LA
NUEBA ORTOGRAFIA
Relata Augusto Cuartas en
sus Curiosidades del Lenguaje que “el
bolígrafo alemán Heuropa debe su
éxito a la letra inicial. Todos los que entraban en la tienda a advertir que
Europa se escribía sin h, compraban
alguno”.
Esta anécdota es bien
expresiva de uno de los saberes más inútiles pero a la vez más anclados en la
conciencia “cultural” de muchas personas en nuestra época: el mantenimiento a
toda costa de las convenciones ortográficas heredadas del siglo XV, convertidas
hoy en una liturgia cultural más.
¿Existe alguna institución
de esa época que permanezca hoy tan intocada? ¿Por qué no se afanan en el
objetivo de mejorarla los revolucionarios, hoy que hay tantos para todo? Y el
caso es que los que podrían acometer la empresa no lo hacen o lo hacen muy
tímidamente: en octubre de 1984 el colombiano y Premio Nobel de Literatura
Gabriel García Márquez escandalizó a muchos hispanohablantes (o, mejor,
hispanoescribientes) diciendo en Madrid que “habría que suprimir los acentos
dela lengua castellana”. Su declaración, como muchas otras parecidas, perdía
fuerza al hacerse sospechosa en sus últimas palabras: “En mis originales los
utilizo, pero los utilizo mal”.
Sin embargo, no siempre los
intentos de simplificar la ortografía de la lengua castellana han partido de
quienes no la dominan y desean suprimir un obstáculo para remediar su
incapacidad para saltarlo. Ya Mateo Alemán, el gran narrador sevillano del
siglo XVI, creó en México un sistema ortográfico de 25 letras, sin éxito. El
padre Benito Feijoo, por boca de su personaje fray Gerundio de Campazas,
abogaba por ciertos cambios, como la supresión de la u tras la q. En nuestros
tiempos, Juan Ramón Jiménez cultivaba la “rareza” de usar sólo la j ante e, i aspiradas. Y algunos escritores
hispanoamericanos se han lanzado por libre a sustituir la copulativa y por i, cuando no a aventuras más radicales.
Se ha argüido que la fijeza
en el grafismo de una palabra es condición necesaria para una rápida
identificación y lectura, en lo que estamos de acuerdo, aunque ello no debe
encorsetar para siempre esta misma grafía. En la época de la Renaixença catalana muchos escritores en
esta lengua estimaban como signo de riqueza y variedad la proliferación de
grafías (la palabra amb llegaba a
escribirse de ocho maneras distintas), pero, en estas condiciones, el avance
técnico dela lengua y su capacidad universalizadora permanecieron estancadas
hasta la reforma de Pompeu Fabra (1913), que por cierto simplificó buena parte
de convenciones y grupos arcaicos, aunque sin la audacia de otras lenguas como
el italiano, del cual están ausentes la h,
k, w, x, y, sin que nadie pueda acusar a la lengua de Dante de falta de
armonía o belleza gráfica.
Sería hora pues de pensar en
serio en la reforma ortográfica del castellano, que lejos de responder a
iniciativas de francotiradores revolucionarios debería venir auspiciada por la
Real Academia de la Lengua para facilitar su aceptación y efectuarla
coordinadaente, limitando así al mínimo el aludido problema de la
identificación. ¿Se animarán nuestros inmortales a hacerse de veras inmortales
dando vía libre a la evolución lingüística en el plano gráfico? Recuerden
nuestros respetados sacerdotes de la literatura gráfica que por muy correctas y
respetables que sean las razones etimológicas, a fin de cuentas casi a nadie
interesa que haya que escribir cabra
con b porque esta letra sea más afín
que la v a la p (latín capra), aparte
de que esta barroca explicación tampoco acaba de dejarnos satisfechos, ya que
entonces, ¿por qué escribimos viga y
no biga (latín biga)? Si la lengua está al servicio del hombre, tarde o temprano
habrá que dar el paso. Al fin y al cabo, si nuestros gramáticos de los siglos
XV-XVI fueron capaces de abandonar audazmente las convenciones latinas para
lanzarse a la constatación fonética de la nueva lengua, ¿por qué no hemos de
ser nosotros tan valientes como ellos y dejar de considerar el castellano
cervantino como un neo-latín encorsetador de inspiraciones, coartador de
espontaneidades y sembrador de errores?
