

 

 

Soneto al dodecaedro

 

A ti, maravillosa disciplina,

media, extrema razón de la hermosura,

que claramente acata la clausura

viva en la malla de tu ley divina.

 

A ti, cárcel feliz de la retina,

áurea sección, celeste cuadratura,

misteriosa fontana de mesura

que el Universo armónico origina.

 

A ti, mar de los sueños, angulares,

flor de las cinco formas regulares,

dodecaedro azul, arco sonoro.

 

Luces por alas un compás ardiente

Tu canto es una esfera transparente.

A ti, divina proporción de oro.

 

Rafael Alberti

 

 

La cinta de Moebius

 

 

¿Por kualo una curva

Al ir y volver

Se torna al lugar onde empezo?

Toma el lapiz y da lynia

 

Lo verash:

 

La cinta un solo lado tiene.

Agora: los geometras del cielo

Dainda discuten

Si el osho del Dio

Nos amasó con shejiná

¿Principio de musher tendra nuestro saver?

Los unos dizen ke ansi no fuimos dibushados

 

Rectas son las curvas.de Moebius.

 

En torcedumbre y doloridos

Con esas cintas nos krearon

 

La cinta de Moebius

(versión en español)

 

¿Por qué una curva

A1 ir y regresar

Vuelve al lugar donde empezó?

Toma el lápiz y delinea

 

Ya verás:

 

La cinta sólo tiene un lado.

Ahora bien: Los geómetras del cielo

Discuten todavía

Si el ojo de Dios

Nos amasó con shejiná

¿Tendrá principio de mujer nuestro saber?

Unos dicen que así no fuimos dibujados

 

Son rectas las curvas de Moebius.

 

En torcedumbre y doloridos

Con esas cintas nos crearon

 

 

shejiná: para los cabalistas es el principio femenino de Dios.

 

Myriam Moscona. Poeta, periodista y traductora mexicana de origen búlgaro sefardí, que escribe en ladino. Entre sus libros se encuentran Las visitantes (Premio de Poesía Aguascalientes 1988)) y Negro marfil, el más reciente. Una versión de La música del desierto, de William Carlos Wílliams, le valió el Premio Nacional de Traducción en 1996.

 

 

El ingeniero

 

La luz, el sol, el aire libre,

envuelven el sueño del ingeniero.

El ingeniero sueña cosas claras:

superficies, tenis, un vaso de agua.

 

El lápiz, la escuadra, el papel;

el dibujo, el proyecto, el número:

el ingeniero piensa el mundo exacto,

mundo que ningún velo cubre.

 

(Ciertas tardes subíamos

al edificio. La ciudad diaria,

como un periódico que todos leían,

conseguía un pulmón de cemento y de vidrio.)

 

El agua, el viento,  la claridad,

a un lado el río, en lo alto nubes

ponían en el mundo al edificio

que crecía con sus fuerzas sencillas

 

João Cabral de Melo Neto

(Traducción: Ángel Crespo)

 

 

Matemáticas y poesía

 

M irar soñando despierto
A l ver dos líneas trazadas
T e refleja como ciertos
E spacios que son del alma;
M ar de infinitos destellos
A cotados por las blancas
T razas que dejan abiertos
I mposibles movimientos
C apaces de abrir las marcas
A lcanzadas por expertos
S abios de todos los tiempos

Y soñando lograremos

P enetrar en las esencias
O cultas de los extremos
E squivos de las conciencias,
S abiendo que toda ciencia
I ncluye cuando queremos
A lgo de amor y cadencia

 

José Antonio Hervás

 

 

Soneto al tesaracto

 

Recio fantasma del mundo, finura,

invento de la invención, tesaracto,

ubicas un incomprensible pacto

entre nuestra razón y la locura.

 

¿Quién imaginarte puede, criatura,

cómo pasar de tu potencia al acto,

quién puede encajar un mundo exacto

en el mundo real, hecho de espesura?

 

Tu universo propio es inaprehensible,

de la razón delirante eres sueño,

insensibilidad de lo insensible.

 

Libre y distante, careces de dueño,

más allá de lo humano, incomprensible

para la mente, su esfuerzo y su empeño.

 

                                 Josep M. Albaigès, 2005

 

 

 

El Número Pi

 

El número Pi es digno de admiración

tres coma uno cuatro uno,

todas sus cifras siguientes también son iniciales,

cinco nueve dos, porque nunca se termina.

No permite abarcarlo con la mirada seis cinco tres cinco,

con un cálculo ocho nueve,

con la imaginación siete nueve

o en broma tres dos tres, es decir, por comparación

ocho cuatro seis con cualquier otra cosa

dos seis cuatro tres en el mundo.

La más larga serpiente después de varios metros se interrumpe.

Igualmente, aunque un poco más tarde, hacen las serpientes fabulosas.

El cortejo de cifras que forman el número Pi

no se detiene en el margen de un folio,

es capaz de prolongarse por la mesa, a través del aire,

a través del muro, de una hoja, del nido de un pájaro,

de las nubes, directamente al cielo

a través de la total hinchazón e inmensidad del cielo.

¡Oh, qué corta es la cola del cometa, como la de un ratón!

¡Qué frágil el rayo de la estrella que se encorva en cualquier espacio!

Pero aquí dos tres quince trescientos noventa

mi número de télefono, la talla de tu camisa,

año mil novecientos setenta y tres, sexto piso

número de habitantes, sesenta y cinco céntimos

la medida de la cadera, dos dedos, la charada y el código

en el que mi ruiseñor vuela y canta

y pide un comportamiento tranquilo,

también transcurren la tierra y el cielo

pero no el número Pi, éste no,

él es todavía un buen cinco,

no es un ocho cualquiera,

ni el último siete

metiendo prisa, oh, metiendo prisa a la perezosa eternidad

para la permanencia.

