Cierto buen amigo mío,
a quien el lector conoce,
dice que no "pesca" el gordo
por "una cuestión de orden".
Parece confuso el hecho,
pero es cosa muy sencilla,
pues su número y el gordo
tienen idénticas cifras.
Nueve, cero, cinco y tres,
son los del favorecido;
y las de mi amigo son,
cero, nueve, tres y cinco.
-¡Que vengan a persuadirme
-dice el hombre, muy seguro,-
de que el orden de factores,
no altera nunca el producto!
Ayer oí a un amigo
muy apenado:
-"Por cuatro numeritos
no me ha tocado"
y al hablar de este modo
bien se veía,
que solo al premio grande
se refería.
-Cobrará usted centena,
¡menos mal! -dije-.
Pues eso es justamente
lo que me aflige;
que no es que mi billete,
del agraciado,
se haya, en cuatro unidades
diferenciado;
sino que los dos tienen
cuatro guarismos,
que en el mío y el gordo...
¡no son los mismos!.
(Remitido por Mariano Nieto)
LA PUERTA Y LA REJA
(Capricho poético)
Sabedlo, lectores, en cierta calleja,
existe una casa muy grande y muy vieja
do vive una niña de rubia guedeja,
que al sol se asemeja;
la luz de sus ojos las sombras despeja,
a todos los hombres heridos los deja
y no exhalan queja
pues es bella y pura cual cándida oveja.
Cuida de ella un aya, astuta vulpeja,
de mondas encías, rugosa pelleja,
enjuta de carnes, fruncida de ceja,
que a la jovencita con arte maneja,
de todos la aparta, del mundo la aleja,
y crece hacendosa, melífica abeja.
Pero, hace unos días, su rostro refleja
insólito tedio. La anciana corneja
abre bien los ojos y aguza la oreja,
perdió su risilla de falsa coneja,
mil planes bosqueja
y nada averigua; mas ella no ceja.
Nota que la niña suspira y se queja
¿qué daño le aqueja?
¿su herida es reciente? ¿su pena es añeja?
No sabe qué tiene... se encuentra perpleja...
Mas ¡ay! cierta noche miró a la calleja
y vio un estudiante con capa y con teja
pegado a los muros, cual lapa o almeja,
y tras la ventana..., ¡la cándida oveja!
Bajó presurosa con su candileja;
pero ya en la casa ni en la calle aneja
no estaba la dama, ni el que la corteja;
no quedaba huella de la tal pareja.
La dueña, de torpe y de ruin se moteja;
su viejo cerebro nada le aconseja.
Y, al ver el enredo de aquella madeja,
recuerda, apenada, cierta moraleja:
Si guardas la puerta, dice la conseja,
Cupido, travieso, se entra por la reja;
que Amor entra siempre, pues tal se maneja
que no le detiene madera ni hierro, ladrillo ni teja.
Augusto BILBILIS
23 enero 1918.
Aristogeronte. 2003
(Tomados
del Calendario de ferias y fiestas de Calatayud. 1920. Autor anónimo)
El Jugador.
Por más que
el jugador se muestre ducho,
nada puede evitar que en una noche,
ya se vaya a jugar a pie o en coche,
le ganen lo que lleve, poco o mucho.
El juego
viene a ser como un falucho;
nadie merece, al embarcar, reproche;
pero el mareo trueca en un fantoche
al hombre, y quema su último cartucho.
Mas si aún le
resta, de pudor un cacho,
se salta ese pudor, a la garrocha
y juega, loco, su postrera ficha.
pero a él ¿qué le importa? Está borracho
y no ve que el dinero que derrocha
quizá labre a los suyos la desdicha.
Don
Quijote.
Hidalgo
caballero: Sois tan ducho
en desfacer entuertos, día y noche
que merecéis usar soberbio coche
pues Rocinante se fatiga mucho.
