Dos trascendentes conjeturas, próximos
teoremas
La
conjetura de Poincaré
En C-67 Miguel Ángel Lerma exponía los siete
problemas que el Instituto Clay presentó el año 2000
como retos matemáticos para el siglo XXI, para cada uno de los cuales dicha
entidad ofrecía un millón de dólares como premio. Entre tales problemas figura
un aserto establecido como hipótesis hace cien años por Henri Poincaré.
Repetimos aquí la descripción de M. A. Lerma:
«Imaginemos que consideramos
equivalentes dos objetos cuando es posible deformar continuamente (sin pegar ni
cortar) uno de ellos hasta formar el otro. Por ejemplo un balón de rugby será
equivalente a un balón de fútbol, y una taza con un asa es equivalente a una
rosquilla. Sin embargo una rosquilla no es equivalente a un balón, la rosquilla
no se puede deformar continuamente hasta formar un balón, porque la rosquilla
tiene un agujero y necesitamos cortarlo para hacerlo desaparecer.
En este sentido una superficie esférica
se puede caracterizar como una superficie cerrada sobre sí misma y sin
agujeros. La conjetura de Poincaré dice que no es posible establecer una
caracterización similar para hipersuperficies
esféricas de dimensiones superiores. Dicha conjetura ha sido demostrada para
todas las dimensiones mayores que 3 (y por supuesto para dimensiones 1 y 2),
pero continúa abierta en dimensión 3.»
Si usted, lector, no es topólogo, no espere comprender del todo este asunto. Los topólogos son unas personas singulares, tanto que se dice
de ellos que en su abstracción son incapaces de distinguir si lo que le
ofrecemos es una taza de té o un dónut. Aclaremos que
la esfera de 3 dimensiones a la que alude la conjetura de Poincaré no es
nuestra familiar esfera, pues nuestras habituales esferas son variedades
topológicas bidimensionales: basta con dos valores numéricos, latitud y
longitud por ejemplo, para determinar la posición de un punto en la misma. Las
variedades esféricas tridimensionales son hipersuperficies
en un espacio de 4 dimensiones, en el cual podemos decir que se tiene una
4-bola cuya frontera es una 3-esfera. La conjetura de Poincaré, de hecho el
creador de la topología algebraica, viene a decir que la 3-esfera es la única
3-variedad compacta de tipo simple, y si tiene tanta importancia es porque su
demostración es crítica para la clasificación completa de las 3-variedades
posibles (geometrización de W. P. Thurston).
Pues bien, la comunidad matemática está
de acuerdo en que el matemático ruso Grigori Perelman ha conseguido demostrar la conjetura de Poincaré,
a la vez que completar el programa de catalogación de las configuraciones
posibles de un espacio tridimensional (la componente espacial de nuestro
espacio físico, por cierto). Perelman publicó en
noviembre de 2002 un artículo sobre este asunto en un servidor especializado de
la red. En marzo de 2003 presentó un segundo artículo, y de abril a mayo de ese
año visitó Estados Unidos exponiendo sus resultados. Éstos han de publicarse y
pasar la criba de dos años de examen para aspirar al premio Clay,
pero son muchos los que dan por hecho que pasarán el escrutinio de los
correspondientes ‘referees’.
La
conjetura de Pérez Parra
Esta conjetura, expuesta hace más de
treinta años por J. S. Pérez Parra, afirma que el número máximo manejable sin
ambigüedades en el cálculo es un valor cercano a mil (el «milientas»,
tal como fue bautizado por su autor). Nos apresuramos a aclarar que no se trata
de una afirmación matemática: su ámbito de aplicación está en la práctica del
manejo eficaz de los conjuntos compuestos por elementos materiales. Se trata de
un aserto que pertenece más al mundo de la biología que al de la matemática,
aunque la demostración se ha conseguido finalmente a través del razonamiento
matemático. Diremos que esta conjetura viene a recordar el principio de indeterminación
de Heisenberg de la física, ya que el límite establecido por Pérez Parra es de
tipo estadístico, y posee por tanto una característica experimental de
«borrosidad». De hecho, la demostración de la conjetura prueba que se trata del
extremo correspondiente a 2 σ (la desviación tipo) de una distribución gaussiana.
Aunque ignorada durante mucho tiempo,
probablemente por la escasa atención que merecen las publicaciones españolas más
allá de nuestras fronteras, la referida conjetura atrajo a finales del siglo
pasado la atención del equipo científico del departamento de biología
matemática del Instituto Fraunhofer de la universidad
alemana de Erlangen (el mismo que desarrolló en 1987
el formato de archivos de sonido digitalizado mp3). Estos científicos han
demostrado la conjetura Pérez Parra apoyándose como lema en uno de los
corolarios de la teoría de autómatas celulares de von
Neuman, según el cual «un autómata celular (en particular cualquier ser viviente) tiene una
capacidad límite para la operativa eficaz de conjuntos de elementos materiales
cifrada en 2L, siendo L
el número intrínseco de grados de libertad del material genético (en sentido
amplio) del autómata.»
Por operativa eficaz se entiende el
límite alrededor del cual se concentran en la práctica los errores
experimentales en el manejo real de los conjuntos materiales. Se trata como
hemos dicho de un concepto estadístico. En cuanto al número intrínseco de
grados de libertad de un ser humano considerado desde el punto de vista de la
teoría de autómatas, tenemos los 4 elementos básicos del genoma (adenina,
timina, guanina y citosina), que han de ser multiplicados por 3 para dar cuenta
de las diversas simetrías espaciales posibles (en la demostración intervienen
los grupos abelianos conmutativos), de lo que resulta
L = 12. Así pues, el durante tanto tiempo mítico milientas
ha resultado ser igual a 1024, muy cercano al valor en su momento conjeturado.
De ser cierta esta conjetura, no podrá
subestimarse su impacto en áreas tan distantes como la microeconomía, la
psicología del aprendizaje y la dinámica de grupos en sociología, por citar
solamente algunos ejemplos de interés. Es más, y aquí la expectación es grande,
existe una posible conexión —que va más allá de la analogía antes establecida—
con el principio de indeterminación de la teoría cuántica; de prosperar la
sugestiva tesis sostenida por Stephen Wolfram («A New Kind of
Science»), el universo sería en último término un
autómata celular, y el límite del principio de Heisenberg (es decir, el valor
, donde h es la
constante de Planck) estaría estrechamente conectado, en la escala de Planck
naturalmente, con el límite milientas. Ni que decir
tiene que la trascendencia de este hecho en la física sería imponderable,
puesto que equivale a la demostración matemática de lo que ahora ha de
aceptarse como un principio, que en definitiva es la base de toda la cuántica.
Al tiempo corresponde decir la última palabra.
Digamos para terminar que, en rigor,
debiéramos haber esperado al día 28 de diciembre para enviar este artículo a Carrollia, ya que esa es la fecha límite que se ha
concedido para pronunciarse definitivamente el equipo de arbitraje encargado
por la Sociedad Matemática Europea de revisar la demostración de la conjetura
de Pérez Parra. El lector interesado podrá consultar en dicha fecha la página www.arxiv.org, en la que se publicará muy
probablemente la confirmación de la misma.
Pedro
Crespo, 4 noviembre 2004