 

Wislawa Szymborska (1923-2012)

Premio Nobel de Literatura 1996

 

Pi salió de su escondrijo

para volver a las andadas.

De día era 3,

de noche todo lo demás.

 

A Pi le gustaba su decimalidad.

Todos lo sospechaban,

pero nadie osaba descubrirlo.

 

Un día un 2 desorientado,

se atrevió a saltarse la coma

y se vio inmerso en el decálogo,

pero por primera vez

pudo dejarse amar y ver

un sinfín de paraísos:

esos otros mundos que,

simplemente, no conocemos.

 

Del libro Transmoderna, por Marlén

www.marlen.com.es

 

 

Romance del gitano caprichoso

 

La luna luce en el cielo

preñada de kilovatios

hacia la plata del río

los gitanos van bajando

entre baches de macadam

y negras manchas de asfalto.

"Madre, yo seré ingeniero

y haré caminos de nylon

rodeados de cortijos

sin guardas y con ganado.

Y pondré en cada río

un puente con muchos arcos

para vivir todos juntos

y cada uno en su cuarto.

"Tú no sabes lo que dices

(escupe el padre el cigarro)

Tendrás que ser bachiller

e ingresarás sólo cuando

hayas hecho más problemas

que pelos tiene un caballo.

Y cuando estés en la Escuela

has de aguantar cinco años (5)

más crueles y más traidores

que tres civiles y un cabo.

Yo gano mucho más que ellos

con diez días de trabajo

si me topo a diez borricos

que valen sus buenos cuartos".

La luna corre en el cielo

entre nubes de cobalto

los grillos lanzan al aire

estridor de carromato

"Yo quiero ser ingeniero

y pasear por Serrano."

"Este niño es chirimoya (censurado)

de los pies al encefalo."

 

Fiesta de final de curso de la promoción de Ingenieros de Caminos (1955)

 

 

ESCORIAL II


En vez de soñar, contar.

La fachada del oeste tiene
seiscientas doce ventanas.

Por la primavera van
en su cielo, hacia el domingo
una, dos, tres, cuatro, cinco
nubes blancas.

Yo te quiero a ti, y a ti y a ti.
A tres os quiero yo.

A las doce el tiempo da
doce campanadas.

Y ya no podrá escapárseme
en las volandas del sueño
la mañana. Haré la raya
para ir sumando seiscientas
doce, más cinco, más tres,
más doce.

¡Qué felicidad igual
a seiscientas treinta y dos!.
En abril, al mediodía
cuenta clara.

 

Pedro Salinas

 

The Kiss Precise
 

For pairs of lips to kiss maybe
Involves no trigonometry.
'Tis not so when four circles kiss
Each one the other three.
To bring this off the four must be
As three in one or one in three.
If one in three, beyond a doubt
Each gets three kisses from without.
If three in one, then is that one
Thrice kissed internally.

Four circles to the kissing come.
The smaller are the benter.
The bend is just the inverse of
The distance from the center.
Though their intrigue left Euclid dumb
There's now no need for rule of thumb.
Since zero bend's a dead straight line
And concave bends have minus sign,
The sum of the squares of all four bends
Is half the square of their sum.

To spy out spherical affairs
An oscular surveyor
Might find the task laborious,
The sphere is much the gayer,
And now besides the pair of pairs
A fifth sphere in the kissing shares.
Yet, signs and zero as before,
For each to kiss the other four
The square of the sum of all five bends
Is thrice the sum of their squares.

 

Frederick Soddy
In Nature, June 20, 1936

 

El beso preciso

 

Pueden besarse los labios, dos a dos,
sin mucho calcular, sin trigonometría;
mas ¡ay! no sucede igual en Geometría,
pues si cuatro círculos tangentes quieren ser
y besar cada uno a los otros tres,
para lograrlo habrán de estar los cuatro
o tres dentro de uno, o alguno
por otros tres a coro rodeado.

De estar uno entre tres, el caso es evidente
pues son todos besados desde afuera.
Y el caso tres en uno no es quimera,
al ser éste uno por tres veces besado internamente.

Cuatro círculos llegaron a besarse,
cuanto menores tanto más curvados,
y es su curvatura tan sólo la inversa
de la distancia desde el centro.
Aunque este enigma a Euclides asombrara,
ninguna regla empírica es necesaria:
al ser las rectas de nula curvatura
y ser las curvas cóncavas tomadas negativas,
la suma de cuadrados de las cuatro curvaturas
es igual a un medio del cuadrado de su suma.

Espiar de las esferas
los enredos amorosos
pudiérale al inquisidor
requerir cálculos tediosos,
pues siendo las esferas más corridas,
a más de un par de pares
una quinta entra en la movida.
Empero, siendo signos y ceros como antes
para besar cada una a las otras cuatro,
El cuadrado de la suma de las cinco curvaturas
ha de ser triple de la suma de sus cuadrados.

 

Frederick Soddy

Publicado en Nature, 20.06.1936

 

 

Frederick Soddy es un conocido matemático, cuya poesía The Kiss Precise ilustra un conocido teorema, descubierto por Descartes y redescubierto por él, que afirma que dadas cuatro circunferencias tangentes entre sí, sus respectivas curvaturas (la curvatura es el inverso del radio, C = 1/R) cumplen:

 

 

 

A la línea


A ti, contorno de la gracia humana,
recta, curva, bailable geometría,
delirante en la luz, caligrafía
que diluye la niebla más liviana.

