NUEVAS PIQUIPONIANAS

 

En un antiguo número de [C] aparecieron unas cuantas "piquiponianas". Aclaremos, para quienes no lo hayan alcanza­do, que la vox populi barcelonesa bautizó así las divertidas frases de Joan Pich i Pon, personaje de nula cultura enri­quecido con los negocios eléctricos ("Yo no sé firmar, decía, pero sí hacer mucho dinero"). Los azares de la política le llevaron a la alcaldía de Barcelona en la época republi­cana, y su afición a las frases solemnes aprendidas de oídas (mal oídas, además), junto a su tendencia trabucar las palabras, le llevaban a afirmar que el peor tirano de la historia había sido el "Tirano de Bergerac" o a apostillar que alguien tenía "una lengua vespertina".

El escritor barcelonés Lluís Permanyer, en un sabroso artículo (LA VANGUARDIA, 13.06.93) exhumaba una cuantas per­las más del personaje. Refiriéndose a un inmueble que el arquitecto Puig i Cadafalch le había levantado en la Plaza de Catalunya, dijo: "Esta casa me ha costado un huevo... quiero decir (rectificó, al percatarse de las caras que po­nían las señoras presentes) ¡de la cara!''

Otras muestras. Sintiéndose sentimental ante una banda de música, dijo una vez: "Cuando oigo la Marsellesa, se me erizan los pelos del corazón!" Negociante a fin de cuentas, su comentario desde la cumbre del Tibidabo ante la ciudad extendida a sus pies fue: "¡Cuánta propiedad urbana!" Ac­tuando como alcalde, tuvo que llamar la atención a un conce­jal diciéndole: "Señor X, haga el favor de poner los pies sobre las íes". No sé si sería este mismo quien le acompañó a un acto del que dijo: "Yo y otro regidor asistimos de cuerpo presente".

El antiguo negocio no dejaba de inspirarle frases afor­tunadas, como cuando en un discurso a los barceloninos, como él decía, se refirió a la reverberación del local: "Este local tiene malas condiciones acuáticas" o cuando suge­ría: "Hay que ponerle luz genital". En tiempos de la Gran Guerra reafirmó su independencia diciendo: "Aquí no hay bifias ni bofias (filias ni fobias), aquí todos somos herma­froditas (neutrales)".

Dos muestras más. En su calidad de presidente de la Comisión de Parques y Jardines, fue al Parque de la Ciudade­la y pidió: "Aquí que no falte de nada. Debe haber toda clase de bestias, y que estén emparejadas". Y cuando el res­ponsable sugirió añadir también una góndola, sentenció: "Sí, pero no una, sino dos: un macho y una hembra. ¡Que críen, que críen!''

 

JMAiO, jun 93