Dos
teoremas y una paradoja
Hay
teoremas que por su curiosidad (teorema de Goodstein) o por su compejidad
(teorema de la incompletitud, de Kurt Gödel), merecen atención especial. El
teorema de Goodsteinm que aquí les presento, es un peculiar teorema cuyo desarrollo nos conduce
a un sorprendente final. El teorema de Gödel, por el contrario, supuso un serio
varapalo para los que creían que las matemáticas eran un conjunto lógico de
reglas que se bastaban a sí mismas. En realidad, lo que Gödel propuso fueron
dos teoremas. El primero, simplificado, afirma:
En
cualquier formalización consistente de las matemáticas capaz
de determinar el concepto de números naturales, se puede construir
una afirmación que ni se puede demostrar ni se puede refutar dentro de ese
sistema.
Se
trata de un teorema en lógica formal,
y ha sido, con frecuencia, malinterpretado. El segundo teorema de la incompletitud
de Gödel, que se demuestra formalizando parte de la prueba
Ningún
sistema consistente puede usarse para demostrarse a sí mismo.
Lo que aquí se presenta, en forma de fábula, es un
compendio de los dos. Para finalizar, se expone una bella paradoja, la paradoja
de Banach-Tarski, que lleva el nombre de los dos matemáticos polacos que la
elucubraron. Para su mejor entendimiento, he utilizado el recurso de referirla
a una conocida enciclopedia.
El teorema de Goodstein
La
mejor manera de explicar en qué consiste este singular teorema es
desarrollándolo. Se recomienda al lector que, salvo que disfrute con los
desarrollos matemáticos, se abstenga de seguirlos y se circunscriba a seguir el
razonamiento, que es en definitiva lo peculiar y sorprendente. Los cálculos (y
la forma de desarrollarlo) los he tomado del prestigioso matemático y físico
Roger Penrose.
Considérese
cualquier número entero positivo, por ejemplo el 581. Primeramente reducimos
este número a una suma de distintas potencias de 2:
581 =
512 + 64 + 4 + 1 = 29 + 26 + 22 + 20
Repárese
en que los exponentes (9, 6, y 2) pueden ser representados, a su vez, en forma
de potencia de dos, pues 9 = 23 + 20 ; 6 = 22 + 21; 2 = 21 , y de esta forma, haciendo
20 = 1 y 21 = 2, obtenemos:
581
= 223+1
+ 222+2 + 22 + 1
Todavía queda un exponente que no está en
base 2, en concreto el 3, que puede adoptar la forma 3 = 21 + 20.
Esto nos permite finalmente escribir la anterior igualdad en base 2:
581
= 222+1+1
+ 222+2 + 22 + 1 [G]
Y ahora comienza la fase de desarrollo
incrementar la base en 1
restar 1 de la ecuación
La base a que se refiere (a) es simplemente
el número “2”, pero podemos encontrar representaciones similares para bases más
grandes: 3, 4, 5 ,6, etc. Veamos lo que sucede si aplicamos la operación a) a
la expresión [G], de tal manera que los “doses” se conviertan en “treses”.
Obtenemos:
333+1+1
+ 333-1+3 + 33 + 1
El resultado es un número de 40 dígitos que
comienza así: 133027946…..
Ahora aplicamos b), o sea, restamos 1, y
obtenemos:
333+1+1 + 332+3
+ 33
que,
por supuesto, sigue siendo un número de 40 dígitos que comienza como el
anterior. Aplicamos de nuevo a), y obtenemos:
444+1+1 + 444+4
+ 44
El resultado es un número de 618 cifras que
comienza con los dígitos 12926802… La operación b), que resta una unidad nos
lleva a:
444+1+1 + 444+4
+ 3 x 43 + 3 x 42 + 3 x 4 + 3
donde los treses se originan análogamente a
los “nueves” que surgen en base 10 ordinaria cuando restamos 1 de 1000 para
obtener 999.
