Visión matemática de la música (II)
La afinación
pitagórica
¿Cómo se llegó a la definición de estas
notas? ¿Por qué son siete y no once o veinticinco? La razón, de tipo histórico,
hay que suponer que se alcanzó por tanteos, pero su definitiva consagración
vino con la “afinación pitagórica”, en la que cada nota era definida
ajustándola con su quinta, fácilmente distinguible. Así, haciendo sonar el do y
buscando un sonido que se aviniera lo mejor posible (su quinta, es decir, el de
frecuencia 3/2), se llegaba enseguida a la sol. Repitiendo el procedimiento,
llegábamos a la nota de frecuencia (3/2)2 = 9/4, que corresponde a
la gama superior, en el que las frecuencias son el doble. En dicho intervalo,
corresponderá al sonido de frecuencia 9/8 del do’, es decir, el re’.
Si reiteramos el procedimiento, llegamos al
sonido (3/2)×(9/8) = 27/16 = 1,6875, que es,
muy aproximadamente el la’ (el error es 0,0125, ciertamente pequeño; es lo que
genéricamente se denomina “una coma”),
y un nuevo intento lleva a (27/16)×(3/2) = 81/32. Estamos en el
intervalo superior, y corresponde en él a 81/64 = 1,266, que nuevamente queda
cerca del mi”, precisamente con el mismo error anterior. Respecto a la do”,
esta nota será llamada “tercera mayor”.
Sin embargo, matemáticamente es fácil ver que
por este camino nunca llegaremos a alcanzar la totalidad de las notas antes
expuestas, sea cual sea la octava en que las busquemos. En efecto, cualquier
armónico por quintas del do inicial lleva a un sonido de frecuencia 3n/2p
(subiendo n quintas y
bajando p octavas), y esta fracción
nunca puede ser reductible a una que contenga 3 en su denominador, como son fa
y la.
Los pitagóricos consiguieron avanzar un paso
más retrocediendo y buscando la nota para la cual la do fuera la quinta. Ésta
es la fa-1, pero, hacia atrás, también el camino se corta. En todo
caso, no hay más remedio que resignarse a aceptar, como suficientemente
aproximados, algunos valores que se alcanzan por este procedimiento. De hecho,
aprovechando la cuasi-igualdad 312 = 531.441 ≈ 219
= 524.288, queda definida la llamada “coma pitagórica” como diferencia entre
los dos sonidos anteriores, o sea 1,0136, que equivale a 5,9 savarts, y muchos
consideran el límite de la posibilidad de distinción entre notas muy próximas.
Es decir, que 12 quintas equivalen, muy aproximadamente, a 7 octavas:
![]()
Es muy fácil hallar en general la nota a la
que se llega tras aplicar n subidas
por quinta. Partiendo de una nota x
de frecuencia relativa f(x) respecto
a su do, la frecuencia resultante será F
= f(x)(3/2)n. Si es 2p la potencia de 2 inferior más
próxima a este valor, el cociente F/2p
nos da f(y), la frecuencia relativa
de la nueva nota. En cuanto a p, nos
marca el número de octavas ascendidas.
Por ejemplo, si aplicamos 5 ascensiones por
quinta a una fa, será:
![]()
La potencia de 2 más próxima a F es 23
= 8, conque f(y) = 10,125/8 = 1,265. Esta nota
corresponde a un mi’” situado 3 octavas más arriba.
Sería fácil extender esta regla a descensos o
a ascensos por otra nota diferente de la quinta.
A partir del procedimiento pitagórico se
alcanza el intervalo más pequeño existente en la música, el llamado esquisma,
definido como 5×38/215 =
32805/32768 =1,0011 (0,490 savarts).
La gama de Zarlino
Volvamos a la gama pitagórica. Empezando por
el fa, por los motivos explicados, hemos visto que algunas notas coinciden
exactamente con las de la gama natural, pero otras no lo hacen más que
aproximadamente, por el motivo expresado de que una potencia de 2 nunca
coincidirá con una de 3. Aplicando la maniobra de subir las quintas y bajar las
octavas que sean precisas, acabamos definiendo no sólo las notas de la gama,
sino incluso sus bemoles y sus sostenidos. Omitimos el detalle para no fatigar
al lector, exponiendo sólo los resultados:
|
Nota |
Intervalo
con el do (savarts) |
Intervalo
con la anterior (savarts) |
|
Sostenidos |
Intervalo
con el do (savarts) |
|
Bemolizados |
Intervalo
con el do (savarts) |
|
do |
0 |
23 |
|
si# |
5 |
|
reÙ |
23 |
|
re |
51 |
51 |
|
do# |
28 |
|
miÙ |
74 |
|
mi |
102 |
23 |
|
re# |
79 |
|
faÙ |
91 |
|
fa |
125 |
51 |
|
mi# |
130 |
|
solÙ |
148 |
|
sol |
176 |
51 |
|
fa# |
153 |
|
laÙ |
199 |
|
la |
227 |
51 |
|
sol# |
204 |
|
siÙ |
250 |
|
si |
278 |
51 |
|
la# |
225 |
|
doÙ |
273 |
|
do |
301 |
23 |
|
si# |
306 |
|
|
|
El examen atento de esta tabla revela varios
puntos difíciles de conciliar con la realidad estética. Los sostenidos son más
agudos que los bemolizados (una coma, o sea 5 savarts). Además, el mi# se
encuentra una coma por encima del fa, y el si# por encima del do. En cuanto al
faÙ, se halla una coma por debajo
del mi, y el doÙ lo mismo por debajo del si.
