DOS PROBLEMAS DE JOSÉ ANTONIO DE ECHAGÜE
EL DILEMA DE LA TRAICIÓN
Con esta o parecida denominación suelen nombrarse un conjunto de problemas de decisión, ya clásicos. En su origen se plantean de la siguiente forma, que admite diversas variantes.
Dos sospechosos de un delito son llevados ante el tribunal que les juzga. Han de contestar, por separado, a una simple pregunta: ¿Es su compañero el autor del delito? Si uno dice que su compañero es inocente, pero el compañero dice que el otro es culpable, éste carga con toda la pena. Si ambos se acusan mutuamente ambos pagan, pongamos por caso, una pena doble. Pero si ambos se declaran recíprocamente inocentes salen libres. Supuesto que no tienen posibilidad de concertar previamente sus declaraciones, ¿cuál es la estrategia óptima para cada uno? El problema tiene muchas aristas de tipo matemático y psicológico, y no es fácilmente resoluble a base del típico criterio "minimax".
El escritor siciliano Gesualdo Bufalino, en su estupenda narración "Las mentiras de la noche"(1) ofrece una notable va-riante de este problema. Mediados del siglo XIX. En una fortaleza borbónica, cua-tro revolucionarios garibaldinos esperan su ejecución ese amanecer, condenados por sedición contra a el rey. La noche de vela, ya en capilla, el sádico gobernador se presenta y les ofrece un "pacto" que no deben ni pueden rechazar. En una pieza contigua dejará durante la noche recado de escribir, cuatro tarjetas blancas y una urna cerrada y opaca. Cada condenado debe introducir una tarjeta en la que, si quiere, pondrá el nombre del jefe de la conjura antiborbónica. Si no quiere traicionar que ponga cualquier cosa, incluso puede desahogarse con un insulto. Por la mañana, antes de la ejecución, el gobernador abrirá la urna. Si hay una sola papeleta con el nombre del jefe, todos menos éste quedan libres. En otro caso todos serán guillotinados. Cada uno debe decidir si vale más su honor de no traicionar (cosa que solo sabrá él mismo) que su vida. Por supuesto se puede correr el riesgo de salvar el honor, con la secreta esperanza, evidentemente insegura, de que otro de los cuatro tenga más instinto de conservación.
El gobernador les reta a ser tan valientes como demostraron al atentar contra el soberano. Si no se avienen al juego, desde luego serán ejecutados, y a su juicio con deshonor por no haber querido poner a prueba su temple. Supuesto que cada cual valora en X puntos su vida y su honor, ¿Cuál sería la estrategia favorable? ¿Existe al menos una forma sensata de plantear su solución? Ánimo, hay tiempo hasta el amanecer.
(1) Ed. Anagrama Col. Compactos, 1998
SELECCIONAR A LA/EL MEJOR (?)
La reproducción en el número 66 de © del artículo de Expansión titulado "Una Liga sin partidos" me sugiere varias ideas y experiencias afines. En general este tipo de cuestiones paradójicas, frecuentes en política: coaliciones, actividades parlamentarias, toma de decisiones, etc., suelen estar muy relacionadas con las "relaciones no transitivas", estudiadas y formalizadas por Kenneth J. Arrow, economista matemático, Premio Nobel de 1.972. Un día enviaré unas notas que tengo a medio hacer este tema.
De inmediato recuerdo el curioso problema, absolutamente real, que se le planteó a un amigo, ingeniero de organización, en una selección de personal para formar un equipo.
Se trataba de formar un equipo de cuatro personas, lo más homogéneo posible, y con las mayores calificaciones, para una tarea de gran responsabilidad.
Después de la selección inicial quedaron cinco candidatos que indudablemente destacaban sobre los demás. Era pues necesario eliminar a uno de ellos. Los aspectos a considerar eran los siguientes (en realidad es lo mismo que signifiquen real-mente):
A)Formación; B) Experiencia; C) Capacidad de trabajo en equipo; D) Habilidad en manejo de personas; E) Estabilidad emocional. Los resultados tabulados fueron los siguientes, entendiendo por "uno" el cumplimiento a plena satisfacción del requisito, y por "cero", una calificación menos satisfactoria:
|
Candidatos |
A |
B |
C |
D |
E |
|
José |
1 |
0 |
1 |
1 |
1 |
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Begoña |
1 |
1 |
1 |
1 |
0 |
|
Jordi |
0 |
1 |
1 |
1 |
1 |
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Nuria |
1 |
1 |
1 |
1 |
1 |
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Xabier |
1 |
1 |
1 |
0 |
1 |
Y bien, ¿a quién eliminar, de forma racional y justa? El asunto tiene mal arreglo. Se admiten opiniones.
J.A.E.