¿DE UNA SOLA
PESADA?
Introducción a
la Ponderística, o arte no relativista del bien pesar.
José Antonio de Echagüe
A los viejos problemas les
ocurre lo que a los viejos soldados, nunca mueren. Pero a diferencia de aquellos no se
desvanecen lentamente, sino que periódicamente se reciclan.
Hace poco el profesor de “mates”
de mi hijo menor, planteó a sus
alumnos el viejo problema: un antiguo
tirano siracusano exigió so pena de muerte a su tesorero averiguar con una sola pesada qué saco, de 20 dados - conteniendo numerosas
pero no importa cuantas monedas de un libra cada una - guarda monedas falsas o
defectuosas de, por ejemplo, 0,90 libras
la pieza.
La solución, que mi hijo se
sorprendió ingenuamente le diese yo de inmediato, es conocidísima de antiguo,
como sabemos: una vez alineados y numerados los sacos, basta sacar una moneda
del primero; dos de segundo, tres del tercero, y así hasta el último. La pesada
de las monedas y un elemental razonamiento dan la posición exacta del saco con
monedas defectuosas. Es de agradecer que
todavía existan profesores que hagan ver a sus alumnos que la matemática no es
solo un medio de cálculo, sino antes de todo una forma de pensar, o mejor de
aprender a pensar.
El volver a comentar este
problema me sugirió si no sería posible complicarlo un poco. El problema
original da como datos el número de sacos; el peso de las monedas “buenas” y el
de las “defectuosas”, ofreciéndonos una sola pesada para resolverlo. Supongamos
ahora que se nos dice que existe un número n de sacos conteniendo monedas de
peso desconocido. En uno de los sacos las monedas son defectuosas y a cada una le falta, o le sobra, algo de
peso, igual para todas las defectuosa. ¿Sería posible,
en estas condiciones, determinar en qué saco están las piezas defectuosas de
una sola pesada?.
Siempre que nos den el valor de la diferencia
de peso entre una moneda buena y las defectuosas, existe al menos una
solución bastante simple, con una sola pesada, que únicamente requiere
que den libertad de elegir el tipo de
balanza en el que efectuarla.
Se supone que disponemos de
una balanza con dos platillos y graduada, es decir que permite conocer la
diferencia entre los pesos colocados en
cada uno de aquellos, aunque no sepamos el peso correspondiente a dada uno.
La única pesada que se nos
permite la realizaremos de la siguiente forma. Alinearemos los n sacos
numerados del 1 al n . En el platillo A colocaremos
una colección de monedas compuesta por una del saco 1; dos del saco 2,....y n
del saco n.
En el platillo B
colocaremos otra colección similar pero elegida de forma inversa; 1 moneda del
saco n; 2 monedas del saco n-1;...y n
monedas del saco 1. Evidentemente se supone que en cada saco no hay menos de
n+1 piezas.
El fiel de la balanza
señalará la diferencia entre las dos
pesadas P(a) – P(b) = D, diferencia que puede ser
positiva o negativa naturalmente. Con unos sencillos razonamientos llegamos
a concluir que
P(a) –P(b) = D = - d.
x + d.(n-x+1) = d.(n-2x+1)
Expresión en la el significado de cada símbolo
es el siguiente:
·
d. diferencia de peso entre una moneda “buena” y una
moneda “defectuosa” ( positiva o negativa).
·
n.
número de sacos.
·
x.
Posición del saco defectuoso contando desde la izquierda.
La anterior expresión nos
dice que, como era de esperar, la diferencia D es un múltiplo entero de d. De
lo anterior resulta la posición en la
fila, empezando por la izquierda ocupada por el saco de monedas defectuosas.
x = ½ ( D/d +n +1)
Que permite conocer la
posición x en cuanto la pesada en nuestra balanza nos dé la
diferencia D. Si se nos informa que dados 10 sacos, y que d = 0,5 grs.,
al obtener por la pesada descrita D = -2,5 grs., automáticamente sabremos que
el saco con monedas defectuosas es el que ocupa la posición 3ª,contando por la izquierda. En efecto:
x = ½ (-2,5/0,5
+ 10 +1) = 3
Con este procedimiento
mejoramos de forma clara la eficiencia de la única pesada permitida, ya que
ésta nos permite dar con la solución conociendo únicamente el valor de d, aún
cuando desconozcamos a priori el peso de las monedas tanto buenas como
defectuosas
Pienso que aún podríamos
intentar mejorar nuestra medición, en el sentido de calcular la posición
buscada con menos datos. En realidad, en
muchos casos ni siquiera necesitaremos conocer de forma precisa la diferencia
entre monedas “buenas” y “malas” (d). Consideremos que deben cumplirse las
siguientes condiciones:
1º) La fracción D/d debe ser un número entero
-comprendido entre( –1) y (+n-1) - cuya paridad viene
determinada por la de n. Si el número de sacos es par/impar, entonces el número
D/d, deberá ser impar /par
2º). Además existe una
relación obvia entre los signos de D y d, que depende de la posición x , según la siguiente tabla ( x< ó > 1/2n, significa
que x está a la derecha o a la izquierda del “centro” de la línea de sacos)
|
x>1/2n d>0 D>0 |
x centro D= 0 |
x<1/2n d>0 D<0 |
|
x>1/2n d<0 D<0 |
x centro D=0 |
x<1/2n d<0 D>0 |
Supongamos que el famoso
Tirano de Siracusa nos presenta una fila de diez (n =10) sacos. Indicándonos
que en uno de ellos las monedas son defectuosas con un cierto error de acuñación desconocido (d) sobre las correctas que llenan los otros
nueve sacos, y no nos dan más datos. Con
la balanza que conocemos y una sola pesada nos conmina a decir sin error cuál
es el saco en cuestión, so pena de sabrán los dioses que horrendos castigos
Efectuada la única pesada
autorizada, tal y como hemos descrito, resulta que P(a) – P(b)
= D = +13,8grs.
