Los ciclos de Fliess
El otorrinolaringólogo alemán Wilhelm Fliess (1858-1928) jugó un importante papel en los albores de la teoría del psicoanálisis al sugerir a su amigo Sigmund Freud algunas de sus más decisivas ideas, en particular la del chiste y su relación con el inconsciente. La turbulenta historia de amistad-odio entre los dos personajes ha sido objeto de estudios especializados y aun de libros.
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Wilhelm Fliess y Sigmund Freud |
Si nos ocupamos hoy de él es por su singular teoría de los ciclos vitales o biorritmos, expuesta por primera vez en su monografía Die Beziehungen zwischen Nase und weibliche Geschlecthsorganen in ihrer biologischen Bedeutungen dargestellt (Las relaciones entre la nariz y los órganos sexuales femeninos desde el punto de vista biológico). Como verá el lector a lo largo de este artículo, se trata de una estrafalaria extrapolación al comportamiento humano de algunos ciclos efectivamente existentes en la naturaleza, tratados con una ficticia precisión matemática. Aunque pueda parecer mentira, fueron en su día ampliamente comentados y discutidos, y uno de sus más devotos fieles fue el propio Freud, dispuesto a adoptar a machamartillo lo que dictara su adorado mentor.
Fliess supone que la vida de las personas está regida por dos ciclos, el femenino (28 días) y el masculino (23 días). Ambos se suceden con total precisión desde la fecha del nacimiento, y el carácter de la persona viene condicionado por la predominancia de cada uno. Obviamente, el ciclo de 28 días (claramente inspirado en la menstruación) preside la vida femenina, con las características, cualidades y defectos fundamentales del sexo: sentimientos, creatividad, intuición, amor, cooperación, alegría. El de 23, la masculina, asociada a cualidades como la fuerza física, la confianza, la agresividad, la resistencia. La mayor o menor componente de cada uno determina la “ecuación vital” del individuo, pues, según Fliess, todos tenemos componentes de ambos sexos.
Estos ciclos, sucediéndose desde el nacimiento, indican el “momento vital” de cada uno. El momento de la “anulación” de la intensidad del ciclo coincide con los “días bajos” en que la energía vital se atempera; conociéndolos se estará en condiciones de permanecer alerta ante los desastres de cada momento. Viceversa, los máximos de cada ciclo corresponden a la plenitud vital, los días en que éstos aparecen son los más propensos a las grandes acciones.

En el primer gráfico tenemos dos ciclos, uno masculino y otro femenino, seguidos a lo largo de un año, aunque de diferentes intensidades. Ambos oscilas entre unas intesidades máximas y mínimas distintas y claramente puede verse en ellos el progresivo desfase entre sus períodos.

En este segundo gráfico, tenemos una superposición de los anteriores, correspondientes a un 60 % de ciclo masculino y un 40 % de ciclo femenino. Puede observarse que los máximos y mínimos del total siguen una pauta difícilmente pronosticable de antemano.
Dada la absoluta precisión matemática de los ciclos, es muy fácil calcular dichos momentos: basta con calcular los días transcurridos desde el nacimiento. Su cociente por 28 o 23 determinará el número de ciclos transcurridos, y el residuo, la situación vital del momento.
Por ejemplo, sea una mujer nacida el 12 de noviembre de 1969. En el día en que se escribe este artículo (14 de febrero de 2006), unos sencillos cálculos muestran que esta persona ha vivido hasta ahora 13243 días, que suponen 472 ciclos, con un sobrante de 27 días. Esta mujer está a punto de alcanzar su mínimo vital; hará bien en estar prevenida contra los fallos de su carácter… e incluso de los acontecimientos exteriores (accidentes, abortos), pues Fliess suponía ambas cosas interrelacionadas, lo que lo acercaba peligrosamente a actividades de tipo esotérico como la astrología o la quiromancia.
Supongamos ahora un hombre nacido el 16 de julio de 1949. Ha vivido hasta hoy 20667 días, lo que supone 898 ciclos, y sobran 13 días. Este hombre acaba de pasar por su máximo vital, que se situaría entre los 11 y 12 días del ciclo.