Obtenida la nueva expresión, repetimos de
nuevo la operación a):
555+1+1 + 555+5
+ 3 x 53 + 3 x 52 + 3 x 5 + 3
que representa a un número de 10923 cifras
y que comienza con los dígitos 1274…. Ha de hacerse notar que los coeficientes
3 que aparecen aquí son necesariamente menores que la base (ahora 5) y no están
afectados por el incremento de la misma. Ahora, siguiendo el procedimiento,
aplicamos b):
555+1+1 + 555+5
+ 3 x 53 + 3 x 52 + 3 x 5 + 2
Y así continuamos alternativamente
aplicando las operaciones simples a) y b) a la expresión. A primera vista los
números parecen ir creciendo ad infinitum.
Sin embargo no es así, y esa es la particularidad
Parece
algo asombroso, pero es cierto. Hagamos la prueba con un número pequeño. Si
hubiésemos elegido el número 3, por ejemplo, donde 3 = 21 + 1, la
secuencia de resultados sería: 3, 4, 3, 4, 3, 2, 1, 0. De haber elegido el 4,
donde 4 = 22, hubiéramos obtenido una secuencia que comienza así: 4,
27, 26, 42, 41, 61, 60, 84, … y que alcanza su pico con un número de
121.210.695 dígitos para comenzar luego a disminuir hasta llegar a cero.
El teorema de Goodstein es en realidad un
teorema de Gödel para el proceso que se denomina inducción matemática.
Las
matemáticas a menudo son erróneamente consideradas como la ciencia del sentido
común.
(Edward
Kasner & James R. Newman)
El teorema de la incompletitud de Gödel
Como
este teorema es complejo y difícil de entender (por lo menos para mí) lo
expondré en forma de pequeña fábula paradójica, que es como lo expuso el
matemático y escritor de ciencia-ficción Rudy Rucker en su libro Infinity
and the Mind. Es, pese a lo concreto de la fuente, una adaptación
personal.
A) Alguien presenta a Gödel a la
MVU, una máquina que supuestamente es la Máquina de la Verdad Universal, capaz
de responder correctamente a cualquier pregunta que se le formule.
B) Gödel pide los programas y los
diagramas de los circuitos de la MVU. El programa, por muy complicado que sea,
debe tener una longitud finita. Llamemos a dicho programa P(MVU), o sea,
Programa de la Máquina de la Verdad Universal.
C) Sonriendo, Gödel escribe la
siguiente frase: “La máquina construida sobre la base del programa P(MVU) nunca
dirá que esta sentencia es verdadera”. Llamemos a esta sentencia G, por Gödel.
Reparad que G es equivalente a “MVU nunca dirá que G es verdadera”.
D) Ahora Gödel, riéndose
sardónicamente, pregunta a la MVU si G es verdadera o no.
E) Si la MVU dice que la sentencia G
es verdadera, entonces “MVU nunca dirá que G es verdadera” es falso. Si “MVU
nunca dirá que G es verdadera” es falso, entonces G es falso (puesto que G =
“MVU nunca dirá que G es verdadera”). Luego si la MVU dice que G es verdadero,
entonces G es de hecho falso, y la MVU ha realizado un falso pronunciamiento.
Entonces la MVU nunca dirá que G es verdadero, puesto que la MVU sólo da
respuestas verdaderas.
F) Hemos establecido que la MVU
nunca dirá que G es verdadero. Luego “MVU nunca dirá que G es verdadero” es de
hecho una frase verdadera. Entonces G es verdadero (puesto que G = “MVU nunca
dirá que G es verdadero”).
G) “Conozco una verdad que la MVU
nunca podrá pronunciar”, anuncia el señor Gödel triunfante, “Sé que G es
verdadera, pero la MVU nunca lo podrá decir. La MVU no es realmente universal”.
En resumen, lo que Gödel vino a demostrar
es que no todo es demostrable en un sistema formal, que existen en aritmética
enunciados verdaderos que nunca pueden ser probados. Y que si alguien lograra dar
con una prueba de que la aritmética es consistente, por esa misma razón no lo
sería. En fin, cosas de las matemáticas modernas.
Esta
prueba, formulada por el austriaco Kurt Gödel en 1931, es uno de los
descubrimientos más importantes y devastadores de todas las matemáticas.