Descomponiendo este resultado en factores
resulta: 13,8 = +/- 2,3 x 2 x 3 . Para que el cociente
D/d = 13,8/d arroje un número entero los valores posibles de d serán
2,3 x 2= 4,6;
que lleva a 13,8/4,6 = +/- 3
2,3x3 =6,9; lo que supone que 13,8/6,9 = +/-2
Pero de estos dos valores
sólo el primero es compatible con las restricciones señaladas, ya que al ser n
=10 un número par entonces la fracción D/d debe ser un entero impar. Por lo
tanto las únicas alternativas válidas para d son +4,6 y –4,6
, lo que nos da dos posibles posiciones:
x(-4,6) = ½
(13,8//-4,6 +10 +1) = 4
x(+4,6) = ½ (13,8/+4,6 +10 +1) = 7
Por supuesto ambos valores
cumplen la restricción 2ª. El primero corresponde al caso de la casilla
inferior derecha, y el segundo, simétrico, corresponde a la casilla superior
izquierda. Observemos que a cada pareja de valores +/-d corresponden parejas de
posición x cuya suma vale n+1. Evidentemente el caso D = 0 corresponde al caso en que, para n impar, el
saco defectuoso ocupe justamente el centro de la alineación. En este caso
particular no necesitaremos dato alguno para señalar sin error el saco en
cuestión, pero no podremos conocer qué valor tenga la diferencia entre monedas
“buenas” y “malas”.
(En realidad podríamos
descomponer 13,8 de otras formas; p .e. 23x0,2x3 : ó
0,23x2x30. pero con estas factorizaciones, si no son prácticamente equivalentes
a las anteriores, no lograremos un cociente D/d con valor entero de valor
absoluto inferior a n-1, que nos impone la restricción 1ª)
Volviendo a nuestro
ejemplo, vemos que sin contar por tanto con ningún dato, ya podemos limitar a
dos las posibles posiciones buscadas. Si nos arriesgamos a dar una respuesta la
probabilidad de acertar sería del 50%, que no está mal, teniendo en cuenta que
partimos de una total ignorancia de datos.
Si, postrados a los pies
del Tirano, éste se aviene a darnos un dato más: a saber: el defecto de las
monedas es un menor peso, la posición quedaría en tal caso unívocamente
determinada: el saco con monedas defectuosas es el número 4. De paso averiguamos que el déficit de peso de
cada una de las monedas “malas” es de –4,6 grs. aunque no tengamos la menor
idea del peso absoluto de las monedas.
Es decir con este proceso
de pesada basta conocer, en nuestro ejemplo claramente preparado, el signo de d para resolver el problema
Evidentemente no será difícil plantear el problema con datos tales que los
divisores válidos de D sean dos
únicamente (iguales con signos +/-), con lo que será suficiente conocer el
signo de d. Pero puede ocurrir que D tenga varios divisores válidos, lo que
complicará el asunto, y haría preciso conocer algún dato más, como por ejemplo
una acotación de valores posibles, o algo parecido.
Estos resultados nos indican que la elección
de una determinada forma de pesada nos proporciona un dato (D) que contiene
mucha información. Esto puede ser algo más que un juego; en casos en que la
experimentación, o la medida, es complicada o costosa,
es fundamental obtener, con pocas mediciones, datos ricos en información
implícita,
Las cuestiones que se
suscitan son:
·
Datos mínimos que
deberíamos conocer de d para que el problema quede resuelto con carácter
general.
·
¿No existirá una
forma de pesada más eficiente que la que proponemos, que nos proporcione un
dato con aún más información?
·
¿Y si hay más de
un saco con monedas defectuosas, cuántas pesadas deberemos efectuar como
mínimo?
JAE. Donostia,
agosto 2.003
NOTA.
Evidentemente el Tirano
no advierte que conocemos el sistema métrico decimal, lo que para nuestros
propósitos es del todo irrelevante El escritor Agustín de Foxá llegó a decir,
ridiculizando los encendidos discursos en pro de la Constitución de la II
República, que eso de dar la vida por la Constitución le parecía algo así como
inmolarse por el sistema métrico decimal (s. m. d). Pues bien hace algún tiempo
leí que un comerciante del Reino Unido había preferido ir a la cárcel antes de
ajustar sus pesos y precios al dichoso sistema, manteniendo en solitario el
vetusto sistema británico de pesas y medidas. Es decir que pese a la ironía de
Foxá el s.m d. no tendrá mártires, pero quizás empiece a causarlos.