Embriagado por sus “descubrimientos”, Fliess completó sus teorías, añadiéndoles más y más flecos. Por ejemplo, habló de un “gran ciclo”, que en el hombre sería de 232 días, o sea 529 días (un año y medio), y en la mujer 282 días, o sea 784 días (algo más de dos años). En esos períodos se acentúan las características del ciclo, cuya amplitud suele sufrir decrecimientos a lo largo de la vida, aunque esos “grandes ciclos” suponen nuevas “tónicas medias” más altas o más bajas. Por supuesto, también cabría hablar del “hiperciclo”, que en el hombre sería de 233 = 12167 días, que se alcanza cada 33 años y 4 meses (muy raro será vivir más de dos de esos “hiperciclos”). En la mujer, todavía peor, su hiperciclo es de 283 = 21952 días, y terminará de vivir el único de su vida al alcanzar los 60 años y un mes.
Todavía más: sus seguidores acabaron “descubriendo” el llamado “ciclo intelectual”, asociado a las cualidades comunes a ambos sexos: inteligencia, memoria, concentración, rapidez mental. El nuevo valor sería de 33 días.
Fliess, cuyos conocimientos matemáticos no pasaban de la aritmética elemental, llenó sus artículos y libros de tablas con esos valores e hizo el peregrino “descubrimiento” de que cualquier número era expresable como suma o diferencia de algunos ciclos de 23 y 28 días. Por ejemplo, 609 = 23·35 – 28·7[1]. Es decir, que 609 iguala 35 ciclos masculinos menos 7 femeninos. En realidad, la teoría de números muestra que a partir de un valor determinado, cualquier número es expresable como combinación lineal positiva (suma de dos múltiplos positivos) de 23 y de 28 o de otra pareja cualquiera de números primos entre sí (a cargo del lector: ¿cuál es el mayor número no expresable como combinación lineal de 23 y 28?).
Podemos seguir con fantasías de este tipo, aunque merece la pena fijarnos en una de ellas, relativa a la pareja. Es obvio que los momentos de mayor sintonía se producirán cuando los máximos de ambos coincidan. Serán días adecuados para hacer cosas juntos, desde empresas comunes hasta el amor. En cambio, habrá que tener cuidado cuando coincidan sus respectivos nodos: el peligro de riñas acecha.
He aquí una sencilla regla para hallar los días de coincidencia de máximos. La estableceremos para el caso usual en que el varón es mayor que la mujer[2].
1. Calcúlese la diferencia en días entre los nacimientos de ambos, que llamaremos D.
2. Hállese el producto 9·D.
3. Hállese el residuo de dicho producto al dividirlo por 23.
4. Este residuo indica el número de ciclos de la mujer cuyo mínimo coincidirá con un mínimo de ciclos del varón. Bastará con multiplicarlo por 28 y sumarlo a la fecha del nacimiento de la mujer para hallar el día del primer “mínimo común”.
5. Los sucesivos mínimos se producirán cada 644 días (es el producto 23·28).
Ejemplo: Sea el nacimiento del varón el 7 julio de 1964, y el de la mujer, el 23 de abril de 1968.
1. Diferencia de días entre ambos nacimientos: 1386.
2. 9·1386 = 12474.
3. 12474/23 = 542; el residuo es 8.
4. Por tanto, desde el nacimiento de la mujer hasta el primer “mínimo común” han transcurrido 8 ciclos femeninos, o sea 8·28 =224 días. En otras palabras, el primer “mínimo común” se produce el 3 de diciembre de 1968.
5. Los restantes, cada 644 días: 22/06/1970, 09/01/1972…
¿Y los máximos? En primer lugar hallaremos el “primer máximo” del varón (11 ó 12 días después de su nacimiento) y de la mujer (14 días después de su nacimiento) y partiremos de esas cifras como si fueran “segundos nacimientos”, dándoles el mismo tratamiento matemático anterior. En el mismo ejemplo que hemos visto, el primer “máximo común” se produce el 08/04/1969, y los siguientes, cada 644 días.
¿Y el “ciclo intelectual”? Observemos que una triple coincidencia de máximos o de mínimos sólo se producirá cada 23·28·33 = 21252 días, o sea 58 años. No es de esperar más que una como mucho en toda la vida de la pareja.
JMAiO; BCN, feb 06