ALGUNAS CLAVES PARA LA COMPRENSION DEL 23-F

 

 

Muchas novelas comienzan: "En una buhardilla hallé este escrito, que hoy presento al lector...". El caso presente es muy similar, pero cierto, pues este escrito es copia, sólo alterada en el estilo y aliviada de algunas consideraciones integristas, del que me dio cierta persona pocos días después de los famosos episodios políticos del 23 de febrero de 1981, conocidos abreviadamente como 23-F.

Una circunstancia favorece su credibilidad, al menos parcial: esa persona sabía que se iba a producir un golpe el 23-F. La semana anterior le había yo comentado que el lunes 23 de febrero de 1981 iban a cumplirse 1922 días desde la muerte de Franco, los mismos que transcurrieron entre el 14 de abril de 1931, fecha de la instauración de la II República, y el 18 de julio de 1936, día de la rebelión militar. Entonces él me dijo, confidencialmente: "Algo se prepara para el lunes o el martes. Ya verás". Y así fue.

Este escrito hace muchas preguntas, pero también aclara dudas. En ocasiones añadiré un comentario mío a pie de página.


 

INFORME SOBRE HECHOS OCURRIDOS EL DIA 23 DE FEBRERO DE 1981 EN ESPAÑA

 

Ante la situación de ingobernabilidad del país, el Rey decide cambiar de presidente de gobierno, al margen de la Constitución, puesto que tiene poderes para ello.[1]

Llama [el Rey] a Suárez al Palacio de la Zarzuela y al ser éste introducido a su presencia, lo encuentra en compañía de los Capitanes Generales de Valencia, Valladolid, Sevilla y Zaragoza. Su Majestad se levanta, "oportunamente", para una llamada telefónica, y en ese momento los generales conminan a Adolfo Suárez para que presente la dimisión en vista de su incapacidad para gobernar. El señor Suárez afirma extáticamente que ha sido elegido por el pueblo y que sólo éste le hará dimitir.[2]

El Teniente General Merry Gordon (Sevilla) saca una pistola, la coloca encima de la mesa y le dice: "Ésta es una razón". Aparece su Majestad sonriente y entra en la conversación como si nada hubiera ocurrido, ofreciendo tras esto el Sr. Suárez su dimisión.[3]

En el Palacio de la Zarzuela se proyecta una operación posterior a la dimisión del presidente: un jefe del Ejército, de probada capacidad, tomaría el Parlamento, y esto sería el chispazo, la coalición de los ocho Capitanes Generales de otras tantas regiones militares. Este golpe militar tendría dos posibles soluciones. La primera sería el triunfo del golpe militar y consiguiente formación de un gobierno de Salvación Nacional, presidido por un general. La segunda solución sería el fracaso del golpe y, consiguientemente, la depuración del Ejército aprovechando el golpe de los generales, para tratar de desmontar la verdadera organización operativa militar, realizada a nivel inferior a Coronel.[4]

Efectivamente, se conecta con el teniente coronel Tejero, implicado en la famosa operación "Galaxia", que cuenta con suficiente prestigio en la Guardia Civil para tener un comando operativo suficiente. A Tejero se le utiliza, sin decirle claramente las posibilidades de la operación conjunta.

Por la mañana del día 23 se celebra una reunión general de la Acorazada, presidida por los generales Juste, su jefe, y Torres Rojas (jefe anterior, destituido un año antes). Reúnen a los coroneles y deciden sacar los tanques de la división a la calle en cuanto se haya producido la ocupación del Congreso.

Esa misma tarde, los hijos de los reyes salieron del colegio una hora antes de lo normal, para dirigirse con su madre a Barajas y embarcar para Londres.[5]

A las 6:30 de la tarde, Tejero, como es bien conocido, realiza la operación de la toma del Congreso de los Diputados, perfecta por su precisión y su carácter incruento.

El general Milans del Bosch, que permanecía a la espera del acontecimiento, declara inmediatamente el estado de excepción en su región. Aparentemente es la cabeza del golpe.[6]

Tras anunciar la radio la toma del Congreso por Tejero, los coroneles empiezan a sacar sus regimientos. Un coronel del regimiento de Caballería ocupa Televisión Española, dando orden de emitir únicamente música militar.[7]

El general Armada, segundo jefe del Estado Mayor, mediante claves convenidas entra en el Congreso con la misión previa de constituir un Gobierno de Salvación Nacional.[8]

El Rey, viendo que el plan se ha realizado, pero sólo en parte (únicamente Milans del Bosch se ha echado a la calle) llama sucesivamente a los jefes de gobierno francés y alemán, Giscard d'Estaing y Helmut Schmidt, para comentar con ellos la situación y consultar su proyecto de formación de un nuevo gobierno para salir del atolladero. Pero ambos consultados se indignan, y le dicen que debe paralizar totalmente el golpe militar, en el que se juega su propio trono, aparte de posibles repercusiones en otros países europeos. Entonces el Rey, acordándose de lo que le pasó a su abuelo Alfonso XIII, decide dar marcha atrás, abandonando a los militares comprometidos para salvar su propio trono.[9]

Apresuradamente llama telefónicamente a Milans del Bosch y le ordena volver a sus cuarteles. El capitán general de Valencia se resiste al principio a obedecer, pero acaba, tras una larga conversación, acatando la voluntad real.