A ti, sumisa cuanto más tirana,
misteriosa de flor y astronomía,
imprescindible al sueño y la poesía,
urgente al curso que tu ley dimana.

A ti, bella expresión de lo distinto,
complejidad, araña, laberinto
donde se mueve presa la figura.

El infinito azul es tu palacio.
Te canta el punto ardiendo en el espacio
A ti, andamio y sostén de la Pintura.

 

Rafael Alberti

 

 

El ladrón de naranjas

 

Un ladrón un cesto de naranjas

del mercado robó

y por entre los huertos escapó;

al saltar una valla,

la mitad más media perdió;

perseguido por un perro,

la mitad menos media abandonó;

tropezó en una cuerda,

la mitad más media desparramó;

en su guarida, dos docenas guardó.

Vosotros, los que buscáis la sabiduría,

decidnos:

¿Cuántas naranjas robó el ladrón?

 

Córdoba: Escuela del Califa

Problema clásico. Solución: 199

 

 

Examen de estadística

 

¿Qué es la Estadística?
Es una ciencia fotográfica y adivinatoria
que procede en primera instancia
como una película,
donde graban sus números
la realidad y la apariencia.
Cruza después al otro lado
para vaticinar el éxito
o embalsamar la ruina,
pues el oráculo de sus campanas
siempre se puede modular
eligiendo los prismáticos adecuados

¿Para qué sirven las estadísticas?
Para generar hambres y vender tapaderas,
para dictar la norma
e imponer su razón
Con ellas se averigua cómo y cuando
llamar a la oración y al voto,
a la guerra y a la trashumancia,
a la risa y al tributo.
Ni las ovejas negras
pueden huir de sus dominios.

 

José del Río Sánchez

 

 

Así soñé yo la verdad
 
Kepler miró llorando los cinco poliedros
encajados uno en otro, sistemáticos, perfectos,
en orden musical hasta la gran esfera.

Amó al dodecaedro, lloró al icosaedro
por sus inconsecuencias y sus complicaciones
adorables y raras, pero, ¡ay!, tan necesarias,
pues no cabe idear más sólidos perfectos
que los cinco sabidos, cuando hay tres dimensiones.

Pensó, mirando el cielo matemático, lejos,
que quizá le faltara una lágrima al miedo.

La lloró cristalina: depositó el silencio,
y aquel metapoliedro, geometría del sueño,
no pensable y a un tiempo normalmente correcto,
restableció sin ruido la paz del gran sistema.

No cabía, es sabido, según lo que decían,
más orden que el dictado. Mas él soñó: pensaba.

Eran más que razones: las razones ardían.
Estaba equivocado, mas los astros giraban.

Su sistema era sólo, según lo presentido,
el orden no pensado de un mundo enloquecido,
y él buscaba el defecto del bello teorema.

Lo claro coincidía de hecho con el espanto
y en la nada, la nada le besaba a lo exacto.

 

Gabriel Celaya

 

Balada de los números


Un monte me sostiene y el sol traza mi sombra.
Bajo el peso ligero de mis ojos
los números se extienden,
signos en la materia polícroma del valle.

Junto al camino;
al amparo del único ciprés,
los huesos de un centauro son la nada,
lo que un cero perdido significa.

Pero el árbol esbelto y verde oscuro,
el ciprés solitario de funeral ternura,
es la unidad, lo simple, lo que empieza.

Y ese abrirse la estrada de dos senderos,
como el eco sonoro y los amantes,
trama el sentido del número segundo.

Y las hojas menudas del trébol atrevido
que, retando a mis pies, surge del suelo
¿no son principio, centro y fin, como reclama
el tres para ser cifra?

Si mis brazos extiendo y miro el horizonte,
siento cruzar los puntos cardinales:
cuatro,
y en ellos flota el viento caprichoso
que el fuego misterioso siembra de humo,
y la tierra y el agua se cortejan
con fluvial armonía.

En lo agreste hay un cinco,
digital y bucólico,
que significa paz.

Desde el valle se aniebla
la sangre de los números
Veo un seis en el paisaje vivo,
en la hermosa parcela de universo
que la tarde y el tiempo seducen con amor.

Lejos,
heredero de lluvias,
el puente celestial del Arco Iris:
siete colores presta al firmamento,
y la leyenda eterna, siete enigmas.

Hay quietud; todo es perfecto y mesurado
como si fuese un ocho la campiña.

Tal vez las nueve musas no están lejos
de la alameda que ríe junto al río,
y el cielo sea un diez incontenible y puro.

Ocultos al orgullo de las urbes,
los números construyen sinfonías
y definen aromas planetarios,
espejos del infinito y de la nada.

 

José Verón

 

 

Dios es un matemático

 

Mientras más viejo
se muere menos:
matemática pura
Dios es un matemático
prolijo,  previsible
y la naturaleza el libro
que se le quedó abierto,
olvidado,
con pájaros inocentes
escapando del destello
engañados como las flores
de un espejismo;
como los peces efímeros
vagando en una tierra
infecunda,
como los días que se mueren
a la hora señalada
todos los días,
cuando el sol es un reloj
agonizante allá en la vida,
que apunta prosternado
hacia el ocaso.

 

Matemática pura
Hábito de cándidos silencios
apocalípticos
Memoria que fuiste,
memoria que eres,
doliente,
mucho antes de haber sido
y de ahora que menos
se muere.

