Nombre en el Diccionario
de la Biblia
Nombre. (I) NATURALEZA. Según la concepción antigua y primitiva, el n. no es sólo lo que designa, caracteriza y distingue de
los demás a su portador, sino además un elemento esencial de su personalidad. Lo
que no tiene n. no existe (Eclo 6,10; Enuma elis 1,1, cf. AOT 109). Un hombre sin n. es insignificante y
despreciable (Job 30,8). Domina por eso la creencia de que el
n. responde a la naturaleza o por lo menos a las cualidades del que lo lleva
(«porque es lo que su n. significa»): ISam 25,25; nomen est omen). Por
esta estrecha relación entre el n. y quien lo lleva se explican diversas expresiones.
(A) E1 n. es como el doble de la persona;
donde está el n., está también la persona (Jer 14,9: «Porque tú, Yahvéh, estás
en medio de nosotros y tu n. ha sido invocado sobre nosotros»). El n., por consiguiente, puede sustituir a la persona (Núm 1,2-42 Ap 3,4 11,13).
B) Si el n. de alguien es invocado o pronunciado
sobre una cosa, ésta queda íntimamente ligada con la persona nombrada y llega
a convertirse en propiedad suya. Si el n. de Yoab se hubiera pronunciado sobre la ciudad de Rabbá, que había ocupado, le hubiera pertenecido a él (2Sam
12,28). Siete mujeres desean que el n. de un hombre
sea pronunciado sobre ellas, e.d., lo desean por
señor (ba'al:
esposo; Is 4,1). E1 que escribe el n. de Yahvéh sobre su mano se declara partidario de Él y le
pertenece (Is 44,5, cf. Ap 13,16s 14,9, etc.; 7,2 9,4 14,1 22,4). El rey de Egipto
cambia el n. y, por lo tanto, la personalidad de su vasallo, el rey de Judá, con lo cual expresa su prerrogativa de soberanía (2Re
23,34 24,17).
(C) Si uno invoca sobre alguien el n. de un
ser poderoso, le asegura su protección. Cuando el sacerdote bendice, «pone»
sobre el pueblo el n. de Yahvéh
y entonces Yahvéh bendice efectivamente al pueblo (Núm 6,27). E1 n. de Yahvéh guarda
de todo mal (Sal 20,2 Prov 18, 10), sobre todo de
malos espíritus, y es un medio de expulsarlos (cf. Act 19, 13 Le 9,49). Se teme pronunciar el
n. de un dios irritado (Am 6,10). Los judíos de
tiempos posteriores no se atrevían en absoluto a pronunciar el
n. de Yahvéh.
(D) El que conoce el n. de una persona, tiene
poder sobre ella y puede disponer de ella a su arbitrio; de ahí que muchos
primitivos y aun algunos espíritus ocultan su n. (cf.
Gén 32,29 Jue 13,6).
(II) La fe en el poder del
n. y su conexión con su portador desempeña un papel importante en la magia y
en la superstición de todos los pueblos y de todos los tiempos y no menos en
las religiones politeístas. En éstas es indispensable conocer el n. de la
divinidad que se quiere propiciar, y la invocación bien perceptible de esta
divinidad es un elemento esencial del culto; de otra manera, no es posible
atraer su atención sobre el orante (cf. IRe 18,26-28) o pedir su ayuda. Un eco de esta costumbre es
la antiquísima expresión por la que en la Biblia se indica la adoración o culto
de Yahvéh: «Invocar el n. de Yahvéh»
(Gén 4,26 12,8 13,4, etc.).
(III) De estas ideas o concepciones proceden
numerosos modos de hablar del AT y NT, como jurar (ISam
20,42), bendecir (2Sam 6,18 Sal 129,8), maldecir (2Sam 2,24), obrar milagros (Mt
7,22 Mc 9,39, cf. Act 3,6 4,10), expulsar demonios (Mc
9,38 16,17, cf. Act 19,13),
orar (Jn 14,13s 15,16, cf. Act 9,21), bautizar (Act 2,38
10,48) «en el nombre de Dios o de Jesús», e.d.,
invocando el n. de Dios o de Jesús, o bautizar «para el n.» de
uno (είς
τό όνομα: Act 8,16
19,5 Mt 28,19 ICor 1,13.15),
e.d., consagrar o incorporar a alguien por el
bautismo a aquel cuyo n. se pronuncia al conferirlo. Se profetiza (Jer 11, 21 14,14s), se habla (Éx
5,23 Dt
18,19), se envía (Jn 14,26), se viene (Mt 23,29 24,5 Jn 12,13, cf. Sal 118,25) o se recibe (Mt
18,5), etc. «en el nombre» de Dios o de Jesús, e.d.,
como representante o por mandato de Dios o de Jesús. → Nombre de Dios.