Seguidamente llama al general Armada para pedirle que convenza a Tejero para que se entregue, considerando fracasada la operación.[10]

El coronel jefe de las fuerzas que estaban ocupando TVE reciben también una llamada del Capitán General de Madrid para que se retiren, orden que se niega a obedecer. El propio rey llama a TVE, tras lo cual las fuerzas se retiran. El golpe ha fracasado, y la detención de Tejero al día siguiente no será ya más que el epílogo.[11]

Sin embargo, las consecuencias posteriores del putsch eran preocupantes. Abordar todas las destituciones que el movimiento exigía era ciertamente complicado, porque estaban involucradas muchas personalidades conocidas: aparte de las cabezas visibles (Armada, Milans, Tejero), estaban otros miembros implicados en la conspiración: Torres Rojas, Juste, León Pizarro, Carruana... La fase siguiente hubiera sido la destitución de al menos treinta coroneles entre Madrid, Valencia, Valladolid, La Coruña, Canarias y Zaragoza, y a continuación, entre tenientes coroneles, comandantes y capitanes, al menos unos doscientos.[12]

Lo que está claro es que todo el movimiento ha sido una conspiración de palacio urdida por ancianos generales y hombres de salón. El colectivo operativo, que venía preparándose desde hacía al menos cuatro años, era muy difícil de ser desmontado con las leyes en la mano, por falta de pruebas. Este colectivo esperaba un apoyo en el interior y otro en el exterior. Se contaba con Reagan.[13]

 

                                                      Un informante anónimo


 

CONCLUSIONES

 

Toda esta explicación no carece de lógica, pues, como se comenta en una de las notas, el desarrollo de los hechos resulta inverosímil y carente de sentido sin la presencia real en la trama. Pasaron ya las épocas de las militaradas, los saguntos y los cuartelazos. La estructura de estado actual hace imposible una toma de poder sólo con el acuerdo de unos cuantos generales. Ya en nuestro siglo, la dictadura de Primo de Rivera hubiera sido imposible sin la aquiescencia real, unida al ambiente de la época, con el reciente ejemplo de casos similares como el italiano.

En toda la vasta literatura que ha corrido sobre el 23-F, un montón de preguntas quedan sin contestar. Veamos algunas:

 

·      ¿Por qué Suárez presentó su dimisión de forma inopinada y con argumentos infantiles?

·      ¿Por qué se adelantó Milans del Bosch a una operación en solitario?

·      ¿Por qué TVE fue ocupada y desocupada sin razones aparentes?

·      ¿Por qué el rey mantuvo ese larguísimo silencio hasta  las dos de la madrugada, en que se presentó al país por TV?

·      ¿Quién era el "elefante blanco"?

·      ¿Por qué la operación de represión posterior se limitó a tan pocas personas?

·      ¿Por qué tanto Milans del Bosch como Armada y Tejero, chivos expiatorios de la trama por ser sus cabezas más visibles, han mantenido un mutismo absoluto sobre sus cómplices y motivaciones?

    

     Todavía podría añadirse otra, la fundamental: ¿Por qué la clase política y aun la prensa han preferido ignorar estos detalles tan importantes y se han arracimado en torno al rey, cerrando los ojos a la evidencia? La respuesta sólo puede ser una: con un pasado golpista-dictatorial tan lamentable como el nuestro, el abismo abierto ante el país en ese día hizo ignorar evidencias y olvidar yerros. En los momentos inmediatamente posteriores al 23-F se promovió una fanfarria alrededor del rey, y la antigua fórmula de "Salvador de la patria", tan cara a los militares, ha sido sustituida por la de "Salvador de la democracia".

     Todo ello ha abierto un segundo período de incertidumbre en nuestra democracia, que sigue por ahora necesitada de apoyarse en una mentira y fingir que no ve el rey desnudo para evitar males mayores. No estará suficientemente consolidado nuestro régimen hasta que se acometa el análisis de todos estos hechos, caiga quien caiga.

 

                                                                                  Otro informante anónimo



[1] Esta "situación de ingobernabilidad" era sin duda sentida como tal por el Rey, acostumbrado a ver por los ojos de su camarilla de militares en cuya lealtad se apoyaba, especialmente en esa época, la frágil democracia española. Hoy la situación, algo atenuada, persiste.

[2] El detalle es verosímil, pues Suárez, a medida que adquiría soltura en el ejercicio del poder, se iba aficionando a la teatralidad propia de mitin o discurso en TV. La situación es similar a la que se produjo el 19 Brumario, cuando Napoleón Bonaparte arengaba a los miembros de los Quinientos con frases como "El dios de las victorias está conmigo". Su hermano Luciano tuvo que apartarle diciéndole: "Estúpido, ¿crees que estás hablando a tus mamelucos?"

