¿Cómo era posible?
¿Cómo alguien podía divertirse con sólo dos canales de
televisión, encima en blanco y negro, y para colmo que terminaban su
transmisión alrededor de la once de la noche?
¿Cómo hacíamos para divertirnos yendo a bailar a casa de
nuestros amigos, poniendo nosotros los discos sin “disc jokey” (y me refiero a
los de vinilo, no a los DVD) y no nos dábamos cuenta de que nos estábamos
perdiendo las megadiscos con música a todo lo que da y humos y luces de
diversos colores?
¿Cómo es posible que viajáramos durante horas apiñados en un
vehículo que no tenía aire acondicionado, DVD y ni siquiera radio? No entiendo
cómo pude sobrevivir a semejante tortura.
¿Cómo no desfallecí en el intento de encontrar un teléfono público (que por ese
entonces eran bastante más escasos) para comunicar a mis padres algo que
realmente era importante? ¿Cómo pude vivir sin teléfonos móviles con mensajes
de texto, conexión a Internet y 50.000 sonidos de llamada?
¿Cómo no morí de hambre por no poder comer palomitas de maíz
en el cine o hamburguesas a la salida?
¿Cómo perdí miles de horas de mi valioso tiempo sin poder escuchar música en un
reproductor MP3 mientras viajaba hacia o desde la escuela, teniendo que
escuchar la estúpida conversación de mis compañeros?
¿Cómo me perdí la mitad de la adolescencia acostándome a una
hora razonable en lugar de ir a bailar a partir de las dos de la mañana?
¿Cómo no tuve una depresión aguda juvenil por no poder disfrutar del Counter
Strike, el Gameboy y el videochateo? ¿Cómo me conformaba con jugar a las
cartas, a la pelota o juntarme a charlar con mis amigos en vez de hacerlo a
través de la pantalla?
¿Me habrá salido alguna hernia por tener que levantarme a cambiar de canal en
vez de utilizar el control remoto?
¿Cómo no tuve un ataque de aburrimiento que me llevara a la deserción escolar
al ver que los libros de texto eran sólo en blanco y negro y, peor, traían sólo
letras y ningún dibujo?
¿Cómo logré aprobar trabajos sin tener necesidad de bajarlos de Internet?
No entiendo cómo no terminé con la columna torcida por llevar mi cartera del
colegio sin ruedas. Y para colmo llevaba y traía todos los días todos los
libros.
¿Cómo no reparaba en la tortura que significaba tener que
presentar mis trabajos escolares escritos a mano, y que además de semejante
tortura me exigieran que estuvieran prolijos y sin faltas de ortografía?
¿Cómo no me di cuenta de que no podía ser feliz teniendo
sólo tres o cuatro canicas para jugar, en vez de comprarlas por cientos
para acumularlas?
¿Cómo no me daban ataques de asco al comprobar que en el quiosco de la escuela
sólo vendían cosas que alimentaban? ¿Cómo no me daba cuenta de lo divertido que
es comprar cosas que parecen mocos, vómitos o monstruos?
¿Cómo hacía para sacar fotos si no llevaba continuamente la
máquina digital con pantalla incorporada para ver lo que había fotografiado o
borrar eventualmente lo que no me gustaba como había salido?
¿Qué tipo de autoflagelación me infligí pedaleando la bicicleta en los veranos,
habiendo magníficos scooters, ciclomotores y cuatriciclos?
Realmente no
entiendo cómo llegué a esta edad. ¿Cómo hice para soportar semejantes torturas
y aburrimientos? Sin embargo, aquí estoy, aún aprendiendo a vivir y con la
ilusión de hacerlo.
(Tomado de Internet)