Matemática pura
Sentencia sin secretos
virginales
Diseño de mundos irrecusables
construido.
Mientras más viejo
menos se muere
Dios es un matemático

 

Antonio Álvarez Burgos

 

 

El burro en la escuela

 

Una y uno, dos
Dos y una, seis.
El pobre burrito
Contaba al revés.


¡No se lo sabe!
—Sí me lo sé.
—¡Usted nunca estudia!
Dígame ¿por qué?


—Cuando voy a casa
no puedo estudiar;
mi amo es muy pobre,
hay que trabajar.


Trabajo en la noria
Todo el santo día.
¡No me llame burro,
profesora mía!

 

Gloria Fuertes

 

 

La tabla de multiplicar

 

2 × 2 son 4,
2 × 3 son 6,
¡ay que corta vida
la que nos hacéis!


3 × 3 son 9,
2 × 5 10,
¿volverá a la rueda
la que fue niñez?


6 × 3 18,
10 × 10 son 100.
¡Dios! ¡No dura nada
nuestro pobre bien!


Infinito y cero,
¡la fuente y el mar!
¡Cantemos la tabla
de multiplicar!

 

Miguel de Unamuno

 

 

La tangente


¿Y la tangente, señor Arcipreste?...
¿El radio de la esfera que se quiebra y se fuga?
¿La mula ciega de la noria, que un día, enloquecida, se liberta del estribillo rutinario?...
¿La correa cerrada de la honda, que se suelta de pronto para que salga la furia del guijarro?...
¿Esa línea de fuego tangencial que se escapa del círculo y luego se convierte en un disparo?
Porque el cielo... Señor Arcipreste, ¿sabe usted?,
No hay arriba ni abajo...
y la estrella del hombre
es la que ese disparo va buscando,
ese cohete místico o suicida, rebelde, escapado...
De la noria del Tiempo
como el dardo,
como el rayo,
como el salmo.
Dios hizo la bola y el reloj: la noria dando vueltas y vueltas sin cesar,
y el péndulo contándole las vueltas, monótono y exacto...
El juguete del niño, señor Arcipreste,
¡el maravilloso regalo!
Pero un día el niño se cansa del juguete y se le saca las tripas y el secreto
como a un caballito mecánico,
como a un caballito de serrín y de trapo.
Es cuando el niño inventa la tangente, Señor Arcipreste,
la puerta mística de los caballeros del milagro,
de los grandes aventureros de la luz,
de los divinos cruzados de la luz, de los poetas suicidas, de los enloquecidos y los santos
que se escapan en el viento en busca de Dios para decirle
que ya estamos cansados todos, terriblemente cansados
de la noria y del reloj,
del hipo violáceo del tirano,
de las barbas y las arrugas eternas,
de los inmóviles pecados,
de este empalagoso juguete del mundo,
de este monstruoso, sombrío y estúpido regalo,
de esta mecánica fatal, donde lo que ha sido es lo que será
y lo que ayer hicimos, lo que mañana hagamos.

 

León Felipe

 

 

La voz a ti debida

 

Sí, ¡todo con exceso!
¡La luz, la vida, el mar!
Plural, todo plural,
luces, vidas y mares.

A subir, a ascender
de docenas a cientos,
de cientos a millar,
en una jubilosa
repetición sin fin,
de tu amor, unidad.

Tablas, plumas y máquinas
todo a multiplicar,
caricia por caricia
abrazo por volcán.

Hay que cansar los números.
Que cuenten sin parar,
que se embriaguen contando,
y que no sepan ya
cuál de ellos ser el último;
¡qué vivir sin final!

Que un gran tropel de ceros
asalte nuestras dichas
esbeltas, al pasar,
y las lleve a su cima.

Que se rompan las cifras,
sin poder calcular
ni el tiempo, ni los besos.

Y al otro lado ya
de cómputos, de signos,
entregarnos a ciegas
¡exceso, qué penúltimo!,
a un gran fondo azaroso
que irresistiblemente está
cantándonos a gritos
fúlgidos de futuro:
"Eso no es nada aún.
Buscaos bien, hay más."

 

Pedro Salinas

 

 

Límite


Esfera ceñida de esferas que no pueden
escapar de la esfera única.

Manos esféricas ciñéndose a unas piernas
que se abrazan redondas, perfectísimas.

Si esta esfera que soy ya, que fui yo siempre,
desgajara de sí un anillo y lo arrojara,
se caería
cogido por un extremo, prolongándose
hasta pisar el polvo.

Ondularía siglos, y su música
subiría por temblores a la esfera
que le retiene siempre jamás, tan suyo.

Sería vertical, hasta que un siglo
la curva reclamara ser redonda
desde un albor sin ritmo.
Subiría otra vez a ser anillo,
anegándose por amor de querencia inmarchitable,
en la esfera total.

Yo he sido anillo,
tembloroso al caer, y erguida
me dejaba correr desde los tiempos...

Mas la esfera sintió que al fin mi esencia
debía descansar en lo redondo.

 

Carmen Conde

 

 

Los contadores de estrellas


Yo estoy cansado.

Miro esta ciudad
—una ciudad cualquiera—
donde ha veinte años vivo.
Todo está igual.

Un niño
inútilmente cuenta las estrellas
en el balcón vecino.
Yo me pongo también...

Pero él va más deprisa: 
no consigo alcanzarle:
Una, dos, tres, cuatro, cinco...
No consigo alcanzarle.
Una, dos ...
tres...
cuatro...
cinco…

 

Dámaso Alonso

 

 

Minuto cero


Desde el minuto cero
supe que ese primer beso
tendría una segunda oportunidad,
lo que se ve por el tercer ojo va más allá
del cuarto oscuro donde yacemos
mezclando el quinto elemento
y ese sexto mandamiento que pecamos
rizando el rizo del séptimo arte sin descansar.

