ECOS
DE FERMAT
Llegó a las librerías no
hace mucho el libro 'El enigma de Fermat' de Simon
Singh (Ed. Planeta). Simon Singh es un físico de origen punjabí
que trabaja como divulgador en la BBC y ha estado conduciendo el programa 'Tomorrow's world'. En 1996 dirigió y produjo un documental (que
dudo que veamos aquí) sobre el enigma de Fermat para
la serie 'Horizon'. El libro está basado en el
documental. Es divulgativo, y se extiende mucho en explicar las matemáticas
básicas para siquiera llegar a intuir los derroteros del teorema. Pocas
personas en el mundo habrán llegado a entender su demostración y como me
comentaba Josep María, uno tiene la impresión de estar ante una partida de
ajedrez entre grandes maestros donde sólo unos pocos iniciados son capaces de
discernir si una jugada es buena o mala.
Parece mentira lo efímera
que es la gloria: ya casi nadie habla de la resolución, a pesar de que hizo
correr ríos de tinta, desde el anuncio de Wiles hasta
su corroboración definitiva.
A pesar de eso, merece la pena
leerlo. Es ameno, y la parte histórica no tiene desperdicio. A mí me ha
parecido curiosa la historia de la Hermandad Pitagórica: un grupo de
seiscientos discípulos de Pitágoras que se constituyeron en escuela, y que era
de hecho una comunidad religiosa. Uno de los ídolos que adoraban era el número.
Cada miembro de la escuela debía prestar el juramento de no revelar jamás al
mundo exterior sus descubrimientos matemáticos. Cuenta la historia que para
Pitágoras y sus seguidores todos los fenómenos naturales podían explicarse con
números racionales. Un joven estudiante, Hippasus de Metaponto, se distrajo intentando encontrar la fracción
equivalente a la raíz cuadrada de dos.
Al cabo de un tiempo se dio
cuenta que no existía: que la raíz cuadrada de dos es un número irracional.
Pitágoras no fue capaz de rebatir con la lógica los argumentos de Hippasus y le condenó a morir ahogado. La mayor tragedia
griega de las matemáticas. Parece que no
sólo la Iglesia tuvo la Inquisición.
En cualquier caso, parece
que la historia personal de Wiles es algo peculiar:
su trabajo no ha sido el de un gran grupo de científicos sino más bien una
cruzada personal. Cuando aparecieron las sombras en su trabajo y tuvo que
enclaustrarse a resolverlas el libro cuenta que el departamento de matemáticas
de Princeton se convirtió en una especie de
'Kremlin'. Nadie se atrevía a preguntarle directamente a Wiles
cómo iba su trabajo y la evaluación de la situación se hacía con chismes: 'Hoy
he visto a Andrew. Sonreía, pero no parecía demasiado
feliz'.
El libro termina con la
siguiente frase: 'Estuve tan obsesionado con el problema que durante ocho años
pensé en él todo el tiempo; desde que me levantaba por la mañana hasta que me
iba a dormir por la noche. Es mucho tiempo para pensar en una sola cosa. Esta
odisea en particular se ha acabado. Mi mente descansa'. Descanse por muchos
años, Mr. Wiles.
(¿Seguro que no estaría
hablando de su hipoteca?)
Antoni Pérez i Poch