Sobre la importancia de formular bien las preguntas
En el libro «Lure of the Integers» de Joe Roberts se cita, con palabras de un tal Richard Guy, la siguiente anécdota:
«Para la admisión en las escuelas británicas de enseñanza secundaria solía efectuarse un examen, llamado '11-plus'. En una ocasión una de las preguntas fue "Reste 7 de 93 tantas veces como pueda". La respuesta de uno de los examinandos fue "Obtengo 86 cada vez".»
No se dice si el muchacho fue admitido, pero mi opiniòn es que una reprimenda, como poco, es lo que se merecía quien propuso la pregunta. Porque ¿qué diablos pretendía como respuesta? Suponiendo que hubiera que restar 7 cada vez del resultado, ¿cuándo hay que detenerse? De haberme tocado a mí esa pregunta, y dado que a mis once años era yo un chico voluntarioso y propenso a la obediencia, hubiera terminado por entregar (y eso no antes de que sonara la campanilla) una gama de respuestas desde digamos 83 a 89 con la frecuencia mayor centrada en 86 (probablemente 86, que tampoco es cosa de presumir).
Para que veas que no me solidarizo así porque sí con el muchacho del examen te cuento que una vez, cuando estaban de moda los exámenes psicotécnicos, que así les decían, sufrí a causa de una de esas cuestiones ambiguas, y por aquel entonces ya era yo un mozo con bigote. Una de los ejercicios planteaba varias multiplicaciones con factores de varias cifras, presentadas las dichas multiplicaciones como en una disposición de tres columnas por cuatro filas, si mal no recuerdo. El encabezado decía así: «Lleve a cabo las siguientes multiplicaciones de izquierda a derecha». Y allí me tienes a mí entrando al trapo al pie de la letra, tratando de multiplicar empezando literalmente por la izquierda de cada factor, haciendo esfuerzos por imaginar las que me hubiera llevado en caso de efectuar la multiplicación al modo canónico, y corrigiendo cuando me daba cuenta de alguna incorrección. Cuando ya había pasado el ecuador del conjunto de multiplicaciones advertí de repente dos cosas: que nadie podría discernir si había realizado la multiplicación del modo preceptivo, y que seguramente lo que se me pedía era, y supongo que por si no nos daba tiempo a hacerlas todas, que empezara a realizar los productos comenzando por el de arriba a la izquierda y continuando al estilo de nuestra forma de lectura. Con lo fácil que hubiera sido numerarlas y pedir que se efectuaran en orden correlativo.
Moraleja: más responsabilidad al preguntar.
Pedro Crespo
Julio 2006