Creí que eras la octava maravilla,
la novena de Beethoven,
el décimo premiado de la lotería
y yo... el último mohicano.

Un náufrago en la tempestad
bregando contra viento y marea
tu cuerpo a la deriva mi puerto en alta mar.

Adocenado en la felicidad
ahora soy un ser ordenado,
mi caos, perfectamente alineado,
matemáticamente... perfecto.

 

Kike Romero

 

 

Multiplicación


Uno por uno es el hombre
cualquiera como Dios manda
y ese salvar las distancias
que —mala cuenta— se cantan.

Dos por uno es la evidencia
que en un dos por tres tendrás.
Dos por cuatro, buen compás.
Dos por cinco, la sorpresa
del diez redondo y total.
¡Qué divino es, por humano,
el sistema decimal!

Cero por cero es la luz
Cero por uno, el problema
(Pues con él yo creo el tú).
Cero por dos, el amor.
También cero, mas en ¡oh!
(¡Oh!, que es un eco en yo.)
Cero por tres... ¡Atención!
Debe haber algún error,
Pues cuanto más multiplico
Más repito: yo, yo, yo.

 

Gabriel Celaya

 

 

Números comparados


Cuéntame un cuento de números,
háblame del dos y el tres
—del ocho que es al revés
igual que yo del derecho—.

Cuéntame tú qué te han hecho
el nueve, el cinco y el cuatro
para que los quieras tanto;
anda pronto, cuéntame.

Dime ese tres que parece
los senos de cualquier foca;
dime ¿de quién se enamora
ese tonto que es el tres?.

Ese pato que es el dos,
está navegando siempre;
pero a mí me gusta el siete,
porque es un roto en la vida,
y como estoy descosida,
le digo a lo triste: Vete.

Cuéntame el cuento y muy lenta,
que aunque aborrezco el guarismo,
espero gozar lo mismo
si eres tú quien me lo cuenta.

 

Gloria Fuertes

 

 

Oda a los números

 

Qué sed
de saber cuánto!
Qué hambre
de saber
cuántas
estrellas tiene el cielo!

Nos pasamos
la infancia
contando piedras, plantas,
dedos, arenas, dientes,
la juventud contando
pétalos, cabelleras.
Contamos
los colores, los años,
las vidas y los besos,
en el campo
los bueyes, en el mar
las olas. Los navíos
se hicieron cifras que se fecundaban.
Los números parían.
Las ciudades
eran miles, millones,
el trigo centenares
de unidades que adentro
tenían otros números pequeños,
más pequeños que un grano.
El tiempo se hizo número.
La luz fue numerada
y por más que corrió con el sonido
fue su velocidad un 37.
Nos rodearon los números.
Cerrábamos la puerta,
de noche, fatigados,
llegaba un 800,
por debajo,
hasta entrar con nosotros en la cama,
y en el sueño
los 4000 y los 77
picándonos la frente
con sus martillos o sus alicates.
Los 5
agregándose
hasta entrar en el mar o en el delirio,
hasta que el sol saluda con su cero
y nos vamos corriendo
a la oficina,
al taller,
a la fábrica,
a comenzar de nuevo el infinito
número 1 de cada día.
Tuvimos, hombre, tiempo
para que nuestra sed
fuera saciándose,
el ancestral deseo
de enumerar las cosas
y sumarlas,
de reducirlas hasta
hacerlas polvo,
arenales de números.
Fuimos
empapelando el mundo
con números y nombres,
pero
las cosas existían,
se fugaban
del número,
enloquecían en sus cantidades,
se evaporaban
dejando
su olor o su recuerdo
y quedaban los números vacíos.
Por eso,
para ti
quiero las cosas.
Los números
que se vayan a la cárcel,
que se muevan
en columnas cerradas
procreando
hasta darnos la suma
de la totalidad de infinito.
Para ti sólo quiero
que aquellos
números del camino
te defiendan
y que tú los defiendas.
La cifra semanal de tu salario
se desarrolle hasta cubrir tu pecho.
Y del número 2 en que se enlazan
tu cuerpo y el de la mujer amada
salgan los ojos pares de tus hijos
a contar otra vez
las antiguas estrellas
Y las innumerables
espigas
que llenarán la tierra transformada.

 

Pablo Neruda

 

 

Fábula


Graves autores contaron
que en la ciudad de los ceros
el uno y el dos entraron
y, desde luego, trataron
de medrar y hacer dineros.

Pronto el uno hizo cosecha,
pues a los ceros honraba
con amistad muy estrecha
y dándoles la derecha
su valor así aumentaba.

Pero el dos es de otra cuerda,
¡todo es orgullo maldito!
y con táctica tan lerda
los ceros pone a la izquierda
y así no medraba un pito.

En suma, el humilde uno
llegó a hacerse millonario
mientras el dos, importuno,
por su orgullo cual ninguno,
no pasó de un perdulario.

Luego, ved con maravilla
en esta fábula ascética
que el que es humilde más brilla,
y el que se exalta se humilla
hasta en la misma Aritmética.

 

Cayetano Hernández

 

 

Poesía matemática


En las muchas hojas
Del libro de matemáticas
Un Cociente se enamoró
Un día dolorosamente
De una Incógnita.

La vio con su mirada innumerable
y la vio desde el ápice a la base:
Una figura impar;
ojos de robot, boca de trapecio,
cuerpo rectangular, senos esferoides.

Hizo de la suya una vida
paralela a la de ella,
hasta que se encontraron
en el infinito.

