La Academia de Matemáticas de Barcelona

 

La Academia de Matemáticas de Barcelona fue introducida en el siglo XVIII por la nueva dinastía borbó­nica para la formación de profesionales en base a su mé­rito y capacidad, potenció el esfuerzo en el estudio de las matemáticas como instrumento esencial tanto para construir obras sólidas y bellas como para acceder al co­nocimiento científico esencial para resolver los proble­mas constructivos, ya que hasta el último cuarto del si­glo XVIII no era habitual el estudio de las matemáticas en la Universidad. La ubicación definitiva de la Acade­mia fue el antiguo convento de Sant Agustí Vell, en el barrio de la Ribera.

Cuadro de texto:  La Academia fue el principal centro técnico y cien­tífico de España durante el siglo XVIII, contribuyendo a la formación de los ingenieros militares y civiles de la época. Finalizaron sus cursos el año 1803, en que se cerró oficialmente, para derivar la formación en dos ra­mas: la militar, con la Academia de Ingenieros del Ejér­cito y la específica civil, con la Escuela de Ingenieros de Caminos.

La manifestación más directa de los ingenieros del siglo XVIII formados en la Academia fue la construcción aba­luartada, de la que quedan impresionantes fortificaciones en todo el reino y que, absoleta en su función defensiva inicial, tiene un gran valor patrimonial, pues son elemen­tos esenciales para la percepción espacial del territorio. Véase como muestra en el gráfico la fortificación de San Fernando.

Los frutos más perdurables de la formación recibida por los ingenieros en la Academia de Matemáticas tienen su manifestación más directa en su contribución a mayo­ría de los proyectos públicos que iniciaron la gran trans­formación de la Península, promovida por los "ilustra­dos", durante el denominado "siglo de las luces". El gran impulso dado por Carlos III para articular el territorio se apoyó, mayoritariamente, en estos ingenieros formados en Barcelona. La construcción de las carreteras naciona­les, de canales como el Imperial de Aragón, de Urgell o de Castilla, puertos como el de Barcelona, arsenales como el de Ferrol o Cartagena, poblaciones como la Bar­celoneta o la Carolina e innumerables edificios civiles, iglesias y catedrales como la de Lleida, ponen en eviden­cia un patrimonio admirado y no reconocido del que todos somos deudores.

No tanto por el sentido progresista y avanzado que tuvo en su tiempo la Academia de Matemáticas, como por la ingente e imponderada obra civil que contribuyó en gran medida al progreso de España, se celebró a esta exposición, que pretendía contribuir a la difu­sión cultural del patrimonio arquitectónico militar y de la obra pública del siglo XVIII.

Entre los meses de junio y octubre se celebró en la Ciudad Condal una interesante exposición de las obras más destacadas de estos pioneros en el desarrollo tecnológico español. También en Carrollia queremos rendir tributo a su ingente tarea.

 

                                               (Tomado por Josep M. Albaigès del programa de la exposición)