Orígenes y significado del alfabeto (JMAiO)

 

Es sobradamente conocido que la escritura pasó desde un primer estadio ideogramático, en el que los objetos eran representados mediante símbolos (el ejemplo más clásico es el antiguo Egipto) a un estadio mucho más abstracto, en el que ciertos sonidos, por asociación, pasaban a ser representados directamente: había nacido el alfabeto, tal como hoy lo entendemos.

 

Cuadro de texto:  Se ha sugerido que la transición entre ambos sistemas de escritura tiene sus raíces en lo que se ha llamado “escritura proto-sinaítica” por su lugar de aparición. En numerosos epigramas descubiertos ha podido seguirse la evolución de los primitivos sonidos hacia símbolos que se alejaban ya de la evocación objetual directa para convertirse en referentes abstractos, meros evocadores fonéticos.

 

Lo que sigue es una historia de nuestro alfabeto, acuñada por el profesor Marc-Alain Ouaknin en su apasionante libro Mysteries of the Alphabet (Abbeville Press Publishers, New York, 1999). Quien desee ampliación, puede dirigirse a esta obra.

 

A

En el alfabeto proto-sinaítico la palabra alef significa ‘buey’, y los símbolos en que deriva en otros alfabetos se caracterizan por la constante presencia en el símbolo de los cuernos del animal: , tanto en posición derecha como tumbada o invertida. Esto ocurre tanto en el hebreo, א (álef), como en el griego, α/A (alfa), y posteriormente en el latino, a/A (obsérvese que la minúscula no es más que una forma cursiva de escribir la mayúscula). Del significado abstracto inicial, “fuerza”, derivan los de “ser humano, inicio, posibilidad”.

 

B

Es la primera letra de la palabra bayit, que en hebreo y en el lenguaje protosemítico, significa ‘casa’, de donde la forma primitiva , que al ser tumbada originó la β/B griega y las latinas b/B. El hebreo prefirió el símbolo beth, ב, que figuradamente significa “lumbre, chimenea”, una cavidad abierta, la de la casa o la del fuego de hogar. Por ello adquiere un significado netamente femenino: “cavidad, abrigo, intimidad, familia, pareja casada”.

 

C

Inicialmente fue la G, la primera letra de la palabra hebrea gimmel, ‘camello’, y era sonora. Por ello su forma primitiva, , representa esquemáticamente una giba. Ésta evoluciona por giro a la griega mayúscula Γ. Extendiendo el primer trazo hacia arriba se llega a la hebrea ג o la primitiva , que al ser invertida produce la letra griega minúscula γ. La c/C latina, que inicialmente sonaba siempre como K, es ya sorda, atendiendo a los usos latinos, que consideraban ordinarios los sonidos sonoros. El camello representa el viaje, la carga, de donde los significados derivados de “llevar, devolver un favor”.

 

D

Es la primera letra del hebreo daleth, que significa ‘puerta’, representada mediante su dintel con el símbolo hebreo ד De ahí el significado de “abertura”, y también de genitales femeninos (el triángulo púbico), de donde derivará la mayúscula griega Δ. Una forma simplificada de representarla, deriva en la minúscula δ al ser invertida. El significado abstracto de “dar vía, camino”, especialmente a un recién nacido, ha hecho relacionarla también por otro camino con el triángulo, abstracción del pecho femenino. De donde también los significados derivados de “circulación, flujo, camino”. En latín evoluciona a d/D al ser representado el triángulo en posición vertical, .

 

E

Deriva del sonido proto-sinaítico heh, el sonido de la respiración y, por extensión, de la plegaria y del espíritu. Por ello su representación primitiva fue un esquema humano, , que inmediatamente se simplificó a formas como , hasta acabar en hebreo en ה, y en griego en ε/Ε Por simple cierre cursivo de una de las cavidades pasó en latín a e/E. Significados abstractos: “respiración, vida, ritmo, movimiento, pregunta”.

 

F

Es una variante fonética de la primera letra del hebreo vav, “uña”. Su original forma parece haber sido , que derivó en griego al sonido llamado digamma, pronunciado como la v francesa, y sustituido más adelante por la φ (que es, no lo olvidemos, una f aspirada, distinta de la f, de donde su representación latina por ph). En hebreo, por simplificación cursiva se adoptó una primitiva forma , llegando a la actual ו, y, en latín, a f/F. Su propia forma primitiva llega a las ideas de “coordinación, bifurcación, columna, dedo, falo”.