”¿Quién eres tú?”, indagó ella
con ansia radical.
”Pero puedes llamarme hipotenusa.”

Y de hablar descubrieron que eran
(lo que en aritmética corresponde a las almas hermanas)
primos entre sí.

Y así se amaron
al cuadrado de la velocidad de la luz,
en una sexta potencia
trazando,
al sabor del momento
y de la pasión,
rectas, curvas, círculos y líneas sinusoidales
en los jardines de la cuarta dimensión.

Escandalizaron a los ortodoxos de las formas euclidianas
y a los exegetas del Universo infinito.
Rompieron convenciones newtonianas y pitagóricas.

Y en fin resolvieron casarse,
constituir un hogar,
más que un hogar, una perpendicular.
Invitaron como padrinos
al Polígono y a la Bisectriz.
E hicieron planos y ecuaciones y diagramas para el futuro
soñando con una felicidad
integral y diferencial.

Y se casaron y tuvieron una secante y tres conos
muy graciosillos
Y fueron felices
hasta aquel día
en que todo se vuelve al fin
monotonía.

Fue entonces cuando surgió
El Máximo Común Divisor.
Ofrecióle, a ella,
una grandeza absoluta
y la redujo a un denominador común.

Él, Cociente, percibió
Que con ella no formaba un todo,
una unidad.
Era un triángulo, llamado amoroso.
De ese problema él era una fracción
la más ordinaria.

Pero fue entonces cuando Einstein descubrió la Relatividad
Y todo lo que era espurio pasó a ser
moralidad
Como en cualquier sociedad.

 

Millôr Fernandes

 

Versos para recordar el número pi[3]

 

Soy y seré a todos definible,
mi nombre tengo que daros.
Cociente diametral siempre inmedible
soy de los redondos aros.

 

Manuel Golmayo

 

 

Palabras y números

 

En el cielo una luna se divierte.
En el suelo dos bueyes van cansados.
En el borde del río nace el musgo.
En el pozo hay tres peces condenados.

En el seco sendero hay cuatro olivos,
en el peral pequeño, cinco pájaros,
seis ovejas en el redil del pobre,
—en su zurrón duermen siete pecados—

Ocho meses tarda en nacer el trigo,
nueve días tan solo el cucaracho;
diez estrellas cuento junto al chopo.

Once años tenía,
doce meses hace que te espero,
por este paragua trece duros pago.

 

Gloria Fuertes

 

 

Un recordatorio positivo

 

Un carpintero, cosa enigmática
sentía raro gusto por la matemática.
Un día triste, de faena ayuno,
decidió tallar un cubo
de arista menos uno.

Aunque parezca cosa de ensalmo,
medía su base menos un palmo.
—¿se os hacen los sesos mermelada?—
De largo su cubo tenía, pues,
un palmo menos que nada.

Otro tanto de alto (¿lo dudáis un segundo?)
Y también, menos un palmo de profundo.
Multiplicando, obtendréis para tal cubo
—y sin mucho esforzar vuestro cacumen—
que menos un palmo cúbico es su volumen.

De tablas de madera bien maciza.
Con frente sudorosa serró el cubo
pues aunque cada corte tenía longitud negativa
de tanto menos por menos ni fuerza tuvo.

Por vez segunda construyóse un cubo,
aunque en ésta ningún problema hubo.
Al tomar de signo más cada longitud,
Era su volumen un palmo cúbico
positivo, por tal virtud.

Contaba pues, por sus pecados,
con dos cubos iguales, gemelos descarriados;
deseando saber a qué atenerse,
el segundo colocó sobre el primero.

De signo más los unos, los otros negativos,
algebraicamente se cancelaron sus lados.
Y otro tanto ocurrió con el volumen: nada ganado,
sólo subsistían las superficies.

Pues bien, abrid los ojos: sus áreas
tenían ahora medida doble, soportadas
en algo que por la destreza del fustero
ni ocupaba espacio ni medía nada.

De ébano macizo había cortado
aquellos objetos cúbicos abultados;
todo cuanto ahora subsistía
era sutil especie
de lámina oscura y esquinada.

De doce palmos cuadrados, que no es poco.
Nada pesa ni ocupa espacio en absoluto.
Sigue allí, tirada aún en la carpintería.
¡A nadie se le ocurre para qué serviría!

 

J.A. Lindon  

 

 

Sistema de ecuaciones

 

¿Qué cambiaría no cambiar?

Uno es dos menos uno:

Soledad es uno menos todos los demás.

¿Qué cambiará no cambiar?

 

Ángel Guinda

 

 

Teorema del solitario

 
Tomemos una cifra imaginaria
cero
y un hombre imaginario
uno
el cero no existe
pero él cree que sí
el dos se queda siempre
en
uno
el uno existe
pero nadie le cree.

 

Leopoldo Castilla

 

 

Me gusta, no me gusta

 

Me gusta lo que suma, lo que multiplica…
No me gusta lo que resta, y termina dividiendo un conjunto en fracciones...

Me gusta de los conjuntos el que incluye,
el que es directamente proporcional
y también me gusta reconocer a los que son diametralmente opuestos.

De las figuras geométricas no me gusta el círculo
cuadrado, que viciosamente encierra
o,
que aún abierto potencia
lo que se va por la tangente.
En forma inversamente proporcional, del círculo me gusta que es redondo,
y por eso puede echar a rodar...

Me gusta lo paradojal de lo plano que es plano,
y se deriva de esto que no por
superficial deja de ser sustento...

Me gusta la intersección de la diferencia.

