Kap y Kua

 

En los primeros años cincuenta florecieron una serie de humoristas que han desaparecido sin dejar mucho rastro en la historia. Hoy quisiera referirme a Kap y Kua (en catalán, ‘cabeza y cola’), dos simpáticos muchachos que se dedicaban a alegrar las tardes de los jueves en Radio Barcelona con sus descoyuntadas “Aventuras”, en las que el grado de desenfreno lógico llegaba a unos extremos quizás igualados aunque no superados todavía hoy.

Con un sombrío tono de voz, la locutora Isabel Monasterio contaba, sin el mejor deje de emoción ni asombro, las sorprendentes penalidades por las que pasaban nuestros héroes, siempre al borde de algún abismo, en las fauces de un hambriento cocodrilo o atados a una bomba atómica que se acababa de arrojar desde un bombardero. A veces eran abandonados en un avión en marcha dirigido contra una montaña, peligro del que se salvaban gracias a acertar con un túnel, aun “deshaciendo la raya” al maquinista del tren mercancías con el que se cruzaban en su interior. En otra ocasión, un tanque “pasaba por encima de sus rostros”… y se rompía el tanque.

Cuando el filón aventurero tocó a su fin, Kap y Kua fueron capaces de crear un tipo de chiste que todavía se practica hoy: la escenificación de títulos parodiados varios. Unos ejemplos lo aclararán:

 

Primer acto: Un saco de lana con un letrero que dice: “A 100 Pta/kilo”.

Segundo acto: El mismo saco con un nuevo letrero: “A 75 Pta/kilo”.

Tercer acto: El mismo con otro letrero: “A 25 Pta/kilo”.

Título de la novela: El kilo de lana baja.

 

Primer acto: Los jardines de Mayerling.

Segundo acto: Una vaca.

Tercer acto: Otra vaca.

Título de la película: Re-vaca.

 

Primer acto: Unos egipcios facturan siete momias.

Segundo acto: Las momias llegan a México.

Tercer acto: Siete mejicanos se hacen cargo de ellas.

Título de la película: Siete momias para siete manos.

 

Primer acto: Un guardia.

Segundo acto: Una tina con jabón.

Tercer acto: Unas mujeres toman el guardia y lo lavan.

Título del periódico: Lavan guardia.

 

Kap y Kua, animados por sus éxitos radiofónicos, montaron diversos espectáculos arrevistados. Recuerdo La Televisión (que era por aquellos años sólo una promesa), ¡Chim-pom! y ¡Chiribiribí! Con ellos recorrían los pueblos acompañados de bellas señoritas y prestando a sus intervenciones un burbujeante tono verdoso que no habían podido lucir en la radio, para sorpresa de los espectadores, poco acostumbrados a las licencias eróticas en unos tiempos de rigurosa censura.

¿Qué habrá sido de Kap y Kua? Supongo que gozan hoy de un merecido descanso tras sus hilarantes interpretaciones. Gracias, amigos, por los buenos ratos que nos hicisteis pasar en aquellos lejanos días.

 

                                                                       JMAiO; BCN, abr 06