UN ASPECTO DE LA TEORÍA DE LA DECISIÓN:
En
los manuales clásicos los problemas de comparación entre alternativas de
probabilidad distinta se resuelven a través de la determinación de la esperanza
matemática: importe de un premio multiplicado por la probabilidad de alcanzar
éste, E = pM, siendo M la masa del premio. En términos más
familiares, la esperanza matemática representa la ganancia media al cabo de
muchos intentos de conseguir el premio.
Por
tanto, la decisión sobre las distintas alternativas a elegir se tomará sobre la
base de la comparación de las esperanzas matemáticas vinculadas a dichas
decisiones.
Sin
embargo, aquí vamos a ocuparnos de un aspecto poco estudiado: la decisión
cuando el número de ensayos es reducido, o incluso uno solo. Es bien sabido que,
muy especialmente en este caso, no juegan solamente los factores matemáticos,
sino también otros subjetivos imposibles de cuantificar.
Empecemos
con un ejemplo sencillo. Desde el punto de vista estadístico, es lo mismo ganar
con toda seguridad 50.000 de € que tener la probabilidad del 50 % de un premio
de 100.000 de €. Sin embargo, es claro que muchas personas, probablemente la
mayoría, preferirían la primera alternativa.
Podríamos
preguntarnos por la cantidad “segura” que dejaría indiferente a un jugador que
pudiera elegir entre ella y la probabilidad del 50 % de las 100.000 €, y
obtendríamos resultados variables individualmente y según el medio social. A título
de ejemplo, efectuadas algunas encuestas entre personas de la clase media, se
han obtenido, con amplias dispersiones, valores del orden de los 25.000 €.
Este “afán por lo seguro” se
modera cuando el jugador ve la consecución de los 100.000 € como bastante
probables. Por ejemplo, para una probabilidad del 90 %, se hace preciso ofertar
cantidades “seguras” del orden de las 80.000 €.
Pero
ocurre lo contrario cuando el individuo
es enfrentado al premio con probabilidades pequeñas. De hecho, muchas
personas podrían preferir la probabilidad de un 1 ‰ de obtener 100.000 € a 100 €
seguros. El hecho frecuente de participar en una lotería cuya esperanza
matemática es inferior al coste de participación demuestra que una esperanza
matemática pequeña es preferida a su cantidad equivalente.
Vemos,
pues, que el individuo “irracional” se inclina por lo seguro con una tendencia
variable según la probabilidad del premio.
Pero,
para complicar más el caso, estas “tendencias a lo seguro” variarían también con el importe absoluto del premio. Pues si en
vez de comparar 50.000 € con el 50 % de 100.000 € comparáramos 5 € y el 50 % de
10 €, la mayoría de la gente se mostraría indiferente entre ambas alternativas.
Es inmediato sospechar que las cuantías involucradas tienen relación con la
familiaridad con los importes respectivos para el jugador.
Vamos
a definir el concepto de “esperanza matemática subjetiva” (Ems) como el importe “seguro” que se equilibra con una
probabilidad dada en las preferencias de un individuo. Análogamente podemos
definir la “probabilidad subjetiva” (ps)
como el cociente entre la Ems
y el premio:
![]()

La gráfica de ps
en función de p tiene un aspecto similar
al siguiente para M = 100.000 €:
¿Qué
ocurrirá para cuantías inferiores o superiores a 100.000 €? Para cuantías
superiores, los valores de pi
tienden a disminuir en la zona central de la curva, pero aumentan para los
valores pequeños de p. En efecto, en cuanto a las primeras, la gente tenderá a
preferir, por ejemplo, 100.000 € seguros a una probabilidad del 50 % de 100.000
€, pero en cambio podrá preferir el 1 ‰ de 1 M€ a 1.000 €, que sería su
equivalente probabilístico. Y en cuanto a las segundas, tenderán a confundirse
la ganancia segura y la probable: resultará indiferente, por ejemplo, 50 € o el
50 % de 100 €.
Podemos
recoger esta variación en estos gráficos:

Esta
“vacilación subjetiva” es ampliamente aprovechada en algunos concursos
televisivos en los que continuamente se hace escoger a los concursantes entre
una cantidad segura y la posibilidad de un premio mucho mayor. Las dudas y
ansiedad que esta tesitura provoca a los participantes constituyen, por lo
visto, el aliciente más apreciado por los sádicos espectadores.
JMAiO,
jun 00