La Literatura Potencial
(LIPO) propone un plan para alcanzar este objetivo sin traumas, inspirándose en
el que hace ya muchos años pensó George Bernard Shaw para la lengua inglesa,
por cierto mucho más complicada ortográficamente que la nuestra. En unos pocos
años podría llegarse a una ortografía fácil, racional y bella sin amargar la
vida a los alumnos ni a los profesores de la actual generación escritora,
habituada a las normas ortográficas del DRAE.
Coincidimos con García
Márquez en que el aspecto más innecesario y por tanto más prescindible de la
actual ortografía castellana son los acentos, que serían el primer punto de
ataque. No se comprende este afan por guiar tan minuciosamente la
pronunciacion, especialmente si se acompaña de un desden tan notorio hacia la
grafia. Ingles, aleman, italiano y tantos otros idiomas se pasan perfectamente
sin estas molestas virgulillas, y como ellos hariamos nosotros, sin que nadie
dejar por ello de saber cual es la silaba tonica de una palabra. De hecho, ya
la escritura por e-mail ha llegado a esta conclusion por otros caminos.
El segundo año del Plan de
Reforma Ortografica del Castellano (en adelante PROC) ya prodrian acometerse
cosas de mas envergadura, eliminando de una vez la molesta h, salvo en la
palabras extranjeras, donde abitualmente es pronunciada. ¡La erencia cervantina
mas pesada, la pesadilla ortografica infantil mas
orrorosa, eliminada al fin!
Como estos cambios abrian
sido sencillos y bien acogidos, podria continuarse el año siguiente con la
unificacion de las letras b/v a la
primera, en la cual an conbergido ambas foneticamente, cosa que esperamos no
bulneraria los sentimientos de quienes todabia opinan que debe distinguirse su
pronunciacion.
En el cuarto año ya nos
atreberiamos a empresas mayores erradicando la c y la q, ke serian
substituidas, según los kasos, por la z o
la k. Ay ke dezir ke, aprobechando la
okasion, tambien se suprimiria la inutil x,
ke se konbertiria en s, ks o gs, segun su pronunziazion. El grado de
eksaktitud fonetika konseguida a estas alturas seria ya konsiderable.
Para deskansar un poko, el
kinto año nos limitariamos a reformas pekeñas, ke kaerian komo fruta madura: se
suprimiria tambien la y por
innezesaria, i se simplifikarian las komplikaziones aktuales con las letras g/j. La primera sonaria siempre gutural
oklusiba, sin nezesidad de u
interpuesta, i la segunda frikatiba. Ninguna difikultad, ninguna gerra darian
estas nuebas medidas, ke alijerarian ia
kasi totalmente la lengua.
I, en fin, en el sesto año
de la PROK entrariamos ia a fondo en la reforma. ¡Fuera los sinos inutiles! Las
letras mudas serian suprimidas sin miserikordia komo antes se abia echo con la
ache, i la grafia se adataria a la autentika pronunziazion. Palabras komo
imbento, berda o argo podrian ofrezer un aspeto un poko estraño al prinzipio,
pero pronto nos akostumbrariamos. Inkluso, con un poko de audazia, se podria
aprobechar la letra c, ke abria kedado libre, para sustituir kon ella la atual
ch, komo azen los italianos. I asi, en un plazo tan brebe como seis años abriamos
akabado disfrutando de una lengua senzilla i tanto o mas armoniosa bisualmente
de lo ke pueda ser el antikuado kastellano atual, prisionero de kombenziones i
lastres ke nos atan inutilmente al pasado, azen difizil el aprendizaje i
perpetuan la bijenzia de kapricosas grafias, kiza balidas i mui respetables en
otras epokas, pero cocas i bazias oi de sinifikado i utilida para el pueblo.
Jose Maria Albaijes Olibart
Barzelona, otubre 1985