No me gusta haber visto un número irracional de veces
la no discriminación de lo mutuamente excluyente,
qué distinto a la espiral, que dialéctica, integra,
incluye, se abre y expande
interminablemente…

De la infinita línea de puntos me gusta paralelamente
que se parece a la más larga caminata,
la que comienza con el primer paso,
y me gusta que en el curso de esa larga caminata se
puede poner algo entre paréntesis...
O elegir un curso que se bifurque alternativamente...
que se bifurque, alternativamente
Por eso también la precisión de y en la puntuación me agradan
desproporcionadamente.

Me gusta que el saldo sea positivo....
Teniendo igual en mente que
el final de cuentas podría
resultar negativo,
Y
así, aún así, su función sería la de
incrementar algún coeficiente.

 

Fabiana Porracin

 

 

La matemática me espera

 

Cuando todo quería poner en práctica

siempre debía recurrir a la matemática.

Quería solamente dedicarme al dibujo, a la pintura

pero debía sacar proporciones y medir la altura.

Quería también dedicarme a cantar

pero debía medir el tiempo entre el canto y la música por tocar.

Creí encontrar en el baile una solución

pero si no contaba los pasos era mi perdición.

A la composición de poesías me quise dedicar,

pero debía medir los versos para una buena poesía lograr.

Geografía, historia, música, todas con la matemática se relacionaban

y en mi mente números y números se cruzaban.

Para olvidarme caminé y caminé

y al mirar un letrero que decía 5 km encontré.

Miré mi reloj y una hora había demorado

y en mi mente una pregunta había pasado.

Si en una hora 5 km había caminado

en 4 horas ¿cuántos km habría avanzado?

Dije entonces 1 es 4 como 5 es a x, sin pensar

que con una regla de tres simple me había yo de encontrar.

Multipliqué 5 por el 4 y 20 me dio, despejé la x y el 1 dividiendo pasó,

la x igual a 20 me quedó y 20 km habría de recorrer yo.

Luego pensando me di cuenta que con la matemática me había de nuevo encontrado,

y me di cuenta que ni siquiera caminar podía hacerlo, sin ella a mi lado.

Fue en ese momento cuando su importancia descubrí

y aunque a veces me cansaba, las tablas aprendí.

Pero me di cuenta que aunque de ella escaparme quiera,

hasta en las cosas más sencillas la matemática espera.

 

Gabriela Noriega

 

 

No sé…

 

No sé si el faro incendia aún las horas
del triste odiar la Trigonometría,
si en tus zapatos duerme todavía la arena de las playas salvadoras.

Si en las algas y espumas rodadoras
trina el Latín con la Fisiología,
si el alto lavadero en que te urgía
el placer solitario, rememoras.

No sé si vas despierto o vas dormido,
en pecado mortal sobrecogido,
a comulgar sin fe cada mañana.

No sé, no sé...
Mas sé que tu locura
fue hacer del mar tu sola asignatura,
alumno al sol que de la mar se ufana.

Quién me iba a decir a mí,
pintorcillo por las playas y castillos ruinosos
de El Puerto de Santa María,
practicante de excesivas rabonas
—alumno al sol que de la mar se ufana—.

 

Rafael Alberti

 

 

Números 

 

De los números naturales

sólo pocos se destacan,

particularmente notables

que a otros números opacan.

 

Números primos, cuadrados perfectos

son ejemplares singulares

de numerales selectos,

de inolvidables propiedades.

 

Y entre los números importantes

no soy yo la excepción,

seguro que me has visto antes,

pero ahora adivina quién soy.

 

Pues si mi propia raíz cuadrada

a mí mismo me restan,

por una gracia solo a mí reservada

el resultado es justo treinta.

 

Anónimo

(Solución: 36)

 

Versos para recordar las cifras de pi[4]

 

Soy p, lema y razón ingeniosa

de hombre sabio, que serie preciosa

valorando enunció magistral.

 

Con mi ley singular bien medido

el Grande Orbe, por fin, reducido

fue al sistema ordinario usual.

 

Arquímedes, en ciencias preciado

crea p, monumento afamado,

y aunque intérmina dio valuación,

 

periferia del círculo supo,

duplicando geométrico grupo,

resolver y apreciarle extensión.

 

Teorema legó, memorable

como raro favor admirable

de la espléndida ciencia inmortal;

 

y amplia ley, filosófica fuente

de profunda verdad y ascendente

magnitud, descubrió universal.

 

Ing. Rafael Nieto París (1839-1899)

Colombia

 

PI… CHUCU CHUCU CHU,

Iba la tangente

sobrada de gente.

Iba el coseno

sujetado al seno,

iba el área

pendiente del perímetro,

cuando, de repente,

pasó el tren...

¡piiiiiiiiii!

Y durante 3,1416...

nadie pudo pasar...

bueno, nadie excepto π.

 

Iván Noguerol

Revista QUO, no. 176, mayo 2010

 

 

Les matemàtiques del laberint

Què cal preguntar per trobar 
un ordre al desordre del pla 
d'aquest laberint? Potser res.

Potser no hi tenim cap accés. 
Potser, simplement, no n'hi ha.

Teseu compta els passos tallats, 
es fa matemàtic, s'entesta 
a fer de l'atzar una festa, 
publica els primers resultats, 
arriba en poc temps a la glòria 
de màxim expert: oh victòria!

I amb tant d'afalac de clarins, 
es queda a habitar als laberints.

 

David Jou

 

 

Así se escribe la ciencia

Kepler miró llorando los cinco poliedros 
encajados uno en otro, sistemáticos, perfectos, 
en orden musical hasta la gran esfera.

