Es para las personas que nacieron antes
de 1965.
Este
correo está dedicado a las personas que nacieron antes de 1975. La verdad es
que no sé como hemos podido sobrevivir.
Fuimos
la generación de la "espera"; nos pasamos nuestra infancia y juventud
esperando. Teníamos que hacer "dos horas de digestión" para no
morirnos en el agua, dos horas de siesta para poder descansar, nos dejaban en
ayunas toda la mañana del domingo hasta la hora de la comunión, los dolores se
curaban esperando.
Mirando
atrás, es difícil creer que estemos vivos:
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Viajábamos en
coches sin cinturones de seguridad y sin airbag, hacíamos viajes de 10-12 h.
con cinco personas en un 600 y no sufríamos el síndrome de la clase turista.
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No tuvimos
puertas, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños.
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Marchábamos en
bicicleta sin casco, hacíamos auto-stop, más tarde en moto, sin papeles.
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Los columpios
eran de metal y con esquinas en punta. Jugábamos a ver quién era el más bestia.
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Pasábamos horas
construyendo carretones para bajar por las cuestas y sólo entonces descubríamos
que habíamos olvidado los frenos.
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Jugábamos a
pídola, a pillar y a montarse unos sobre los otros, y nadie sufrió hernias ni dislocaciones
vertebrales.
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Salíamos de casa
por la mañana, jugábamos todo el día, y sólo volvíamos cuando se encendían las
luces de la calle. Nadie podía localizarnos.
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No había móviles,
estábamos totalmente ilocalizables.
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Nos rompíamos los
huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables.
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Nos abríamos la
cabeza jugando a guerra de pedradas y no pasaba nada, eran cosas de niños y se
curaban con mercromina y unos puntos. Nadie a quién
culpar, sólo a nosotros mismos.
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Tuvimos peleas y
nos "esmorramos" unos a otros y aprendimos
a superarlo.
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Comíamos dulces y
bebíamos refrescos, pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto.
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Compartimos
botellas de refrescos o lo que se pudiera beber y nadie se contagió de nada.
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Nos contagiábamos
los piojos en el cole y nuestras madres lo arreglaban
lavándonos la cabeza con vinagre caliente.
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Quedábamos con
los amigos y salíamos. O ni siquiera quedábamos, salíamos a la
calle y allí nos encontrábamos y jugábamos a las chapas, a coger, al rescate, a
la taba..., en fin, tecnología punta.
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Íbamos en bici o
andando hasta casa de los amigos y llamábamos a la puerta. ¡Imagínense!, sin
pedir permiso a los padres, y nosotros solos, allá fuera, en el mundo cruel, ¡sin
ningún responsable! ¿Cómo lo conseguimos?
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Hicimos juegos
con palos, perdimos mil balones de fútbol.
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Bebíamos agua
directamente del grifo, sin embotellar, y algunos incluso chupaban el grifo.
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Íbamos a cazar
lagartijas y pájaros con la escopeta de perdigones, antes de ser mayores de
edad y sin adultos, ¡Dios mío!
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En los juegos de
la escuela, no todos participaban en los equipos, y los que no lo hacían tuvieron
que aprender a lidiar con la decepción.
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Algunos
estudiantes no eran tan inteligentes como otros y repetían curso... ¡Qué
horror, no estaban inventados los exámenes extra!
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Veraneábamos
durante 3 meses seguidos, y pasábamos horas en la playa sin crema de protección
solar de factor 30, sin clases de vela, de paddle o
de golf, pero sabíamos construir fantásticos castillos de arena con foso y
pescar con arpón.
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Tuvimos libertad,
fracaso, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello.
No
te extrañe que ahora los niños salgan atontolinados. Si tú eres de los de antes...
¡Enhorabuena! Pasa esto a otros que tuvieron la suerte de crecer como niños.
(Tomado
de Internet)