(IV) Sobre la forma y significación de los
nombres propios, → nombres topográficos, → nombres de persona.
Bibl.: W. HEITMÜLLER,
Im Namen Jesu (Gotinga 1903).
A.T. ROBERTSON, Our Lord's Command to Baptize (Expositor 1919, 111-127). M. DE JONGHE, Le baptême au nom
de Jésus d'après les Actes des Apôtres (EThL, 10, 1933, 647-653). H.W. Obbink,
De magische beteekenis van
de naam inzonderheid in het onde Egypte
(
Nombre de Dios. (I) EN EL AT Dios es designado con
distintos nombres (→ El, → Elohím, →
Sadday, → Yahvéh);
pero el nombre propio del Dios de Israel es Yahvéh.
Según Éx 3,13s, Dios reveló a Moisés su →
nombre y, con él, su naturaleza, su poder y su fidelidad para con su pueblo. De
ahí que este n. de D. ocupe un puesto central en la
vida religiosa de Israel. E1 israelita ora, jura, bendice, maldice, lucha y
vence «en el nombre de Yahvéh», e.d.,
invocando este nombre (Gén 4,26 13,4, etc. ISam 20,42 2Sam 6,18 2Re 2,24 ISam
17,45 Sal 20,6.8, cf. ThW
v, 258-261). Yahvéh
está presente y presta su ayuda en todo lugar que Él haya elegido para que allí
sea invocado su nombre (Éx 20,24). E1 que invoca el
nombre de Yahvéh, sabe que puede contar con la
presencia y ayuda de Yahvéh. Con eso no piensa el
israelita, como otros muchos pueblos, que pueda forzar para algo a su Dios;
sabe que el abuso del nombre de Yahvéh, p.ej., en las fórmulas mágicas, está rigurosamente
prohibido (Éx 20,7).
Como quiera que el nombre es la expresión
completa de la importancia de la personalidad (un hombre de nombre es un
hombre de autoridad o viso: Gén 6,4 Núm 16,2), el nombré indica frecuentemente la →
gloria de Yahvéh (p.ej. Éx 9,16 Jos 7,9 9,9 ISam 12,22 2Sam
7,26 Is 55,13 Jer 14,21) y
se halla en paralelo con ella (p.ej., Is 42,8 48,11 59,19 Sal 102,16). Por su estrecha
vinculación con la persona, el nombre de Yahvéh es
empleado regularmente como equivalente a Yahvéh
mismo; profanar (Am 2,7 Lev 18,21 19,12 20,3),
santificar (Is 29,23), amar (Sal 5,12), bendecir (Sal 7,18 9,3), ensalzar (Sal 34,3), etc., el
nombre de Yahvéh, significa profanar, santificar,
etc., a Yahvéh mismo. Yahvéh
y su nombre se hallan a menudo yuxtapuestos (p.ej., Is 25,1 29,23 56,6
Sal 5,12 7,18 9,3.11).
En ocasiones aparece el nombre de Yahvéh como un doble del mismo; el nombre de Yahvéh viene de lejos con cólera (Is
30,27), es una ciudad fuerte (Prov 18,10), protege
(Sal 20,2), ayuda (Sal 54,3 IRe 8,42: acerca de la
mano de Yahvéh, cf. Sal
89,25). Yahvéh hace que su nombre habite en el
templo de Jerusalén (Dt 12,5.11 14,23 16,2.6.11, cf. IRe 8,16.29 2Re 23,27) o en
la ciudad santa (IRe 11,36 14,21). Así como la mano o
la gloria de Yahvéh no es una hipóstasis, así tampoco
lo es su nombre; el nombre representa una personificación del poder de Yahvéh, que se revela a sí mismo, o expresa la idea de que
Dios, presente en todas partes, no está ligado al templo (IRe
8,27), pero lo posee, porque sobre él fue invocado su nombre (Jer 7,105.14.30, cf. Dt 28,10). En el judaísmo rabínico, «el nombre» se
convierte en denominación corriente de Dios y se emplea en lugar del →
tetragrama, el cual ya no se pronuncia (cf. ThW v, 254-261).
