En torno a la conjetura de Viaña
«Debieras
hacerme saber cuando te dedicas a pensar en matemáticas, porque mientras tú vas
sumando mentalmente números primos yo te voy restando, también mentalmente,
cualidades.»
Advertencia de Isabel, mi mujer, que sufre mal
mis tránsitos matemáticos.
Declaro sin pudor que la teoría de números, la reina
de las matemáticas como la calificara Gauss, siempre me ha parecido esquiva y
desagradecida, y nunca he dejado de tener la convicción de que, si alguna vez
me interesara de veras por los números primos, no tardaría en perder mujer,
hijos y amigos, y que terminaría mis días vistiendo harapos y sin haber
conseguido probar nada. Así que los números primos, ni verlos, me prometí a mí
mismo desde muy pronto. La consecuencia es que a estas alturas carezco de
número de Erdös pero a cambio puedo comprar cada mañana el periódico sin temor
a sufrir la hostilidad del perro del vecino o, lo que sería peor, de su perro. Pero
hete aquí que el artículo de Jorge (José A. J.) Viaña (Carrollia 89, página 15)
ha conseguido pulsar alguna cuerda resonante en mi interior y me ha motivado
algunas consideraciones, que ahora siguen.
Recordemos que nuestro amigo parte del cuadrado
mágico formado por primos (hallado por Henry Dudeney en 1917):
|
67 |
1 |
43 |
|
13 |
37 |
61 |
|
31 |
73 |
7 |
y que, disconforme con la heterodoxia que implica la
presencia del número 1 con pretensión de primo, plantea dos cuestiones:
1.- En primer lugar, intenta obtener otro cuadrado
mágico sumando una constante (que demuestra que solamente puede terminar en 0 o
en 6) a cada uno de los elementos del cuadrado original. Con la ayuda de una
tabla de números primos que alcanza hasta 55.079 comprueba que ello no es
posible. Invita a los lectores a proseguir el intento o a demostrar que no existe
un cuadrado tal.
2.- Conjetura que
A) el objetivo es imposible, y
B) que ello es debido a la presencia del número 1
como elemento integrante del cuadrado.
Seguramente le gustará saber a Jorge que su conjetura
es cierta (en cuanto al punto 2.A) y que admite una fácil demostración. Se
observa que el resto módulo 7 de los elementos del cuadrado mágico recorre el
rango completo posible: es 0 para 7, 1 para 1 y 43, 2 para 37, 3 para 31 y 79,
4 para 67, 5 para 61, y 6 para 13. En consecuencia, el resto módulo 7 de
cualquier constante que se sume a los elementos del cuadrado complementará
necesariamente a cero (en aritmética modular) al resto módulo 7 de alguno de
los elementos originales del cuadrado, dando siempre como resultado al menos un
número compuesto, que será divisible por 7. Así, por ejemplo, si la constante a
sumar es 2346, al ser 2346 ≡ 1 (mod 7) se tendrá 2346 + 13 ≡ 0 (mod
7), y el elemento derivado del 13 es compuesto, al ser congruente con cero
módulo 7. La conjetura (punto 2.A), queda así confirmada.
Esta circunstancia, y no la presencia del número 1 en
el cuadrado (sugerencia 2.B), es la razón de que no sea posible obtener un
cuadrado mágico formado por primos a partir del propuesto mediante el
procedimiento de sumar una misma constante a cada uno de los elementos
iniciales.
En cuanto a la resistencia de Jorge a conceder carta
de ciudadanía a la unidad como número primo, nos inclinamos de su parte, pero
conviene hacer un par de consideraciones:
a) Hubo un tiempo dilatado durante el cual
el número 1 se contaba entre los primos sin consecuencias traumáticas; este
periodo se prolongó hasta inicios del siglo XIX, siendo Henri Lebesgue uno de
los últimos matemáticos insignes que consideraron la unidad número primo. Por
otra parte, gran cantidad de trabajos sobre los primos no pierden su validez
por el hecho de incluir al 1 entre los mismos.
b) La comunidad matemática está en
general de acuerdo en que la exclusión de la unidad del campo de los primos es
meramente un convenio debido a razones de comodidad, para evitar tener que
establecer salvedades en muchos casos. Históricamente la razón principal se
debió al teorema fundamental de la aritmética, que necesita excluir al 1 para
que resulte única (con independencia del orden) la descomposición de un número
en factores primos. Este convenio adquirió carácter de definición, en virtud de
la cual el número 1 no es primo ni compuesto.
Pero si hemos de buscar razones más profundas que
apoyen la idea de Jorge de que la unidad no es primo por alguna característica
estructural, habría que atender a la evolución de la aritmética hacia esquemas
formales de nivel de abstracción creciente, en cuyas formulaciones la unidad se
destaca como un elemento que ocupa un lugar separado a la vez que privilegiado.
