Crisipo
y el uno
Todo el mundo es consciente de la gran hazaña
de los indios al descubrir el número cero, que posibilitaría el desarrollo de
las matemáticas al simplificar los cálculos dentro de la notación posicional.
Compárese la facilidad de multiplicar 23×789 frente a la obra de arte que
suponía realizar la misma operación en números romanos: XXXIII×DCCLXXXIX.
Sin embargo, ese importante descubrimiento
había sido precedido, un milenio antes, por otro no tan comentado, pero que
contribuyó a variar la mentalidad imperante sobre lo que era el número. El
pensador Crisipo, que fue más tarde comparado por Clemente de Alejandría con
Homero, uno en el campo de la lógica y el otro en el de la poesía.
En efecto, Crisipo fue el primero en
considerar el uno como un número. Esto puede parecer hoy banal, pero los
griegos tenían un concepto más filosófico del número, y distinguían entre la
unidad y la cantidad; en este esquema lógico, el número era la medida de una
multiplicidad, y por tanto era contrario a la unidad.
Para los griegos, los primeros números eran
el 2 y el 3. El primero, con todos los pares, era asociado a lo femenino, lo
imperfecto, lo divisible, mientras que el segundo era lo contrario: al no
poderse dividir, era lo perfecto, lo masculino. La suma de ambos número, 5, era
el número del matrimonio, y su producto, 6, era el primer número perfecto
conocido (es decir, el número que igualaba la suma de sus divisores alícuotas:
6 = 1 + 2 + 3).
De hecho, Aristóteles había intentado
conciliar las “unidades de medida”, expresión que conservamos hoy, con la
“multiplicidad de lo medido”. Pero Crisipo rompió con estos paños calientes
tomando otra dirección lógica; en todo caso, para contentar a los fieles al
pensamiento tradicional, bastaba con considerar el 1 como una “multiplicidad
degenerada”. Siglos después, Leibniz hizo famosa su máxima: Omnibus ex nihilo ducendis sufficit unum,
‘para general el todo de la nada basta el uno’.
JMAiO,
Torredembarra, feb 07