(II) EN EL NT, el n. de Dios designa a
Dios en cuanto se revela a los hombres; así Mt 6,9;
«Santificado sea tu nombre» e.d., que tu majestad y
perfección infinitas sean reconocidas (cf. Is 29,23 48,11 Ez 36,23 39,7 Lc 1,49). En su oración; «Padre, santifica tu
nombre», Jesús pide que el Padre manifieste su poder y majestad. «He
manifestado tu nombre a los hombres que me diste del mundo» (Jn 17,6.26) significa: Yo, tu Hijo hecho hombre, te he
hecho reconocer por mi Padre a aquellos que tú por la fe trajiste
a mí (cf.
Jn 6,37.40.44 1,18 8,19 12,45 14,7 Mt 11,27). Blasfemar el n. de Dios (Rom
2,24 Ap 16,9), el nombre del Señor (ITim 6,1) o el buen nombre que se ha invocado sobre
nosotros (Sant 2,7) significa ofender e injuriar a
Dios, que se revela a sí mismo, o al Señor Jesucristo.
Bibl.: O. GRETHER, Name und Woyt Gottes im AT (BZAW
64, Giessen 1934). F. GiESEBRECHT,
Die
alttestamentliche Schützung
des Gottesnamens und ihre religionsgeschichtliche Grundlage
(Königsberg 1901). R. CRIADO, Valor hipostático del nombre divino en el AT (EstB 12, 1953, 273-316. 345-376). Cf. también más bibliogr. en VD 34, 1956, 162). ThW v, 269-283.
Nombre de
entronización.
De la incidental aparición de dos nombres distintos para un mismo rey concluye A.M. Honeyman (JBL, 67, 1948, 12-25)
que los reyes judíos habrían tomado un nuevo nombre al subir al trono. Como
tales considera él los siguientes nombres: David (n. de entronización de Eljanán: 2 Sam 21,19), Salomón
(de Yedidyá: 2Sam 12,25), Uzziá
(de Azaryá) y Yoajaz (de
Sal∙lum).
Nombre propio, → nombre
de Dios, → nombres topográficos, → nombres de persona.
Nombres de persona. (I) Según la FORMA GRAMATICAL, pueden distinguirse:
(A) Nombres de una palabra, e.d.:
(1) Nombres que constan de una sola
palabra (p.ej, Sara = princesa).
(2) Combinaciones con genitivo (p.ej. Mattanyá = regalo de Yahvéh). En Israel han existido realmente estos nombres en
todos los tiempos, pero no han sido muy corrientes.
(B) Nombres de una frase, e.d., nombres
que constan de una frase completa. Son:
(1) Nombres de una frase nominal, formados
por la simple yuxtaposición de dos nombres (p.ej., Abimélek = el padre es rey). Estos
n. de p. son más corrientes en los primeros tiempos de Israel que en tiempos
posteriores. La posición normal en la frase nominal semítica es:
sujeto-predicado (como en el ejemplo de Abimélek). En
las formaciones posteriores se encuentra el predicado antes (p.ej., Tobiyyahu = Tobías = bueno
es Yahvéh).
(2) Nombres de una frase verbal (perfecto o
imperfecto con un nombre como sujeto suyo).
(a)
Formas de perfecto, con este orden de palabras: nombre-perfecto (p.ej., Elisamá = Dios ha escuchado). Estos
n. de p. se encuentran frecuentemente en la literatura antigua, pero se hacen
muy raras después del destierro. En cambio, hay nombres con el orden de las
palabras invertido: perfecto-nombre (p.ej, Natanyá = ha dado Yahvéh). En la época posterior se encuentran tales nombres
con extraordinaria frecuencia.
(b)
Formas de imperfecto, primeramente con el orden de imperfecto-nombre (p.ej., Ismael = oirá Dios). E1 número de estas formaciones
de imperfecto es muy grande. Son raros los nombres con el orden de palabras
invertido: nombre-imperfecto (p.ej., Elyaquim = Dios elevará).
(c)
Formas de participio (p.ej., Mesul∙lemyá
= premiador es Yahvéh); en Israel, muy raras y
tardías. → Nombre de entronización.
Evidentemente, estos nombres
pueden ser abreviados. Puede faltar el genitivo (p.ej.,
Mattan = Mattanyá = don de Yahvéh) y, en combinaciones verbales, el nombre (p.ej., Yaquim = Elyaquim = Dios elevará). También el nombre de Dios, Yahvéh, puede ser abreviado: cuando Yahvéh
es el primer elemento: Yo/Yeho; cuando es el segundo:
Ya Yahu. En qué grado la forma abreviada representa
el nombre primitivo de Dios, → Yahvéh.
