NO
JUEGUES, HIJO MÍO
El cálculo de probabilidades confirma la
sabiduría de este consejo que tanto se prodigaba a los de mi generación. Dentro
de la teoría de juegos hay dos problemas clásicos bastante relacionados: el
problema de Lagrange y el del juego indefinido.
Combinados, llevan a un sorprendente resultado.
Problema de Lagrange.
Si una partida se interrumpe faltando por
jugar m manos al jugador A y n al jugador B, y estando sobre la mesa
un monte M, ¿en qué proporción deberá ser éste repartido entre los jugadores?
Las probabilidades de ganar cada mano son p
y q, respectivamente.
Es de sentido común que deberá serlo en las
proporciones de las probabilidades de ambos jugadores de ganar la partida. Sean
las probabilidades respectivas de A y B las funciones x(m,n), y(m,n). Si el juego continuara y la
siguiente mano fuera ganada por A, la función para B pasaría a ser y(m-1,n), y si A perdiera, la misma
función sería y(m,n-1).
Por tanto, es claro que:
y(m,n) = py(m-1,n) + q y(m,n-1)
Se trata de una ecuación recurrente, de la
cual tenemos algunos valores particulares. Obsérvese además que en el caso
particular en que A tuviera jugadas todas las manos, sería y(0,n’) = 1, ya que habría ganado la partida, y en el caso contrario,
y(m’,0) = 0.
Lagrange dio la solución:
![]()
Como era de esperar, los valores son en principio
más favorables al jugador de mayor probabilidad y al que tenga menos partidas
por jugar.
Problema de la
ruina a largo plazo.
Los jugadores A y B poseen los capitales m y n
y juegan hasta que uno de ellos arruina al otro.
Sea y(n) la probabilidad de ruina para B
cuando su capital es n.
Si B gana la siguiente partida, su
probabilidad pasará a ser y(n-1). Si
la pierde, será y(n+1).
Por tanto:
y(n) = py(n-1)+qy(n+1)
Análogamente
sería:
qy(n+1) – y(n+1) + (1-q)y(n) = 0
Ésta es
otra ecuación en diferencias finitas, suya solución general es:
y(n) = C1 + C2ln
donde
es l = p/q.
Se determinarán las constantes C1 y C2 observando que y(0) = 1; y(m+n) = 0, de
donde resulta:
![]()
Por ejemplo, si las probabilidades son
iguales (p = q = ½), y el fondo de A es el doble que el de
B, la probabilidad de que éste resulte arruinado es 2/3, y se obtiene de la
fórmula anterior pasando, en este caso, al límite, pues l = 1.
Obsérvese el interés del resultado: el hecho
de que uno de los jugadores posea mayor potencia económica que el otro es por
sí mismo un factor muy importante para favorecer su victoria. En algunos juegos
(v. gr. el póquer) está prohibido retirarse de la mesa mientras se gana, lo que
es tanto como garantizar la victoria del adversario de la misma fuerza si éste
posee más solvencia.
Problema conjunto
De lo anterior resulta que siempre el jugador
más rico, por su superior potencia económica, está en unas condiciones de ganar
muy superiores a su probabilidad. En el caso en que un simple jugador juegue
contra la poderosa banca de un casino, está condenado a la ruina a la larga: lo
único que le salva es la posibilidad de retirarse a tiempo aprovechando una problemática
racha favorable. De lo contrario la victoria sería siempre del casino.
En otras palabras: si antes de iniciarse la
partida se diera un corte de luz y hubiera que proceder al reparto de fichas,
el jugador debería entregar siempre la totalidad de las suyas al casino.
¡No juegues, hijo mío!
Josep
M. Albaigès
Torredembarra, julio 2004