GAR-MAR Y LA MÁQUINA OMEGA
Resulta útil rebuscar de vez en cuando en
el archivo. Un antiguo artículo, publicado en [C-23], planteaba a propósito de
la biblioteca infinita de Borges hasta qué punto los números deben ser tomados
en serio. ¿Cuándo hay que convenir en que las extrapolaciones que permiten no
son más que vanos juegos intelectuales?
Como matemáticos que somos, podemos
cuantificar todas posibles bibliotecas borgianas posibles. En efecto, de la
descripción del escritor Lucio Lombardo se desprende que cada libro de la
biblioteca contiene 656.000 signos (incluido el espacio). Partiendo de 24
letras en el italiano, el número de todos los libros posibles, que llenarían
las bibliotecas del universo, resulta ser:
25656.000 =
4,42 x 10917.048
Ciertamente, éste no es un número muy
"grande" para las posibilidades actuales de la informática. Incluso
podría ser escrito, entero, con un ordenador PC. Menos de un millón de cifras.
Psch.
Otra cosa, claro, es su significado
físico. Los problemas de universo, gravitatorios y demás, ya comentados, lo
hacen inviable físicamente. Su volumen me retrotrae a las conclusiones del
jesuita García Martínez ("Gar-Mar"), en una curiosa obra que leí en
mi niñez. Su autor imaginaba la "máquina alfa", capaz de combinar de
todas las maneras posibles las letras de un verso. Sometámosle el de Gala:
¿Quién le dirá lo bien que huele a la rosa?
Los 41 signos del verso (contando el
espacio como uno más), combinados de todas las maneras posibles, darían lugar a
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combinaciones distintas. Una de ellas
sería el bello poema, producido ciega, irreflexivamente por la máquina alfa.
¡La máquina alfa, versificadora!
Nos resistimos a creer que una máquina pueda
producir un verso, pero ahí está el resultado. ¿Que anexa hay una “basura”
enorme? Bueno, también los poetastros la crean. Empezamos a sospechar que la
misión del genio no es tanto “producir” como “seleccionar”.
Pero prosigamos con la máquina beta, que debería
ser mucho más potente, ya que, con 14 versos como en anterior, podría elaborar
sonetos enteros. La máquina gamma escribiría una novela corta. Y así
sucesivamente, hasta la máquina omega, alimentada con unos 1015
alfabetos, o sea 3 × 1016 signos, número sensiblemente parecido al
de todos los signos contenidos en todos los libros del mundo. La máquina omega
supera ampliamente a los conocidos monos mecanógrafos de Eddington que
producirían, entre un vasto montón de desechos, todas las obras literarias o
científicas escritas o por escribir. El número de las combinaciones de la
máquina omega sería del orden de
NΩ
= (3 × 1016)! = 1010^72
Este número es ciertamente notable, aunque
todavía pequeño en comparación con el de Skewes u otros preciosismos con que
nos ha obsequiado la matemática en los últimos años. Resiste, desde luego, a
cualquier cálculo sobre imposibilidades físicas. Y ahí me atrevo a lanzar mi
hipótesis: este número simplemente no existe, digan lo que digan los
matemáticos y los filósofos.
¿Alguien no está de acuerdo? Espero
comentarios.
Josep M.
Albaigès
Barcelona,
octubre 1989