El humilde heptágono
Muchas estupendas propiedades matemáticas relativas
a los primeros dígitos se desvanecen al llegar al fastidioso 7. Las reglas de
divisibilidad por 2, 3, 4, 5 y 6 son conocidas y fáciles de aplicar, pero la de
7 es tan complicada que es mejor hacer la división. De análoga manera, la
construcción geométrica de los polígonos de hasta 6 lados es factible y
elegante, pero, ¡ay, pobre 7! Como está demostrado desde hace tanto tiempo que
el heptágono no puede construirse con regla y compás, tendemos a saltárnoslo en
nuestros estudios geométricos; a fin de cuentas, el octógono vuelve a ser rico
en todo tipo de propiedades.
Es curioso que todo lo que las matemáticas
niegan al 7 se lo otorga el esoterismo y la mística, dando a este número un simbolismo
superior al de cualquier otro. Siete eran los dioses principales, los metales,
los planetas, los mares, los días de la semana, los Infantes de Lara. El 7 es
citado abundantemente en todos los textos de no importa cualquier religión: hay
siete sacramentos, siete obras de misericordia, siete son los brazos del
candelabro del Arca de la Alianza, siete las virtudes hindúes principales y
siete las cabezas del gigante vencido por Krishna.
Vamos a dar algunas notas geométricas
respecto al 7. En realidad, para construir el heptágono inscrito en una
circunferencia se utiliza desde siempre una regla bien sencilla: tómese como su
lado la mitad del lado del triángulo equilátero.

Siendo el lado del heptágono para un radio
unidad:
![]()
Mientras que la mitad del lado del triángulo
equilátero es:
![]()
Veamos la construcción clásica:

(cortesía de www.dibujotecnico.com)
Comenzaremos trazando una diagonal de la
circunferencia dada de centro O, que nos determinará sobre ésta los puntos A y
B. A continuación, con centro en A, trazaremos el arco de radio A-O, que nos
determinará, sobre la circunferencia, los puntos 1 y C. Uniendo ambos
obtendremos el segmento 1C, lado del triángulo equilátero, cuyo punto medio nos
determina el lado del heptágono, 1D.
El error es de un 3 %, suficiente para las
construcciones gráficas usuales.
Pero existen procedimientos más “exactos”. Quizás el más notable sea el
ideado en 1683 por Fray Ignacio Muñoz , Maestro en Teología, de la Orden
de Predicadores, Catedrático propietario de Matemáticas de la Real Universidad
del Imperio Mexicano.
Dicho autor lo tituló, un tanto pomposamente, “Sexto postulado de Euclides”.

En términos actuales, el procedimiento
pretendía, mediante una serie de hábiles (y enrevesadas) construcciones
geométricas, dibujar con regla y compás el heptágono. El ardid se basaba en la
construcción previa de un triángulo isósceles de lados proporcionales a 4, 4 y
9, que, inscrito en un círculo, tendría su base igual al lado del heptágono
(ver figura). Esto equivalía a suponer que el coseno de 3π/7 fuera igual a
2/9 = 0,22222222…, o sea racional. En realidad, el valor exacto es
0,222520934…, con un error del 3/10.000, sin duda una buena aproximación.
***
Hemos hablado antes del esoterismo. ¿Quién no
ha oído hablar de la famosa pirámide de Khufu (más conocida como Keops o Cheops), en cuyas medidas se pretende haber
hallado nada menos que las dimensiones del universo o la carga del electrón? Lo
curioso es que estas medidas no se conocen con exactitud, pues la pirámide se
halla desmochada y por tanto su altura, cercana a los 147 m, no se sabe cuál
pudo haber sido exactamente en sus buenos tiempos.
En lo que sigue nos ceñiremos al excelente
trabajo de José Antonio de Echagüe Ensayo
sobre los números áureos y las sucesiones de tipo Fibonacci. También las
figuras son del mismo autor.
Ya el mismo Herodoto estatuyó que la pirámide
cumplía con la ecuación:

Es decir, que en la sección meridana de la
pirámide, el cateto largo (altura, h)
es media proporcional entre el corto (apotema de la base cuadrada, igual al
semilado, b) y la hipotenusa (altura
del triángulo que forma la cara lateral, x).
Esto lleva inmediatamente a la relación:
![]()
Siendo
, el llamado “número áureo”, bien conocido por los antiguos.
Es decir, que la semibase es la sección áurea de x.
Obsérvese que con este número se cumple una
curiosa coincidencia geométrica:
![]()
Lo cual es una buena aproximación de π,
que ha dado pie a otras interpretaciones esotéricas de la pirámide. Unas cuantas
manipulaciones algebraicas llevan a concluir que el área del cuadrado que forma
la base de la pirámide es aproximadamente igual al de un círculo cuyo radio
fuese la media geométrica del semilado y la altura de la pirámide.
De paso, y aquí empezamos a enlazar con el
heptágono, hay que observar que el ángulo de la pirámide vale:
= 51º 49’ 12”
≈2π/7 radianes
Es decir, el ángulo de la base es, muy
aproximadamente, el doble del ángulo central del heptágono regular (éste vale,
obviamente, 360/7 = 51º 25’ 43”).

Vamos a llamar “triángulo áureo” al de la
sección meridiana de la pirámide, es decir, el AOG. Si lo inscribimos en un
círculo, pronto hallaremos que el radio de éste vale:
![]()
Tomemos hora el arco AG, partámoslo por la mitad
y llevemos la cuerda correspondiente en ambos sentidos desde F y desde G. Nos resulta
la figura:

¡Ya tenemos el heptágono regular! Aproximadamente,
claro. La figura resultante es, como nos recuerda Echagüe, “el famoso
septenario o Hexagrama, o estrella de siete puntas, figura mágica y hermética como
el Pentagrama (con el que está relacionado incluso matemáticamente), con fuerte
significado cabalístico y hermético, y base de la Geometría Hermética. Como es
claro, el Septenario o Heptagrama deriva de la pirámide y la determina, cosa
que saben muy bien desde antiguo los criptófilos y hermetistas, y no se recatan
en señalarlo en sus tratados, mezclándolo frecuentemente con teorías
fantásticas. Resulta sin embargo curioso que sistemáticamente se haya ocultado
su carácter áureo”.
Ya que estamos en el heptágono, acabemos con
otro pariente pobre, el eneágono. He aquí un método constructivo, naturalmente
aproximado:

(cortesía de www.dibujotecnico.com)
Dada la circunferencia y sus diámetros
perpendiculares AB y CD, trácese con centro en A el arco AD = OA. Luego, con
centro en B, trácese el arco BD hasta que corte al diámetro OC en OE. Finalmente,
con abertura BE y centro E, trácese el arco AFB. El segmento F1 es el lado del
eneágono aproximado.
La construcción es innecesariamente
complicada. Obsérvese que, para radio unidad, OE = √2, es decir, se podía
haber obtenido simplemente tomando BC. Pero además consigue una aproximación
muy pobre para la cantidad de arcos trazados. Consigue asimilar el lado del
eneágono (para un radio unidad) a 1 + √2 - √3 = 0,68216275…, que
frente al valor exacto, 2 sin 20º = 0,68404029… supone un error de un 3 o/oo.
Pero, desarrollando este valor por reducidas, una aproximación bastante buena y
muy sencilla es 13/19 = 0,68421053…, cuya adopción para el lado del eneágono
supone un error de un 2,5 oo/oo.
Y por hoy ya basta de marear al pobre
heptágono y sus familiares. Seguirá…
JMAiO,
Torredembarra, jul 05