Esta gama ha resultado buena desde el punto
de vista melódico (bondad en la emisión simultánea de notas), pero muchos
músicos le opusieron reparos desde el armónico (sucesión de sonidos a lo largo
del tiempo, por lo que el compositor Gioseffo Zarlino (1517-1590), buscando
adecuar la escala con el estilo polifónico vocal, entonces en pleno auge, se le
ocurrió restar una coma (5 savarts) de las notas mi, la, si, llegando a la
“gama de Zarlino”, igual en la práctica a la natural. Comparemos ambas:
|
Nota |
Pitágoras |
Zarlino |
Intervalos |
|
do |
0 |
0 |
|
|
re |
51 |
51 |
51 |
|
mi |
102 |
97 |
46 |
|
fa |
125 |
125 |
28 |
|
sol |
176 |
176 |
51 |
|
la |
227 |
222 |
46 |
|
si |
278 |
273 |
51 |
|
do |
301 |
301 |
28 |
En la última columna puede verse patentemente
la distinción entre tonos mayores (51 savarts) y menores (46 savarts). Los
semitotes (28 savarts) son en realidad mayores que la mitad de un tono, incluso
mayor.
Otras gamas
Holder ideó otra gama en 1694, las 53
“novenas de tono”, que sólo por curiosidad mencionamos. Se basa en proceder
mediante el número irracional 21/53 = 1,03164, o sea 5,68 savarts, o
sea una coma, lo que permitía situar muy ajustadamente las notas. Otra fue las
51 quintas de tono de Huygens (1691), basadas en 21/31,
los 24 cuartos de tono de Haba (1925), que tomaban como base 21/24,
los 6 tonos de Debussy (21/6). También Euler y otros probaron suerte, pero ninguna de estas gamas
ha tenido aceptación.
Los modos
Los modos son el reparto de los intervalos
dentro de una determinada escala. El modo mayor es el visto hasta el momento: a
partir de la primera nota o tónica, la sucesión hasta volver a ella es: dos
tonos mayores (do-re-mi), uno menor (mi-fa), tres mayores (fa-sol-la-si) y uno
menor (si-do). La alternancia de dos grupos de dos y tres tonos separados por
un semitono es característica de este modo, llamado mayor.
Para mayor claridad, podrían situarse las
notas (incluidos los sostenidos, que equipararemos con los bemoles de la
siguiente) en los vértices de un dodecágono regular inscrito en una
circunferencia, obteniendo así la figura. De este modo se resalta la periodicidad
de la escala hacia las octavas superiores, pues cumplida una vuelta, podría
efectuarse el mismo recorrido prosiguiendo en el mismo sentido, repitiéndose
las notas dentro de la siguiente octava. Este modo, llamado en do mayor, podría
ejecutarse musicalmente partiendo por ejemplo del sol (esta nota es llamada la
dominante respecto del do). Para respetar la sucesión antedicha, los intervalos
serían ahora: sol-la-si (dos tonos), si-do (un semitono), do-re-mi-fa# (tres
tonos) y fa-sol (un semitono).




Pero existe también el modo menor, en el que la sucesión básica, a
partir de la tónica, es do-re (un tono), re-miÙ (un semitono), miÙ-fa-sol (dos tonos), sol-laÙ (un semitono), un tono y medio
(laÙ-si), un semitono (si-do). Este
modo sería igual al tono mayor de miÙ, pero la quinta nota en vez de
ser siÙ se cambia por si a fin de no
dejar al do siguiente sin la anterior en un semitono a fin de no dejar el do
sin la llamada “sensible”, es decir,
la anterior en un semitono.
Sin embargo, en su descenso, el camino
seguido es el punteado (dos tonos, un semitono, dos tonos, un semitono, un
tono) por no ser necesaria la sensible. Análogamente podrá hablarse, por
ejemplo, de modo menor en la (la-si-do-re-mi-fa-sol#-la).
Los modos menores se utilizan para dar a la composición cierto contenido
melancólico o de tristeza.
De
hecho, cualquier heptágono inscrito en los vértices del dodecágono
corresponderá con un modo. Por ejemplo, otros menos usados son el gitano o
zíngaro (un tono, un semitono, un tono y medio, dos semitonos, un tono y medio,
un semitono, como do-re-miÙ-fa#-sol-laÙ-si-do), e incluso otros con cinco
o seis notas, como el pentatónico (dos tonos, un tono
y medio, un tono, un tono y medio), el hexafónico (seis tonos), etc.
JMAiO,
BCN, may 05