 

G

Deriva del hebreo zayin, ‘arma’, y también ‘ornamento’, de donde su significado inicial de “encuentro cara a cara”. Como arma, su símbolo constaba originalmente de tres elementos, , que recordaban una flecha. Esta forma pasa fácilmente a la hebrea zain, ז (ver Z). En latín, el séptimo lugar en el alfabeto era ocupado por la g/G, que era una concesión a una forma particular de pronunciar la C en forma sonora. Los significados derivados son “revolución, fractura, distancia, desafío, contradicción”.

 

H

Deriva del hebreo heth, que en leguas semíticas significa ‘cerrado, obstáculo, pared’, con el obvio símbolo . Es evidente la relación con la forma hebrea ח, con las griegas η/H y las latinas h/H. Su significado simbólico deriva, del inicial “cierre”, al más general de “limitación, obstáculo, norma, regla moral”. Claro es que en ninguna de esas lenguas la letra era muda.

 

I

La letra I está basada en la iod, letra hebrea, basada en la décima del alfabeto proto-sinaítico, pronunciado en forma gutural. El sonido deriva de iad, que significa en hebreo ‘mano’, de donde las ideas abstractas “demostrar, contar, exhibir”. Derivada del signo jeroglífico , es la letra que sufrió un mayor grado de simplificación, evolucionando en hebreo a י, en griego a ι/I y en latín a i/I. El punto fue añadido en la edad media para no confundir, en la escritura cursiva, el diptongo latino ui con el iu; posteriormente se generalizó a todo el uso de la i minúscula.

 

J

Es en realidad una variante de la i/I, llamada inicialmente i holandesa, que se empleaba en determinadas posiciones, especialmente al final de palabra (v. gr., en números romanos, 13 = xiij). Esto explica la presencia del punto. Posteriormente fue aprovechada por muchas lenguas europeas para representar sonidos afines pero distintos al de la i/I.

 

K

En el alfabeto proto-sinaítico, la 11ª letra derivaba de kaf, que representaba la “la mano”, distinta de la mano con el brazo incluido. Las primitivas formas derivaron, por simplificación, a la hebrea כ (distinta de la beth, ב, ‘hogar’), y, menos simplificadamente, a las griegas κ/K y latina k/K. Las ideas asociadas con la letra son “tomar, acariciar, cubrir, cambiar, comerciar”.

 

L

Deriva de lamed, la 12ª letra del alfabeto proto-sinaítico, que designa un aguijón para buey, utilizado para estimular la marcha de éste. Su forma inicial era , que pronto fue girada 90º para producir la letra hebrea ל. Más simplificado, se convierte en la griega λ/Λ, y en las latinas l/L. El sentido está claro: “mover, espolerar, causar movimiento”, de donde “enseñar, extenderse, oponerse”.

 

M

la letra mem, 13ª del alfabeto proto-sinaítico, representa el agua móvil, sea en forma de corriente fluvial u olas, de donde su natural representación: , que pronto se simplifica a ם, en griego la mu, μ/M y en latín a m/M. Por su significado primitivo, se asocian con ella multitud de ideas: “dinamismo, movimiento, rapidez, fugacidad, vida”.

 

N

La 14ª letra del alfabeto proto-sinaítico, la nun, significa ‘serpiente’, de donde el típico símbolo ondulado , que vemos en la nun hebrea, ן, y en las correspondientes nu griega, ν/N, y latina n/N. Significados asociados: “íntimo, femenino, vida, escondido, madriguera, movimiento”.

 

Ñ

Es una letra exclusiva del alfabeto español (y alguno más que de él la han tomado: el gallego, el euskera...). En la edad media se representaba mediante el grupo gn, que se simplificaba representando las letras omitidas mediante un suprarrayado en o en  (sigue utilizándose en palabras como Barña = Barcelona). Adoptada la simplificación, la raya horizontal se evolucionó a una tilde por razones estéticas. Pese al empecinamiento de la Academia, debería ser considerada como una simple variante de la n/N, de la misma forma que la ç/Ç lo es de la c.

 

O

la 15ª letra del alfabeto proto-sinaítico, ayn, significa ‘ojo’, de donde la natural forma de la letra, , que se repite en la griega ómicron, ο/Ο, y en las latinas o/O. Se ha pretendido que representa la forma de la boca al pronunciarla, pero véase la letra P. En hebreo, la letra sufrió una evolución peculiar: , , hasta acabar en el actual signo, . Como es natural, sus ideas asociadas se refieren a “la vista, la consulta”, y también a “aparecer, fuente de agua, agujero, visibilidad”.

