La
capacidad del CD
De no ser por la inercia que representa
el enorme arsenal de discos compactos de música que existen en la actualidad, los
días del CD como memoria externa de fácil intercambio de los ordenadores personales
estarían contados, al no resistir la comparación con el otro soporte digital
que ya empieza a ser corriente, el DVD, y el nuevo recurso que comienza a
despuntar, los discos externos de gran capacidad (algunos de los cuales, aunque
caros todavía, superan el terabyte). El CD, por lo
tanto, caería en desuso en pocos años ―y es probable que así ocurra en el
ámbito de los ordenadores, a pesar de lo dicho―, como está ocurriendo de
hecho con el diskette, de tan dilatada vida que ya parecía
inmortal, y que está cediendo ante las memorias sólidas tipo «pen drive» (conectables al puerto
USB, las más corrientes albergan 64, 128 o 256 Megabytes,
y no es raro que hagan a la vez las funciones de reproductores de música,
grabadores de voz y hasta de radio FM). Las tarjetas tipo «Flash-Card» o «Secure-Digital», por
ejemplo, son también competidores del diskette e
incluso del CD regrabable: del tamaño de un sello de
correos, su función principal es la de ampliar la memoria de agendas y máquinas
fotográficas, pero hacen perfectamente el papel de soporte para el intercambio
de datos entre ordenadores; tarjetas con 1 GigaByte
de memoria empiezan a ser moneda corriente en el mercado de los artilugios
digitales.
Vale la pena hacer un poco de historia
de este buen amigo el CD, y preguntarse también por las razones que impusieron
su capacidad de datos.
El CD, disco óptico digital, fue ideado
en 1969 por el físico holandés Klass Compaan. En 1978, en un congreso (Digital Audio Disc Convention)
celebrado en Tokio con la participación de 35 fabricantes, Philips
propuso el establecimiento de un estándar mundial para dicho soporte. Al año
siguiente se tenían listos y se demostraron prototipos de CD en Europa y en
Japón, y en ese mismo año Sony estuvo de acuerdo con
la fórmula de colaboración. Sony y Philips se comprometieron a utilizar la ratio de muestreo
digital de 44 100 muestras por segundo y Philips, por
su parte, aceptó la propuesta de Sony para utilizar
muestras de 16 bits. Se decidió también que la duración máxima del disco debía
ser de 74 minutos, y se adoptó un diámetro de 120 mm
para el mismo. A continuación justificamos brevemente algunos de estos
detalles.
En teoría de la información existe un
teorema, debido a Nyquist, de expresión matemática
algo abstrusa, pero que aplicado al área de la audición permite concluir que
para evitar que la digitalización de una señal analógica (como es la del
sonido) introduzca armónicos espurios, la frecuencia de muestreo ha de ser al
menos el doble de la que corresponde al umbral del oyente. El oído de un adulto
joven (no habituado a discotecas ni al empleo del walkman) puede escuchar
frecuencias de hasta unos 22 mil ciclos por segundo. La edad y la vida en
nuestras ciudades se encargan de lastimar rápidamente esa capacidad. De lo
dicho resultan los 44 100 kHz elegidos como frecuencia
de muestreo.
Por otra parte, consideraciones que
tienen que ver con los decibelios permiten de modo semejante llegar a la
conclusión de que para distinguir entre un «pianissimo»
y un «fortissimo» (de nuevo el patrón es el adulto
joven de oído no castigado), hace falta una información de al menos 16 bits, lo
que implica una escala de 65 536
incrementos.
Los dos datos anteriores nos dicen,
teniendo en cuenta la conocida equivalencia entre un byte
y 8 bits, que cada segundo debe consumir una información de 44 100 × 2 bytes = 88 200 bytes. Un minuto
de sonido con calidad musical representará por lo tanto 5 292 000 bytes ≈ 5 MB. (1 Megabyte=
1024, 1 Kilobyte = 1024 bytes).
Así pues, para una duración de 74 minutos, la capacidad de información exigida
será de unos 350 MB. Falta ahora añadir un detalle, que obliga a duplicar la
capacidad del disco, y es la necesidad de disponer de dos canales para el
sonido estereofónico. Llegamos así a la cifra de 700 MB, que es la que en
general corresponde a la capacidad de los CD, tanto de música como los que se
manejaban inicialmente en los ordenadores personales.
El diámetro de 12 cm. es una
consecuencia de lo anterior y del estado de la técnica de grabación y de
reproducción de la época. El estándar se ha conservado desde entonces, a
excepción de algunas variantes pensadas para uso exclusivo en el ordenador
(como el CD de 80 y hasta el de 90 minutos, o los CD regrabables
de tipo magneto-óptico).
Queda por responder a una cuestión:
¿por qué 74 minutos? Aquí aparece la leyenda urbana, y podemos hablar de dos
versiones.
Los primeros prototipos de CD tenían un
diámetro de unos 115 mm, capaces de albergar unos 60
minutos de música. La recomendación para pasar a los 74 minutos de música, que
exigían un diámetro de 120 mm provino directamente
del presidente de Sony, Norio
Ohga. Se cuenta que la razón fue su interés para que
cupiera en un único CD la novena sinfonía de Beethoven,
una de sus piezas favoritas. Se dice también que la exigencia se debió a la
esposa de Akio Morita, otro de los altos cargos de Sony; también en este caso la razón aducida tuvo que ver
con la novena sinfonía de Beethoven.
En otra de las versiones de la leyenda,
de nuevo la novena sinfonía de Beethoven impuso su
tiempo de duración. El director de orquesta Herbert von Karajan (que entonces grababa
para la marca PolyGram, subsidiaria de Philips)
tomó parte activa en la campaña de promoción
del CD, y participó en la conferencia de prensa que Sony
ofreció en Viena en 1981 para anunciar el prototipo de la compañía. La leyenda
dice que se adoptó la duración de las grabaciones de von
Karajan de dicha sinfonía con la Orquesta Filarmónica
de Berlín. Lo cierto, sin embargo, es que casi todas las grabaciones modernas
de la citada novena sinfonía (incluida la antes nombrada de Karajan)
son unos minutos más cortas que los aludidos 74, de modo que no está claro que
la decisión no tuviera que ver más bien con algo así como garantizar un cierto
margen de seguridad, aparte de un redondeo en la cifra del diámetro del
disco.
Para seguir con la historia del CD,
diremos que en 1980 Philips y Sony
propusieron el estándar definitivo del Compact Disc. La
compañía Matsushita lo aceptó en 1981, seguida del Digital Audio Disc
Comittee. Ese mismo año terminó la colaboración
entre Philips y Sony.
En 1982 tanto Sony
como Philips tenían productos listos para el mercado.
En otoño se introdujo la tecnología CD en Europa y en Japón. En la primavera de
1983 se presentó en Estados Unidos. Naturalmente, junto con los CD se ofrecían
los aparatos reproductores de los mismos.
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En 1985 llegaron las unidades de
CD-ROM al mercado de los ordenadores. Hasta 1996, año en que se presentó la
tecnología de los DVD, el reinado de los CD fue absoluto. |
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Pedro
Crespo, 30 octubre 2004