(
La paradoja Banach-Tarski
Cerremos esta sección con una paradoja con
nombre propio. Tarski pertenecía a un grupo de matemáticos polacos que se
reunían en el Scottish Café en la ciudad de Lvov. Banach era otro de los
asistentes. De esas reuniones surgieron ideas curiosas, entre ellas la que se
conoce como “Paradoja Banach‑Tarski”. Data de 1924 y afirma que es
posible descomponer (dividir) una esfera sólida en un número finito de piezas
que posteriormente podrían ser reagrupadas, por medio de movimientos rígidos,
para formar dos esferas sólidas cada una del mismo tamaño que la original.
Banach y Tarski no pusieron límite al número de piezas requeridas, pero en
1928, John von Neumann afirmó sin pruebas que sólo se necesitarían nueve
piezas. En 1946 Raphael Robinson redujo esta cantidad a cinco. Con menos de
cinco no es posible.
Este
teorema suena completamente demente, y todavía hoy mucha gente se resiste a
creerlo. ¿Qué pasa con el volumen?, argumentan. Éste se duplica, le responden.
¡Pero eso es imposible! Pero sí, es posible: el ardid consiste en que las
piezas cortadas son tan complicadas que no poseen volumen. Y como no poseen
volumen, el volumen total puede cambiar.
Para
hacernos una idea más cercana a nuestro entendimiento de la paradoja, pensemos
en un diccionario mejor que en una esfera. Éste es el truco que emplea el
matemático Ian Stewart para facilitar la comprensión. Se trataría de un
diccionario idealizado denominado HiperEspasa, que contendría todas las posibles
palabras, tengan éstas sentido o no, que puedan formarse con las 26 letras de
nuestro abecedario. Las palabras se arreglan en orden alfabético. Comienza con
la serie: A, AA, AAA, AAAA, AAAAA… y sólo tras agotar esta secuencia hasta el
infinito se pasa a la AB, ABA, ABAA... Queda claro que todas las palabras,
incluidas, AAWWISKKY, BANACH, TARSKI Y ZORRESTIADA tienen cabida en la lista.
Ahora vamos a descomponer el HiperEspasa en 26 copias de sí mismo, cada una
manteniendo el orden alfabético original, pero con una palabra añadida.
La
primera de las 26 copias, llamémosle “Volumen A”, consistiría en el HiperEspasa original anteponiendo una
A a todas las palabras. El segundo volumen, denominado “Volumen B”, consistiría
en el HiperEspasa original
anteponiéndole B a todas las palabras del mismo. Y así hasta completar las 26
copias, una por cada letra del abecedario. Echemos un vistazo al “Volumen B”.
Este volumen comienza con BA, BAA, BAAA, BAAAA, … En realidad, este volumen
contendría todas las palabras del HiperEspasa exactamente una vez, pero con la
B pegada al comienzo de cada una: BAAWWISKKY, BBANACH, BTARSKI y BZORRESTIADA.
Incluso conservando el mismo orden. Esto sucedería en cada uno de los volúmenes
construidos con las 25 letras restantes del alfabeto. Cada volumen es una copia
perfecta del primitivo HiperEspasa, con una letra extra al comienzo de cada
palabra. En resumen, un HiperEspasa
puede ser cortado y vuelto a ensamblar, sin alterar el orden de las palabras,
para formar 26 HiperEspasas
idénticos más un alfabeto de recambio (extra). Si cambiamos la palabra HiperEspasa por “esfera”, la palabra
“palabra” por “punto” y la frase “sin alterar el orden de” por “sin alterar las
distancias entre”, obtenemos una explicación para la paradoja Banach‑Tarski
aplicado a los volúmenes de las esferas. Bueno, o casi. Lo curioso es que los
matemáticos, pese a la carga paradojal de la exposición, aceptan esta
demostración, por eso está aquí. No somos quién para llevarles la contraria.
Otra
consecuencia del teorema [Paradoja de Banach & Tarski], realmente más
alarmante, es que si tomamos una esfera de radio una unidad (una esfera
“unidad”) y la cortamos en nueve trozos que posean la propiedad descrita por
ambos matemáticos, cinco de esos trozos pueden juntarse, sin huecos, para
formar una esfera y los restantes cuatro trozos, también sin huecos, podrían
rearmarse en otra esfera. Es como obtener algo de la nada.
(Calvin
C. Clawson)
Lamberto García del Cid
Zaragoza, 30 de diciembre
de 2006