Recetas de la Lola

 

Niño estrellado

Se coge un niño de 4 ó 5 años (antes de que tenga edad  para defenderse) y se le sube a la terraza de un 13º piso; allí se le pone un pie sobre la barandilla y se le enseña a mover los bracitos como los pájaros. Una vez practicado este ejercicio se le da un empujón para lanzarlo al vacío, donde permanecerá en suspenso durante breves minutos intentando volar, después caerá rápidamente sobre el asfalto, y allí quedará totalmente estrellado (de ahí el nombre).

Se recogen los restos en una bandeja, procurando no perder nada de sangre y seso, que es la parte más sabrosa del plato. Se sirve en una fuente caliente acompañado de las tablas de multiplicar y una caja de rotuladores para darle color.

 

Médico a la transfusión sidosa.

Escogeremos un ejemplar de médico joven, con ilusión, de fuerte complexión, y que se haya contaminado de un paciente de sida.

Se le machaca bien, diciéndole lo poco que le queda de vida, y lo jodido que se lo va a pasar, hasta que se desmaya y se le puede introducir en el cajón frigorífico de la morgue.

 

Maestra al jolgorio revoltoso

Se coge una maestra de unos 25 años, y con las oposiciones recién aprobadas, para que así conserve el aroma exquisito de los tribunales, y se la deja encerrada con 40 alumnos durante 3 días.

Cuando se haya vuelto loca, ella misma se abrirá la cabeza o morirá descuartizada a manos de sus alumnos, con lo cual se ahorra al cocinero la ingrata tarea de sacrificarla.

Se pone en una cazuela con hojas de los libros de Psicología, Pedagogía y Didáctica, y se sirve, a final de curso, en la cena de los padres de alumnos del colegio.

 

Ama de casa al estropajo luminoso

Se coge un ama de casa de unos 30 años y se la deja un par de días en la cama para descansar, hasta que se le quite el olor a ajos y lejía.

Se le quitan los rulos, el delantal y las medias-calcetín, y se le dan un par de vueltas por la lavadora. Se la tiende al sol, y cuando está seca se la adorna con pañales de niño o calzoncillos a topitos del marido, rematados por la dentadura postiza de la suegra.

Se abren un par de latas precocinadas y se le echan por encima en el momento de servirlo a la mesa para que el jefe pueda comer algo.

 

Secretaria al fax

Se coge una secretaria de unos veinte años y se la pasa por el Fax unas cuantas veces hasta que se ponga dócil.

Se la ata con unas medias de seda, y se la unta bien con lápiz de labios color zanahoria.

Debe macerar 3 horas en el archivador para coger el correcto olor a oficina.

Una vez sazonada con piropos del jefe, se la pasa un par de veces por la máquina de escribir, y se le da un golpe con la cafetera para que no se ponga tonta.

Puede servirse dentro de un sobre de carta, acompañada de novio haciendo el servicio militar, para sustituir la lechuga.

Nota: Esta plato resulta más sabroso si el novio de las secretaria es un “piernas”.

 

Funcionario a la cabronara

Se coge un funcionario público, de edad indefinida y con cara de mastuerzo (no es difícil, pues todos tienen estas características) y se le machacan los sesos contra la ventanilla del atender al público. Una vez abierta la cabeza se procede a la extracción del serrín del interior del cráneo, y se rellena con amabilidad, buen humor, inteligencia y disponibilidad.

Se le deja macerar dos días en un tribunal de oposiciones, y se unta bien con recomendaciones de su tío-abuelo, antiguo general del ejército retirado.

Debe introducirse al funcionario en un horno crematorio (modelo Hitler) y dejarlo incinerar por espacio de dos días. En lugar de servirlo se aconseja esparcir las cenizas al viento, pues es una carne muy indigesta.

 

Ejecutivo al ordenador

Se coge un ejecutivo de unos 45 ó 50 años y unos 60 kg de peso, se le lava bien, se le cortan las uñas, el pelo y se le depilan brazos y piernas a la cera caliente.

Se lo coloca en una fuente para ir al horno, y se le coloca una impresora en la boca para mantenerla cerrada.

Se le deja macerar un par de horas con salsa de certificaciones, hojas de reunión y un poco de crema de Consejo de Administración.

Se le introduce en un despacho y en caliente, y se le deja cuatro o cinco horas con su Jefe Superior inmediato hasta que esté bien cocido.

Se sirve en bandeja, sobre mesa de oficina, acompañado de un fax, rodajas de disquetes de ordenador, y trozos de la cola del avión de puente aéreo donde haya pasado parte de su vida.

 

Adolescente a la plancha

Se coge una quinceañera y se le pasa la plancha por el pelo para alisarle el moldeado de estropajo. Una vez el pelo limpio y liso, se la envuelve con hojas de literatura, matemáticas, física, etc., para que al impregnarse, algunas gotas vayan a pasarle al cerebro.

A continuación se la introduce en una clase-horno, donde los pajaritos que tiene en la cabeza empezarán a asarse. Cuando observe que se lo ponen los ojos en blanco, significa que está a punto de comérsela y ya se puede servir, acompañada de discos de cantantes de la última ola.

 

                                                                                              M. D. Hipólito