LENGUAS ARTIFICIALES

 

 

Los intentos de inventar una lengua universal han sido muchos a lo largo de la historia y no todos parecen demasiado lógicos. Desde la época de Descartes hasta la actualidad se han inventado no menos de 700 idiomas artificiales. Por ejemplo, el escocés Dalgamo ingenió un idioma artificial compuesto por palabras formadas por agregación de distintas letras cuya presencia indicaba el significado; así, la n indicaba que la palabra se refería a seres vivos; si la n se combinaba con la griega eta, formaba el concepto "animal"; si se completaba con la k, se refería a cuadrúpedos, etcétera, etcétera.

El tutónico, que mezcla un inglés básico con un alemán básico, fue otro intento de lengua universal nacido a finales del siglo pasado y desaparecido en su misma infancia. Otra iniciativa fue la de una extraña mezcla de griego, latín y chino. 0 la propuesta de un grupo de estadounidenses que creó un inglés básico de 850 palabras.

En 1817, el francés François Sudre creó el solresol, idioma artificial basado en la escala musical. En él, por ejemplo, la nota do indicaba afirmación; re equivalía a la conjunción copulativa y; mi, equivalía a la conjunción disyuntiva o; mientras que la palabra solasi significaba "ir hacia arriba", puesto que se componía de tres tonos ascendentes. Lo que más entusiasmó a sus escasos seguidores es que este lenguaje podía ser cantado.

En el año 1879, el religioso alemán Johann Martin Schleyer (1831-1912) dio a conocer el volapük, que vino a significar un intento mucho más serio que todos los anteriores de crear un idioma universal. Semejante en estructura gramatical al turco y al magiar, obtuvo un cierto éxito inicial a finales del siglo XIX. Se llegaron a publicar hasta 316 libros de gramática distintos, traducidos a 26 idiomas; mientras se editaban 25 revistas y 283 clubes promocionaban esta lengua artificial. Sin embargo, su declive provino de un congreso internacional en el que el propio Schleyer bloqueó la introducción de algunos cambios en su gramática, bajo el argumento de que aquél era su idioma y nadie estaba autorizado para cambiarlo. Cortedad de miras ciertamente notable para el creador de un idioma pretendidamente universal.

Sólo uno de los muchos idiomas artificiales ha llegado a superar los cien años de vida con un relativo éxito: el esperanto, creado por el oftalmólogo rusopolaco Luis Lázaro Zamenhof (1859-1917) en 1887. Su base está formada por la síntesis de varias lenguas europeas y su gramática se resume en 16 reglas, lo que asegura su aprendizaje en un corto periodo de tiempo, hecho al que ayuda su pronunciación totalmente fonética. Se calcula que hoy en día es hablado por unos 5 millones de personas de todo el mundo, habiendo generado una incipiente literatura propia, además de haber visto traducidas a su vocabulario un gran número de obras de la literatura universal. A pesar del estancamiento de su difusión, cuando no de su declive, en la actualidad emisoras de radio lo utilizan en algunos programas y el sistema telegráfico internacional lo acepta como medio de comunicación junto al resto de las lenguas vivas y al latín.

 

Tomado de El libro de los hechos insólitos, por Gregorio Doval