Amó al dodecaedro, lloró al icosaedro 
por sus inconsecuencias y sus complicaciones 
adorables y raras, pero, ¡ay!, tan necesarias, 
pues no cabe idear más sólidos perfectos 
que los cinco sabidos, cuando hay tres dimensiones.

Pensó, mirando el cielo matemático, lejos, 
que quizá le faltara una lágrima al miedo. 
La lloró cristalina: depositó el silencio, 
y aquel metapoliedro, geometría del sueño, 
no pensable y a un tiempo normalmente correcto, 
restableció sin ruido la paz del gran sistema.

No cabía, es sabido, según lo que decían, 
más orden que el dictado. Mas él soñó: pensaba. 
Eran más que razones: las razones ardían.

Estaba equivocado, mas los astros giraban. 
Su sistema era sólo, según lo presentido, 
el orden no pensado de un mundo enloquecido, 
y él buscaba el defecto del bello teorema.

Lo claro coincidía de hecho con el espanto 
y en la nada, la nada le besaba a lo exacto.

 

Gabriel Celaya

 

 

Los matemàticos

Raíces que no arraigan, 
aplicaciones para ojos cerrados, 
gérmenes, árboles, contracciones, fibras: 
el más blanco de todos los mundos 
con sus haces, secciones y clausuras 
es vuestra Tierra de Promisión.

Arrogantes os perdéis 
en la infinitud no-numerable, en conjuntos 
vacíos, ralos, disjuntos 
conjuntos en sí mismo densos y 
conjuntos transfinitos.

Conversaciones fantasmales 
entre solteros: 
el último teorema de Fermat, 
la objeción de Zermelo, 
el lema de Zorn.

Deslumbrados ya de niños 
por frías dilucidaciones, 
os habéis desentendido, 
encogiendo los hombros, 
de nuestros placeres sangrientos.

Pobres de palabras, tropezáis, 
ensimismados, 
impulsados por el ángel de la abstracción 
sobre campos de Galois y superficies de Riemann, 
con el polvo de Cantor hasta las rodillas, 
a través de los espacios de Hausdorff.

Entonces, a los cuarenta, os sentáis, 
oh teólogos sin Jehová, 
sin pelo y bien enfermos, 
los trajes raídos, 
ante el vacío escritorio, 
quemados, oh Fibonacci, 
oh Kummer, oh Gödel, oh Mandelbrot, 
en el purgatorio de la recursión.

 

Hans Magnus Enzensberger

 

 

A un matemàtic

Oh el savi matemàtic d'ascètica figura, 
de barba i de cabells solemnement nevats, 
sumit en l'antigot de negre vestidura, 
fruint la indiferència dels dies emboirats!

Les demostracions i regles assolides 
han ordenat sa vida, com un raonament; 
de tant estudiar les lleis indefinides, 
la seva veu austera s'apaga sordament.

Sos arbres predilectes són els cònics xiprers, 
li plauen les simètriques plantades dels carrers 
i, com un pla sens fites, la mar negre i calmada.

Amb el cap ple de números, quan surt les clares nits, 
guaita, profundament, la volta constel.lada, 
com una gran pissarra de càlculs infinits.

 

Miquel Forteza

 

 

Rosa métrica

¡Número Celeste! ¡Geometría Dorada! 
¡Verso Pitagórico! ¡Clave de Cristal! 
¡Canto de Divina boca en llamarada! 
¡Verso del Ardiente Pentáculo Astral!

Las pomas del seno Diana Cinegética 
timbra con tu ardiente alusión carnal, 
divina promesa que enciende la estética 
del fauno, rugiente de furia nupcial.

Con feliz congoja, con mítico insulto 
panida, arrebatas mi sangre en tumulto, 
áurea solfa del Dorado Facistol.

Rosa Alejandrina, tu sentido oculto 
promueve los ritmos heroicos del culto 
apolíneo. ¡Rosa Métrica del Sol!

 

Ramón María del Valle Inclán

 

 

A madame du Châtelet

Sans doute vous serez célèbre 
Par les grands calculs de l'algèbre, 
Où votre esprit est absorbé. 
J'oserais m'y livrer moi-même; 
Mais hélas! A+D-B 
N'est pas = à je vous aime.

 

Voltaire

 

 



[1] Fue José Bergamín quien le presentó a Alberti a Rodrigáñez, ingeniero de vocación a quien el poeta recuerda como –“un gran amigo mío”. Aficionado como el poeta al cine, su nombre aparece en la “Lista de inscripciones” del Cineclub Español (La Gaceta Literaria, núm. 48, 15 de diciembre de 1928).

 

[2] Alberti recuerda el haber estado en las clases “completamente ausente, vuelto sólo a los números por el rayar frío de la tiza sobre el encerado”. (La arboleda perdida,pág. 86). Rafael Laffón, a quien Alberti conoció en Sevilla en 1926, pensó en esponja y pizarra en Signo + (Poemas) (Sevilla, Colección “Mediodia”, 1927, pág. 9):

   En la pizarra

el signo + en yeso.

Y la esponja en la mano

para absorber, borrar, y luego...

 

 

 

[3] Estos versos proporcionan una regla mnemotécnica para recordar pi: cada cifra es, sucesivamente, el número de letras de cada palabra. Así resulta π = 3,1415926535897932384…

[4] El artificio es el mismo que en la poesía de Golmayo. Hay que advertir que las cifras iguales a 0 se indican mediante palabras de diez letras, pero cuidando de restar una a la anterior, a fin de restablecer el cómputo mediante el arrastre correspondiente. Obsérvense las líneas 7, 11, 15, 16, 17 (v. gr., “…real. Arquímedes…” = 50).