Dos placas para un solo Rey

 

El Fòrum retira el nombre de Sus Majestades en castellano y vuelve a la inscripción en catalán

 

La placa inaugural del edificio azul del Fòrum, escrita en catalán y con los nombres de los Reyes traducidos, fue sustituida hace tres semanas por otra, pero con los apelativos en castellano, aunque mal: la reina Sofía siguió sin acento y se mantuvo la i. El Fòrum se excusa por el error y anoche volvió a reponer la placa inicial. La Casa Real negó cualquier presión para que fueran castellanizados los nombres.

 

FRANCESC PEIRÓN - 23/07/2004

BARCELONA

 

El Fòrum, que ha incorporado una gran área de juegos de todo el mundo, también ha recurrido a uno tan arraigado como el de comparar dos imágenes y detectar errores. O al menos así lo parece. La placa inaugural del edificio azul, escrita en catalán y con los nombres de sus majestades también traducidos, fue sustituida por otra, pero con los apelativos en castellano y ¡con pifias!: la Reina Sofía siguió catalanizada porque nadie se acordó del acento en la i. Anoche, la organización recuperó la placa inicial. La Casa Real negó cualquier tipo de presión para la castellanización.

 

El cambio se produjo hace tres semanas, explicó un portavoz de la organización. De esta modificación, sin embargo, no se dio información alguna, nadie se percató. Hasta ayer, cuando el equipo de TV3 que cubrió el homenaje a los atletas de los Specials Olímpics, celebrado en el auditorio principal, descubrió el canje y la errata en la traslación. A diferencia de otras ocasiones –la carísima exposición Veus mantuvo varios fallos durante semanas y es posible que aún sigan ahí– los responsables del acontecimiento reaccionaron con rapidez y sacaron la placa de inmediato.

 

Según la versión oficial, la inscripción inaugural se hizo sobre una pieza de acero fundido que pesaba mucho. Ante el temor de que se desprendiera de la pared del hall del edificio escultura –la perla del recinto–, el cuadro de mando del 2004 decidió retirarla y sustituirla por otra de fibra, mucho más ligera y fácil de sujetar. En ese tránsito, alguien de dentro –como le definió el citado portavoz– impuso la tesis de que los nombres de sus majestades debían ir en acepción original, es decir, en castellano. “A este rigorismo –añadió este interlocutor– se sumó el hecho de que se hizo mal la traducción, que pasó todos los controles sin que nadie lo viese”.

 

Cuando las imágenes de televisión pusieron al descubierto el entuerto, la dirección se reunió para tomar una decisión. Además de dejar de exhibir el error, se consultó los principios establecidos en el protocolo de la realeza y se llegó a la conclusión de que la traducción de los nombres de los Reyes al catalán, o a cualquiera de las otras lenguas oficiales, está aceptado. Es una manera de plasmar la proximidad entre sus majestades y sus súbditos. Otras placas en otros inmuebles de Barcelona o nombre de calles y plazas –la del Rei Joan Carles I o el paseo Joan de Borbó– demostraron que se había producido un exceso de celo, y más a la vista de que la Casa Real manifestara que jamás pidió el cambio de idioma.

 

La última vuelta de tuerca se produjo a última hora. Inicialmente, la organización anunció que durante unos días habría un espacio en blanco, el tiempo suficiente para que se hiciera otra placa. Pero al final se optó por recuperar la que el rey Juan Carlos –o Joan Carles– descubrió el pasado 8 de mayo. Eso sí, con refuerzos para que no se caiga.

 

 

La Vanguardia, Miércoles 21 de julio 2004