II) Según el CONTENIDO se pueden distinguir:
(A) Nombres
profanos. Según la forma se trata exclusivamente de nombres de una aalabra. Su traducción en muchísimos casos sumamente
insegura. Contienen principalmente alusiones al día del nacimiento, a la
posición del hijo dentro de la familia, a características corporales (color,
estatura, fuerza física, defectos corporales y anormalidades) y a propiedades
espirituales, o expresan la alegría de los padres por el hijo en múltiples
imágenes. Finalmente, existe en Israe1 toda una serie de nombres de animales,
plantas y profesiones como n. de persona.
(B)
Nombres religiosos. Según la forma, se trata exclusivamente de combinaciones de genitivo o
de sujeto y predicado. El sujeto es un
nombre de Dios (nombres propios teofóricos), ya en la
forma de un nombre propio (El, Yahvéh, Adón, Mélek, Baal, Anat, Gad, Asim),
ya en la de un nombre de parentesco (Ab = padre, Aj = hermano, Amm = compatriota,
tío). El predicado expresa cómo el creyente se representa a Dios, nombrado como
sujeto, o qué espera de É1. Son, pues, nombres de reconocimiento, de confianza,
de agradecimiento y de deseo. Por esto representan un preciosísimo materia1
para la historia de la religión israelita, principalmente para conocer la
religión del pueblo y la piedad individual.
Bibl.: E. NESTLE, Die isyaelitischen Eigennamen nach ihrer religionsgeschichtlichen
Bedeutung (
Nombres topográficos (topónimos). Las poblaciones de
Palestina se designan:
(1) Por su situación. A éstas pertenecen,
ante todo, las composiciones con Ayin o En (fuente), Beer (pozo), Karmel (jardín), Kérem (jardín), Abel (corriente de agua), Migdal (castillo), Émek (valle), Har (monte), Nafá (monte).
(2) Por sus productos, p.ej.,
Bet-Fagué mercado de
brevas), Bet-Tappúaj
(mercado de manzanas), Abel-Hassittim (riachuelo de las
acacias).
(3) Por las gentes allí establecidas, p.ej., Somerón (= Samaría) de Sémer, Jebrón
(= Hebrón) de Jéber. Con todo, no se excluye que estas explicaciones,
basadas en la tradición israelita, sean a veces inexactas, pudiendo dichos nombres
tener un origen preisraelítico. Esto viene a
confirmar, p.ej., la terminación -on;
cf. Sidón, Asquelón.
(4) Muchos n. t.
están formados con el nombre de la divinidad allí venerada (El, Dagón, Rimmón, Sémes, Baal, Astarté). Otros nombres de lugares nos resultan oscuros,
bien porque se derivan de una lengua que nos es desconocida, o bien porque con
el correr del tiempo se han deformado, hasta hacerse irreconocibles. A veces,
las narraciones bíblicas nos dan una explicación, incluso de nombres inteligibles,
p.ej., de Babel (Gén 11,9),
Sóar (Gén 19,22), Bokim (Jue 2,5), Akor (Jos 7,26), Guilgal (Jos 5,9). Estas
explicaciones representan, las más de las veces, etiologías populares y no se
les ha de atribuir valor científico.
De muchas poblaciones se conocen dos nombres,
los cuales o significan lo mismo (p.ej., Kezib/Akzib), Bet-Peor/Baal-Peor)
o proceden de distintas épocas y tradiciones (p.ej., Yebús/Jerusalem, Jasasón-Tamar/En-Guedí, Bela/Sóar). En la época
helenística, muchos n.t. fueron sustituidos por
otros, casi siempre en honor de un fundador, protector, bienhechor o de la
autoridad civil. A este respecto baste citar Samaría/Sebaste, Sikem/Neápolis, Bet-San/Escitópolis, Rabbá/Filadelfia, Kafarsabá/ Antípatris, Jerusalén/Aelia Capitolina, Lidda/Dióspolis, Akkó/Ptolemaida, Tadmor/ Palmira, Emaús/Nicópolis, Torre de Estratón/Cesarea, Paneas/Cesarea, Filipos/Neronias, Antedón/Agripas. Los
nuevos nombres grecorromanos se han conservado no raras veces en la flexión
arábiga, p.ej., Neápolis/nablüs, Sebaste/sebastye; sin embargo; la forma más antigua aparece, por lo
general, como la más fuertemente arraigada en la conciencia del pueblo, p.ej., Rabbat - Ammón/'ammän, Bet - San/bésán, Lidda/lüdd, Akkó/'akka. A veces aceptó la nueva colonia el
antiguo topónimo y viceversa, → Tell.
Bibl.: W. BORÉE, Die alten
Ortsnamen Palästinas (Leipzig
1930) 104-112.