Nomen, omen, en el cine

 

‘Un nombre, un destino’, decían los romanos. De hecho, la costumbre cristiana de imponer en el bautismo el nombre de un santo no es otra cosa que fijar un objetivo al recién bautizado. Es innegable que un nombre puede haber elegido una vocación.

Al menos esto es cierto en ciertos sectores del mundo del cine. La actriz Shirley MacLaine (Shirley MacLean Beatty) debe su nombre de pila a la niña prodigio Shirley Temple, de la que eran fans sus padres. Similar es el caso de Scarlett Johansson, por Scarlett O’Hara, la protagonista (interpretada por Vivien Leigh) de Lo que el viento se llevó, admirada también por sus padres.

A veces el fenómeno es inverso. El verdadero nombre del actor Stewart Granger era James Stewart. Tuvo que cambiárselo para no ser confundido con el protagonista de La ventana indiscreta. Marilyn Novak vio su nombre cambiado por el de Kim Novak para evitar comparaciones con Marilyn Monroe. Ella insistió que su apellido fuese el verdadero, de manera que finalmente todos se pusieron de acuerdo en Kim Novak.

 

JMAiO, BCN, nov 09