Academia
militar de matemáticas
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a
plaza de la Acadèmia puede asemejar un rincón
subsidiario de la plaza de Sant Agustí
Vell; y si inquirimos por el origen de tal nombre,
pocos sabrán darnos razón. Hay una pista visual, pero la verdad es que es tan
mínima y tan deslucida, que pasa inadvertida. Me refiero a una puerta de
factura neoclásica que, desangelada, aparece encajada en una fachada.
Este portal es el testigo que nos ha llegado de una institución de relevancia
singular: la Real Academia Militar de Matemáticas.
Jorge Próspero de Verboom, que había propuesto a
Felipe V la creación de un cuerpo de ingenieros militares, consiguió que en
1710 se hiciera realidad. Fruto de la citada exigencia y sobre todo a causa de
la necesidad de preparar a fondo a los futuros profesionales, en 1720 se creó
en Barcelona la citada Academia de Matemáticas, que fue así la primera de
España. Alexandre de Rez
también intervino decisivamente en la fundación, aunque uno de los principales
impulsores fue Pedro de Lucuce. Al fin la sede
asignada fue el convento de Sant Agustí
Vell, muy dañado durante el asedio borbónico de 1714
y cuyo recinto había sido ya recortado a causa del tendido de los glacis de la Ciutadella; pese a algún que otro intento para
reconstruirlo, la comunidad agustina decidió
abandonarlo. En su posterior rehabilitación intervinieron precisamente algunos
de aquellos ingenieros, como Pedro Martín Zermeño,
conocido como Cermeño.
Los que comenzaron a dirigir aquella nave científica y técnica eran gentes bien
conectadas con los centros europeos más avanzados en aquel saber e incorporaron
además las últimas tendencias estilísticas, ya fueran en la línea del barroco o
del neoclásico.
Los ingenieros militares, una vez terminados sus estudios en Barcelona,
desplegaban básicamente su trabajo como artilleros, arquitectos militares y
cartógrafos en España, América y Filipinas; para ello habían de dominar el
saber matemático, que les impartían en la academia los mejores maestros.
Se preveía que, entre el alumnado militar, cada promoción aceptara la
incorporación de cinco civiles; aquel hecho iba a ser trascendente, pues
importa recordar que una de las represalias impuestas por FelipeV
había sido la pérdida, en beneficio de Cervera, de la enseñanza universitaria.
De ahí que la academia pasara a colmar, en parte, un vacío que benefició a
cuantos en aquellos años anhelaban la formación de arquitecto. Importa
precisar, con todo, que la primera cátedra de matemática civil había sido
establecida en el Col·legi de Cordelles.
No se conoce en toda su dimensión merecida la labor urbanística desplegada en
Barcelona por los capitanes generales durante no pocos decenios; debido a tal
responsabilidad se comprende la trascendencia de los proyectos ejecutados por
los ingenieros militares, como los hermanos Martín Cermeño y una legión
anónima, pues orillaban el culto a la personalidad. La Barceloneta
y la iglesia de Sant Miquel de Port,
traída de aguas, la realineación de la Rambla, la transformación de cementerios
parroquiales en plazas, el paseo de Gràcia,
ampliaciones del puerto, la calle Nou de la Rambla,
el paseo de la Esplanada, etcétera, son algunos
ejemplos de una labor continuada e impecable.
Ante la próxima celebración del 250 aniversario de la construcción del castillo
de Figueres, que debe de ser el más importante de Europa en su estilo, se
prepara una exposición que evocará también aquella Academia de Matemáticas que
lo hizo posible. Así las cosas, sería justo que, a renglón seguido, fuera
consagrada otra al urbanismo de los capitanes generales en Barcelona.
ARXIU
HISTÒRIC DE LA CIUTAT
El único rastro de la
Academia Militar de Matemáticas que ha
y en la plaza de la Academia
Lluís
Permanyer. La Vanguardia, 23.06.02
(Remitido por Jaime Vallet)