Onomástica
canaria elemental
Un reciente viaje a las Islas Afortunadas (así las llamaban los antiguos griegos y romanos, Fortunatae insulae aparece por primera vez en la obra de Plauto “Las Tres Monedas”) me ha puesto en contacto con algunos aspectos de su toponimia. Empezando por su nombre, es sabido que procede de los perros (canes), probables antecesores de la actual raza autóctona de los verdinos, que vieron allí sus primeros visitantes. No hablemos de los mitos que las relacionan con la Atlántida de Platón. En todo caso, fue Plinio el Viejo (+79), en su ingente obra Naturalis Historia, quien bautizó por primera vez las islas (por referencias, claro), aunque parece que no se limitaba a éstas, incluyendo también las de Cabo Verde, como sugiere la abundancia de nombres[1].
La palabra “guanche”, con que fue conocido el pueblo que primero se estableció en las islas, quiere decir en realidad ‘hijo de Tenerife’, por ser ésta la primera de ellas ocupada; seguramente huyendo de alguna persecución romana. Pero cada isla estaba poblada por una tribu distinta y con nombre distinto; el de “guanche” sería extendido a todo el archipiélago.
El nombre antiguo de la isla de Gran Canaria era Tamarán, ‘país de valientes’. Parece que allí fueron hallados por primera vez los perros mencionados. El nombre sería aplicado a todo el conjunto de las islas[2]. De hecho, algunos grancanarios han propuesto últimamente que su nombre sea simplemente “Canaria”.
Lanzarote, antigua Tytherogakat o Tytheroygatra (‘la quemada’) recibe nombre por el comerciante genovés Lanzarotto Marocello, quien llegó en 1312 a sus costas. Con este viaje quedó abierto el conocimiento del archipiélago para Occidente. Sus habitantes, con los de Fuerteventura, eran llamados majoreros.
Tenerife, la mayor de las islas, parece la Invallis (‘entre valles, montañosa’) de Plinio. Primero recibió en un atlas francés el nombre de Ínsula del Infierno por el temor al Teide y sus erupciones casi constantes, recibe nombre por el caudillo guanche Tinerfe, que logró reunir bajo su mando a los nueve menceyatos (circunscripciones de cada caudillo o mencey) de la isla. Algunos, con todo, afirman que es composición de tener, ‘montaña’ con ife, ‘blanca’.
Los habitantes de La Palma, antigua Benaohare (‘mi tierra’), la Junonia de Plinio, eran los benahoritas. Parece que recibe su nombre actual, bien de los mallorquines pobladores, en recuerdo de su capital, o bien de las palmeras que en ella existen.
El nombre de la isla de la Gomera (quizás la Junonia minor de Plinio) se originó en el siglo XIII. También su etimología es oscura: para algunos deriva Ghomerah o tribu beréber que ocupó dicha isla. Para otros deriva de ‘goma’, por los numerosos lentiscos que la producían en la isla. No falta también quien la relaciona con el nombre castellano Gómaro. Sus habitantes eran los gomeros.
La isla de Fuerteventura era designada como Planaria, por su topografía (otros han asignado el nombre a Gran Canaria, lo que parece poco probable por la topografía de ésta), o Erbania, nombre de etimología oscura, por los guanches de Gran Canaria. También Capraria, por sus abundantes rebaños de cabras (para otros ésta es la Gomera). Sería llamada posteriormente Fortuite por los franceses, palabra no mucho más clara que la anterior (de todos modos algunos aluden a un hipotético “Fuerte Ventura”). Sus habitantes, con los de Lanzarote, eran los majoreros.
Jean de Bethencourt (1360?-1422), mercenario normando, inició la conquista del archipiélago por orden del rey castellano Enrique III. El apellido, con sus variantes, es hoy el más frecuente en alguna de las islas (con sus numerosas variantes: Betencort, Betencour, Betancur, Betancourt…). El mismo nombre es recordado también por la antigua Betancuria, fundada en 1405 en el centro de la isla de Fuerteventura.
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La
isla Graciosa, desde el aire |
La actual isla del Hierro (la Pluvialia de Plinio, por sus abundantes lluvias, o quizás Ombrión) nada tiene que ver con este metal. Parece que su nombre deriva de la antigua voz hero (‘leche’) en la lengua de los bimbaches, habitantes de esa isla. Otros señalan ecerós ‘fuerte’. Hasta 1833 fue sede del meridiano cero por su situación extrema, al occidente de las tierras conocidas. En dicho año la referencia sería transferida a Greenwich.
Hay que añadir las pequeñas islas de la Graciosa y Alegranza, antiguos conos volcánicos. La primera alude a la
Virgen Graciosa; la segunda, a algún hecho concreto. Otros islotes son, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste, nombres
bien descriptivos.
JMAiO, BCN, ene 06