[3] La justificación de la inesperada dimisión de Suárez ante las cámaras de TV fue cuanto menos sorprendente: el presidente se limitó a decir una y otra vez que “su partida era lo mejor para el país”, impertérrito ante las solicitudes de más aclaraciones. Realmente, parecía como si él mismo quisiera dar a entender que alguien le compelía a ello contra su voluntad.

[4] Queda por saber cuántos capitanes generales alentaban el movimiento, cuántos "simpatizaban" y cuántos se negaban a él. Sin duda todos estarían advertidos, y el hecho de que ninguno lo denunciara es otro argumento importante que apunta a la complicidad del rey. En todo caso, Milans del Bosch, militar de conocida tradición golpista familiar (bisabuelos suyos participaron en asonadas militares en el siglo pasado) tomó a su cargo ser el primero, confiando en que los demás, que habrían hecho promesas ambiguas, le seguirían. Probablemente el golpe falló fundamentalmente por lo mal atado que se dejó este punto. En todo caso, parece seguro que los demás militares semiimplicados tuvieron que decidir entre participar o someterse a las posibles consecuencias posteriores, que podían ser nada favorables para ellos si el golpe fracasaba. La salida del rey del complot les libró de esa incertidumbre.

[5] Este párrafo se contradice con declaraciones posteriores del príncipe Felipe, a la sazón de doce años de edad, quien manifestó haber estado al lado de su padre durante toda la crisis. El tema de las “ausencias” de personajes clave (por ejemplo, del lendakari Garaikoetxea, que no ha podido explicar dónde estuvo durante la noche crítica frente a los que le acusaban de haber cruzado apresuradamente la frontera) es uno de los puntos no investigados.

[6] Se plantea ahora la pregunta básica: ¿Qué esperaban conseguir con todo esto los conjurados? Obviamente la toma del Congreso no es suficiente para propiciar un cambio de gobierno, ni tampoco la salida a la calle de unos cuantos tanques en Valencia. La única conclusión plausible es ésta:

·       La toma del Congreso produce un vacío de poder en el país, como se cuida muy bien de recalcar  Milans del Bosch para justificar su estado de excepción en Valencia. La estratagema era bien urdida, pues en una situación de extrema gravedad como ésta, la actuación de Milans del Bosch podía estar justificada.

·       Si otros capitanes generales hubieran seguido el ejemplo de Milans del Bosch, la situación pasaba a ser de alta tensión. En esas circunstancias, el rey, como cúspide flotante de un sistema paralizado, hubiera estado moralmente justificado para intervenir.

·       Esta intervención hubiera sido, sin duda alguna, la excusa para el nombramiento de un jefe de Gobierno “provisional”, en la persona de Alfonso Armada, el famoso “elefante blanco”.

Sin embargo, faltó un requisito básico: el seguimiento no fue masivo. Milans del Bosch, como jefe del complot, se adelantó, pero los demás capitanes generales, que ya previamente habían estado advertidos, prefirieron “esperar y ver”.

[7] Toda España recuerda el semblante lívido y los tartamudeos de la locutora Cristina Ramos dando cuenta de que TVE había sido ocupada.

[8] Desde el primer momento, Tejero dejó claro que era una autoridad "militar, por supuesto" quien aparecería por el congreso para dirigir la palabra a los reunidos y resolver la situación. Su espera de esa "autoridad" se fue alargando hasta casi veinticuatro horas más tarde, en que, convencido del fallo del complot, se entregó.

[9] El llamado "golpe de estado" (en realidad, una insurrección) de Miguel Primo de Rivera, efectuado desde Barcelona el 13 de septiembre de 1923, contaba con la aquiescencia de Alfonso XIII, quien inmediatamente se avino a la disolución del artilugio (las Cortes, como las llamaba el general) y a la formación de un directorio militar presidido por Primo de Rivera. Seis años más tarde, desbordado por los acontecimientos, el Rey abandonó a su fiel jefe de gobierno. Pero, en 1931, el mismo Alfonso XIII caía como consecuencia de la impopularidad en que la Monarquía había incurrido tras su acción.

[10] ¡Cuál no sería la reacción de Armada ante este vergonzante renuncio! Pero, consecuente al fin con sus concepciones de fidelidad militar, no sólo abandonó todos los planes, sino que colaboró con el rey y le protegió posteriormente con su mutismo, aun a costa de sufrir varios años de cárcel.

[11] Aquella noche, ¡a las dos de la madrugada! el rey compareció ante la liberada TVE, en uniforme de capitán general, para anunciar que la situación estaba bajo control. De hecho el complot estaba fracasado desde varias horas atrás, y la rendición de Tejero era sólo cuestión de tiempo.

[12] Se hace difícil juzgar sobre estas cifras, aunque es evidente que los militares procesados no eran más que la punta de un iceberg, cuya parte sumergida se prefirió dejar tranquila.

[13] En estos últimos párrafos, la fantasía de nuestro anónimo informante se desborda. Se han suprimido aquí otros que no vienen al caso y llenos de elucubraciones poco creíbles.