 

P

El significado inicial de la 16ª letra del alfabeto proto-sinaítico es peh, ‘boca’. Su representación natural hubiera sido un círculo, pero, estando ese símbolo ocupado por la O, se utilizó un rectángulo, , acabó finalmente en peh, ף. La forma cuadrada persiste, con ligeras variantes, en la griega pi, π/Π, y, por inversión especular del hebreo, al latín p/P. El significado inicial de “boca” lleva a los de “orificio, respiración, brecha, genitales femeninos, ley oral”.

 

Q

La 17ª letra del alfabeto proto-sinaítico es qof, ‘mono’. No olvidemos que su sonido es distinto del K (la q es una explosiva velar, no palatal), por lo que no pasó al griego, que carecía de éste. La forma del animal con su cola es claramente sugerida por el símbolo hebreo, ק, y por el latino, q/Q. También significa “ojo de una aguja”, de donde las ideas asociadas de “cortar, separar, interrumpir” por su letra inicial.

 

R

La 18ª letra proto-sinaítica es la inicial de resh, ‘cabeza’, de donde ‘fondo, principio, inicio’. El símbolo inicial sería , pero pronto actúa la reducción icónica, y pasa a ר. Así surge el griego ρ/P. En latín se conserva la “bufanda”, y el símbolo es R, que se simplificará más en la minúscula: r. La idea inicial lleva a la de “inicio, origen”.

 

S

En proto-sinaítico la palabra shin significa ‘diente’, y es representada por un diente estilizado, , su 19ª letra. El símbolo se va simplificando y acaba en el hebreo . Obsérvese el parecido con la sigma griega en final de palabra, ς, algo más compleja en el centro: σ/Σ. En latín, el diente se transforma en s/S. Del significado análogo directo, “masticar, triturar”, se pasa a “mandar, proyectar, empujar”.

 

T

La 20ª letra del alfabeto proto-sinaítico es tav, ‘marca, signo’, representado habitualmente con una cruz, , o un aspa, . El hebreo tomó ת, y el griego giró el signo hasta convertirlo en una cruz, y por simplificación, τ/Τ. Casi sin alteración pasó al latín, donde se conserva la forma de cruz en la minúscula: t/T. Innumerables son los significados asociados a su signo primitivo: “símbolo, alianza, complitud, perfección, energía”.

 

U

Es una forma evolucionada de la V latina (v). Acaba adquiriendo timbre vocálico. En griego, un sonido próximo es el de la ípsilon, υ/Υ, de sonido distinto a la u/U latinas, más cercano a la u francesa.

 

v

El ya visto símbolo vav,  (véase F) es simplificado en latín a V. Pero éste resulta ambiguo, según vaya precedido o no de consontante (PLVS VLTRA: ‘plus ultra’). Procede de la vav proto-sinaitica (ver F), y cuando se escinde como un sonido diferente, recorta la parte baja, pasando a v/V en latín (en griego no existe el sonido). La necesidad de distinguir entre los dos sonidos posibles lleva a transformar progresivamente el ángulo de la V.

 

W

Es una mera repetición de la v/V, utilizado en las lenguas germánicas para marcar una mayor cerrazón (cf. el alemán Volk, pronunciado /folk/. En otras lenguas adquiere otros valores, como el de u consonante en inglés.

 

X

Deriva de la 15ª letra del proto-sinaítico, samekh, que significa ‘soporte’. Muchos autores opinan que la representación era un pez, lo que no cuadra mucho con la idea de “soporte”, por lo que se ha emitido la hipótesis de que le primitivo símbolo sugeriría una columna con su capitel, , que por simplificaciones posteriores pasaría al símbolo de la xi griega mayúscula, Ξ, simplificada en la minúscula para facilitar la escritura rápida en ξ. Otro tipo de simplificación produciría el símbolo hebreo ס. El concepto primitivo se explicta en “marco, infraestructura, esqueleto, escalera”.

 

Y

La iod era distinta de la ypsilon griega, cuyo sonido era distinto de la i (equivale a la actual u francesa). La y fue adoptada en el alfabeto romano, pero ha pasado al nuestro como una mera reliquia, pues se limita a repetir el símbolo de la i (se usa en diptongos al final de palabra).

 

Z

La necesidad lingüística produjo la rehabilitación de la Z, que fue incorporada al alfabeto latino; al estar el séptimo lugar ocupado por la G, fue relegada al último como un símbolo nuevo, .