EL TRIÁNGULO ALEATORIO

 

Fue Mariano Nieto, de Madrid, quien propuso por vez primera en estas páginas el problema que llamaremos “del triángulo aleatorio”: elegido al azar un triángulo en el plano, ¿cuál es la probabilidad de que sea obtusángulo? En [C-55] el mismo Mariano ofrecía su solución: p = 0,75. Por mi parte ataqué el problema desde otro ángulo, y llegué a la sorprendente conclusión de que esa probabilidad era… ¡uno!

Más carrollistas se sumaron a la tertulia sobre el triángulo. José Ángel González Rodríguez (Josechu), de Tudela, aportó una variante del problema, considerando el caso en que el triángulo estaba inscrito al azar en una circunferencia, de lo que resultaba una probabilidad de 0,75.

No doy más detalles sobre estas soluciones, que hallaréis en los correspondientes [C]. Por mi parte volví a la carga aplicando el método de Monte-carlo a un triángulo contenido en el interior de un cuadrado, cuyo lado se podía hacer crecer indefinidamente. Nuevo resultado desconcertante: la probabilidad resultó ser casi cero.

¿Qué hacer, a dónde dirigirse? El intercambio por e-mail comenzó con Miguel A. Lerma, actualmente en Houston (Texas, USA), quien aportó su punto de vista:

 

El resultado depende de cómo se «genere» el triángulo en cuestión. No hace mucho vi un razonamiento que decía más o menos lo siguiente: genérese el triángulo y colóquese sobre su lado más largo, que llamaremos AB y cuya longitud tomaremos como unidad de medida. El tercer punto estará en la intersección de sendos semicírculos trazados con vértice en A y en B y radio AB = 1. La zona donde debería estar C para que el triángulo fuera obtusángulo es un semicírculo con centro en el punto medio de AB y radio 1/2. Las áreas respectivas son: la de la ojiva p/3 - Ö3/4, y la del semicírculo p/8. La razón de áreas es = 0,6394..., y ésa será también la probabilidad si el triángulo se genera de modo que la posición del tercer vértice tenga una distribución de probabilidad uniforme sobre la ojiva.

El resultado depende de la hipótesis de que la posición del vértice opuesto al lado más largo se distribuye con probabilidad uniforme sobre la ojiva. Alguna hipótesis de este estilo es necesaria porque no es posible tomar al azar tres puntos (o incluso un solo punto) con probabilidad uniforme sobre un plano infinito.

 

Sobre el problema de Josechu, dijo Miguel Ángel:

 

Me parece que el problema es equivalente al de la probabilidad de que al colocar tres patas al azar en una mesa circular ésta no se sostenga de pie. Si recuerdo correctamente, para n patas la probabilidad es  (generalmente en este problema se pide la probabilidad de que la mesa sí se sostenga, la cual es igual a ).

 

El problema resultaba ya curioso por la contradicción entre algo tan intuitivamente posible como parece que es “tomar un punto al azar” en un dominio infinito y la dificultad de plasmar esto en ecuaciones. Mi profesor de estadística en la Escuela de Caminos, para ilustrar que la “probabilidad cero” no es lo mismo que la “imposibilidad”, usaba precisamente este ejemplo: “Si pinchamos la recta en un punto dado, ¿cuál es la probabilidad de que éste tenga, por ejemplo, abscisa 1?” La probabilidad es obviamente cero, pero lo mismo podría decirse del punto que resultará elegido.

Todo esto parece indicar que es posible “elegir un punto al azar”, con probabilidad uniforme, sobre una recta o un plano. Una manera intuitiva de llegar a ello sería como límite de elegir el punto en un segmento o en un cuadrado progresivamente mayores, pero… mi gozo en un pozo en cuanto vi la contradicción antes apuntada al aplicar el método de Monte-carlo.

Miguel Ángel concluyó:

 

Entiendo la idea de identificar una distribución uniforme en un dominio infinito con una especie de límite de distribuciones uniformes en dominios acotados de tamaño creciente, pero eso tiene un problema: el resultado puede depender de la forma de los dominios acotados.

Considera por ejemplo la probabilidad de que al elegir un segmento al azar éste resulte estar inclinado menos de 45º respecto a la horizontal. Si tomas dominios en forma de rectángulo, el resultado va a ser independiente del tamaño del rectángulo, pero sí va a depender de su relación base/altura. Por ejemplo, si los rectángulos son bajos y alargados la probabilidad va a salir cerca de uno, pero si son estrechos y altos entonces la probabilidad será próxima a cero.

 

Creo que este ejemplo es definitivo, e ilustra muy claramente la precaución que hay que usar cuando se dicen cosas como “Tomemos tal figura (o tal número) al azar…”.

 

                                                                                                JMAiO, feb 98