De la
inspiración poética el falucho,
hizo en tu ser un tipo sin reproche;
Cervantes
quemó en ti, genial fantoche,
de su razón el último cartucho.
Y si aún te
queda de valor un cacho,
empuña, a fuer de lanza, una garrocha
y proclama bien alto “esta es mi ficha”:
“De amor y de
saber estoy borracho;
socorro al pobre; grito al que derrocha;
y me labro en mi suerte mi desdicha”.
Marcial
Admirable
poeta y hombre ducho,
fustigó a los romanos día y noche;
en Roma uso palacios, esclavos, coche;
mas todo lo perdió aunque tuvo mucho.
Volvió a su
patria en mísero falucho
de la Eterna Ciudad magno reproche:
por más que allá en Roma hizo el fantoche
y estalló su razón, como un cartucho.
Y mientras
tuvo de vergüenza un cacho,
justiciero blandió feroz garrocha
para atacar la corrompida ficha.
Y aunque
lujuria le hizo estar borracho,
su gracia epigramática derrocha
contra los que acarrearon su desdicha.
Un poeta para mí desconocido, Ángel Guinda, a propósito del comentario sobre “El ludiverso de Javier Carnicer” produce textos como éste:
Se bienhumora contra amargo
desamor con ironías, mordacidades, improperios en los que aprovecha neologismos
existenciales (ascoiris, gaviotean…).
Ramón Irigoyen se divertía como espectador del guiñol.
Y entre algunas otras cuestiones que lo limitado de una
reseña me impide abordar, destaca ese instinto (para mí, lo más logrado del
libro: por su sintetismo e ingenio insertos en lo experiencial) de poemación
experimental mezcla de visualización, concretismo,
ultraísmo que, sin rozar los caligramas apollinerianos,
ya que no busca dibujar el objeto de referencia; sin ser frases o alarmas a lo Ullán; sin
entrar en la zona de un Julio Campal o un Huidobro
vanguardistas, ni en Millán, ni en los fotopoemas de
Luis M. Muro, retiene ese toque de incitación a la participación por parte del
lector que yo mismo practico componiendo una postal (la titulo Anualverario) con los doce meses del año: doce páginas, a
una por mes, en la somete de obituario vista por su huésped.
Y, ni corto ni perezoso, nos obsequia con la tal sombra:
|
En Ni Eve Resu mO |
Fr Escas Brumas tRazan fiEbre Río abajO |
Mano rojA Roza caZa hOngos |
Angel Bate Ramas nIdos Llueve |
|
Maná mAná Yo-yo flOrido |
Joder! Un euNuco rIma dOr |
taJo mUdo L Ija dOr |
aAuna Gili cOge Sarna Trampa ñOña |
|
S Em Pi Terna Id Ea Mi Bruz ernoR mE |
tOca Cuna Tierna flaUta Baños gRises Elixir |
N O V Ino El hoM B R E |
D I Citó mIgas El haM B R E |
¿Eh, qué tal?
Remitido por JMAiO, feb 03
LETANÍA DEL ESTUDIANTE
(De una alumna de tercero)
Señor, mira mi temor.
Señora, valedme en esta hora.
Santos todos, aunque no hinqué los codos.
Ay santa Tomasa, que me den 10 sin tasa.
Ay san Francisco, que si no puede ser 6 también me resisto al 5.
Ay san Hilarión, colmad mi corazón.
Ay santo Tomás, que otro año estudiaré más.
San Salvador, haga frío o calor.
San Juan Bautista, que esto no hay quien lo resista.
San Roque, que no me equivoque.
San Juan de Dios, que sea un buen profesor.
Santa Isabel, que me den un 10.
Ay san Tito, que acabe prontito.
Santa Isidora, que no sea mala profesora.
Ay san Bruno, pero de 4 ni uno.
San Valentín, durante el examen rogad por mí.
San Raimundo, que no nos pongan cosas del otro mundo.
San Pascual, ablanda al tribunal.