LA PIRÁMIDE ALBANESA

 

Periódicamente asoma a las páginas de [C] el tema de las “pirámides”, basadas, como todos los timos, en la codicia de la víctima, que prefiere cerrar los ojos ante la improbabilidad de las fabulosas ganancias que se le prometen. En esta ocasión el tema ha tenido trascendencia nacional, por incidir sobre el país más pobre de Europa, que ha visto como sus ahorros se volatilizaban en manos de estafadores: nada menos que un 30 % del PIB ha desaparecido (50.000 millones de pesetas). Las revueltas han amenazado la estabilidad de Albania, ya de sí precaria desde el derrumbe de los comunismo europeos.

            El tema de la pirámide es muy sencillo de montar. Se prometen a los impositores fabulosos intereses, y éstos se pagan efectivamente al principio, con lo que aparecen más inversores en progresión geométrica. ¿Cuál es el secreto? Muy sencillo: los intereses se pagan no por los resultados de hábil gestión del capital depositado, sino con cargo a este mismo capital. En cuanto flaquea la llegada de éste cunde el pánico y se produce la bancarrota.

            Suponiendo que las aportaciones fueran constantes, los intereses pagados tienden a igualarse asintóticamente a la llegada de nuevo capital. Veámoslo en esta tabla:

 

 

         Mes   Impos.   Inter.    Saldo

    =======================================

           1      100        0      100

           2      100       30      170

           3      100       51      219

           4      100       66      253

           5      100       76      277

           6      100       83      294

           7      100       88      306

           8      100       92      314

           9      100       94      320

          10      100       96      324

          11      100       97      327

          12      100       98      329

 

            Puede verse lo que ocurre con los fabulosos intereses del 30 % mensual prometidos a los albaneses: con una aportación constante de 100 unidades monetarias mensuales, a los pocos  meses hay que invertirla prácticamente toda en pagar intereses. Si las aportaciones crecen en progresión geométrica, el tiempo de ilusión podrá durar algo más, pero más dura será la caída, que podrá llevarse, como ha sucedido en Albania, todos los ahorros nacionales.

            El timo se repite periódicamente, y nadie escarmienta. Ya en el siglo pasado Baldomera Larra, hija del famoso escritor, protagonizó en España un gran escándalo de este tipo. Doña Baldomera, como antaño su padre, acabó diciéndoles a los inversores que venían a cobrar sus intereses: “Vuelva usted mañana”. En 1984 dona Branca dos Santos, la banquera del pueblo portuguesa, montó algo parecido, y llegó a tener 15.000 inversores, a quienes cedía un “modesto” 10 % mensual. Más tarde, a la caída de Ceausescu, Ion Stoica ideó algo parecido en Rumania, aunque más a lo grande: en sólo tres meses la cantidad recogida era ocho veces superior a la depositada (¡un rendimiento del 100 % mensual!). El resultado de estas promesas ha sido siempre el  mismo: llanto y crujir de dientes.

 

                                                                                              JMAiO, feb 97