En las aludidas generalizaciones se destacan clases de números llamados unidades que son los elementos que
tienen un inverso multiplicativo; sucede así con (1,-1) en los enteros y con
(1,-1,i, -i) en los enteros gaussianos. En ciertos sistemas numéricos hay
infinito número de unidades. Es pues la matemática moderna es la que concede un
lugar separado a la unidad. En los anillos numéricos (suma, resta y producto)
la clase de las unidades cobra especial importancia y emerge antes de que se
pueda definir el concepto de primo. No es difícil hallar definiciones del tipo
Un
elemento p del anillo D, no cero y no
unidad, se llama primo si no puede descomponerse en factores p = a b,
ninguno de los cuales es una unidad en D
o bien de este otro
Se
definen como primos los elementos irreducibles de cualquier dominio integral.
Para el caso del anillo Z de los enteros, el conjunto de los elementos primos
es el de los elementos irreducibles {...−11, −7, −5,
−3, −2, 2, 3, 5, 7, 11, ...}.
No es que acabe ahí la cosa, pero esperamos que sea
suficiente para conceder que en la matemática moderna la unidad ocupa un lugar
aparte en relación con los primos, lo que dicho sea de paso da la razón a las
consideraciones de Jorge en este sentido.
En lo que lamentamos no estar de acuerdo es con la
afirmación que hace nuestro amigo acerca de que el método de la criba
de Eratóstenes es el único conocido para determinar números primos. Por
supuesto es un método posible, y de hecho es seguramente el más eficaz para
encontrar números primos pequeños (pequeños relativamente al orden de los que
se manejan en el estado actual de la disciplina), ya que emplea solamente sumas
y operaciones de cambio de estado de elementos de un vector de variables de booleanas
(cierto o falso, al coste de un único bit de memoria), pero para números de
treinta o más cifras resulta un sistema muy lento.
Otro algoritmo posible, por ejemplo, es el que se
conoce con el nombre de prueba por división, tan simple que podría calificarse de
ingenuo: consiste en dividir por 2, 3, 3 + 2 k (k = 1, 2, ...) hasta superar la
raíz cuadrada del número cuyo carácter primo se comprueba (o hasta que el
cociente exceda al divisor). Se gana algo probando, a partir de 3, con 6 k ± 1,
(k = 1, 2, ...) porque se evitan algunas comprobaciones. Este sistema es desde
luego más lento que el cribado para producir primos, pero resulta más adaptable
a la comprobación del carácter primo de un número particular. Con este sistema
un PC ordinario puede identificar y contar los primos hasta cien millones en cuarenta
minutos; para llegar a los mil millones ya son necesarias 18 horas y media (AMD Sempron™
processor 3000+, 1,81 GHz.). Con
este método y haciendo uso del que actualmente parece ser el lenguaje de
programación más prometedor de consentirlo Microsoft, el Ruby, hemos
determinado el carácter primo del número repuno de orden 19, formado por
diecinueve unos, pero este número de cifras marca el límite de lo posible
mediante este procedimiento.
La determinación del carácter primo de un número (lo que en inglés se conoce como primality) es un campo al que se ha dedicado especial atención a partir de la década de los años setenta, cuando los números primos de gran tamaño se constituyeron en piezas clave para los sistemas de criptografía más avanzados. Varios de los algoritmos para la determinación del carácter primo de un número se basan en el llamado pequeño teorema de Fermat o en variantes del mismo. El 6 de agosto de 2002 Manindra Agrawal, Neeraj Kayal y Nitin Saxena, del Instituto indio de Tecnología de Kanpur, hallaron un algoritmo determinista (AKS primality test) para el que demostraron que el tiempo de resolución es una función polinómica del número de dígitos del número cuyo carácter primo se indaga, lo que garantiza que dicho tiempo no se desorbita con el aumento del número de dígitos.
Si se tiene a mano un ordenador
personal con la aplicación Mathematica
no es difícil hacerse una idea de los enormes progresos que se han realizado en
los algoritmos para la determinación del carácter primo de un número. La
petición
PrimeQ[31415926535897932384626433832795028841]
en la que el número planteado
está formado por las 38 primeras cifras del número π, da True como respuesta inmediata,
verificando que dicho número es primo. Pero podemos ir más allá: el repuno primo
que sigue al de orden 23 tiene 317 cifras, y si nos atrevemos a plantear
PrimeQ[(10^317 - 1)/9]
de nuevo la respuesta True se obtiene instantáneamente.
P. Crespo, julio 2006