¿Desde cuándo existe el Registro Civil?
Durante muchos siglos ni el
Estado ni la Iglesia se preocuparon de disponer de un registro de lo que hoy llamamos
“estado civil” de las personas. En el Imperio Romano hubo algún precedente de
este tipo de control estatal, pero tan sólo se hicieron censos sin periodicidad
alguna —recordemos el más famoso de todos, asociado al nacimiento de
Jesucristo—, y eran simples recuentos de ciudadanos (aunque se ha hablado de la
existencia de diversos tipos de álbumes en los que se consignaban datos
como el nacimiento, defunción y ciudadanía).
|
|
Transcurrida la Edad Media sin
otros controles demográficos (indirectos) que las listas de propiedades o
actividades diversas, los avances de la herejía protestante llevaron a la
Iglesia Católica al deseo de controlar sus fieles, y en el Concilio de Trento
se dieron normas regularizando el modo de llevar los libros parroquiales de
bautismos y matrimonios (posteriormente, la práctica impuso el de defunciones).
Estos asientos, con el tiempo, fueron comenzando a ser utilizados y admitidos
como prueba en los contenciosos civiles, por lo que necesariamente llamaron la
atención del Estado.
Prueba de la importancia que
fueron adquiriendo esos libros de registros parroquiales fue la ley de 1749, por
la que se encargaba a los prelados “que se pusiese todo cuidado a fin de que
los libros parroquiales estuvieran bien custodiados y con total seguridad en
sus iglesias”.
La Revolución Francesa de 1789
trajo consigo la separación de la iglesia y el estado y, en 1804, se reguló en
Francia el funcionamiento del Registro Civil, secularizado en el Código de
Napoleón, que inspiraría con el tiempo todas las legislaciones europeas.
En España se tardó bastante en adoptar esta iniciativa, aunque de momento, en una tímida laicización, los usos eclesiales fueron copiados por algunas poblaciones. Así, Barcelona fue en el siglo XIX una de las primeras ciudades españolas que inició en 1821 una temprana e importante tarea de reorganización de sus servicios de estadística demográfica. Con ello cumplía las disposiciones legales emanadas de la nueva estructura administrativa del estado liberal español.
Lo que hoy entendemos como Registro Civil se fue formando por tanto de manera aluvionaria, al principio como un simple instrumento estadístico, para ir incorporando disposiciones que enriquecieron su contenido y reglamentación. Con el tiempo se trasladaron los Registros Civiles de los "juzgados municipales" a las Secretarías Municipales: era parte de un proceso de estatalización irreversible.
Finalmente, el Estado se hizo
cargo en exclusiva de este instrumento registral, que tan útil le resultaría
para el control administrativo y policial de la población. La revolución de
1868 (la Gloriosa) introdujo definitivamente
unos usos totalmente laicos en la nueva Constitución de 1869, en la que se
proclamaba la libertad de culto. Esta libertad exigía la creación de un
Registro Civil en el que anotar los datos de todos los españoles, fueran o no
católicos, y así surgió la ley "provisional" de 17 de junio de 1870,
que implantó por vez primera en el Estado tal registro, ya con sus actuales
características generales. Tal ley entró en vigor en 1 de enero de 1871. Y
aunque titulada "provisional", mantuvo su vigor hasta ser substituida
por otra nueva de 1957 que junto a su reglamento comenzó a regir el primero de
enero del año siguiente.
Esta actual Ley de Registro
Civil, publicada también como “provisional”, sigue siendo la referencia básica
en estas cuestiones tras ser reformada y adaptada en diversas ocasiones. Su
artículo 149.1.8º establece la competencia exclusiva del Estado en materia de
legislación civil, y en todo caso, sobre ordenación de los registros e
instrumentos públicos.
El registro Civil está concebido como un instrumento "público para quienes tengan interés en conocer los asientos", como proclama en su artículo 6º. Sigue teniendo vigencia el venerable Registro Eclesiástico, cuyos libros de más de 75 años de antigüedad son también públicos. En rigor puede negarse a dar datos posteriores, aunque no suele hacerlo.
JMAiO, BCN, feb 06