RECUERDOS BIKINEROS DEL ABUELO CEBOLLETA

 

Algunos amigos me han comentado verbalmente que quizás exagerase en lo de que algunos calificaran de “expansión pornográfica” la exhibición de unas fotografías de chicas en bikini en los años 60. ¡Ay, amigos! ¡Qué suerte tenéis de haber nacido más tarde! Veamos si con lo que sigue os convenzo de la lozanía de mis recuerdos.

Se dice que el bikini apareció hace ahora medio siglo justo, cuando los estadounidenses arrojaron la primera bomba de hidrógeno sobre el atolón de este nombre. Como se habló mucho del Atolón del Bikini, el avispado  lanzador de cierto traje de baño de dos piezas le llamó igual que la isla oceánica, nombre que hizo fortuna.

Pero, en honor a la historia, hay que aclarar que el traje de baño de dos piezas no era tan nuevo. En las hemerotecas hallé el anuncio de 1932 que ofrezco junto a estas líneas como pintoresca prueba.

El caso es que el “nuevo” bañador se impuso enseguida a finales de los años 40. Las mujeres lo preferían por la mayor comodidad en el secado y en el bronceado, y los hombres por razones obvias. En los años 50 se difundió por toda Europa, pero los españoles, sometidos a la represión clerical-autoritaria-conservadora, teníamos que limitarnos a ojear las revistas en las que el Tour de Francia pasaba por la playas, mirando el público más que los ciclistas. La Guardia Civil se cuidaba de prohibirlo a las bañistas demasiado audaces.

Con todo, en las zonas turísticas había más manga ancha, por aquello de la divisa. El primer bikini que vieron estos ojos míos que se ha de comer la tierra fue en 1958, en Mallorca, y lo lucía, naturalmente, una extranjera.

Por aquello años las únicas visiones sobre cuerpos femeninos en revistas eran los anuncios de ropa interior, para los que había que importar modelos extranjeras. Pero en los años siguientes, aun siendo ilegal, la penetración del bikini fue aumentando. Ya dije que en 1962, y en Madrid, todavía alguien pudo calificar de “lamentable expansión pornográfica”  unas cuantas fotos de castos bikinis (hay que advertir que no eran como los tangas de hoy, y ambas piezas eran bastante más grandes que las actuales). Por esa misma época, un iracundo amigo universitario, escandalizado ante el “dejarse ir” de algunas jóvenes, proponía medidas radicales contra ellas que no me atrevo a comentar hoy, pese a lo mucho que ha evolucionado la libertad de expresión.

En 1965 su uso se había generalizado en Cataluña, y la prensa madrileña comentaba a veces, no sin cierta severidad, que en esta tierra se usaba, “incluso por las catalanas, que se lo ponían con todo desparpajo”, cosa que escandalizaba no poco en la capital. De esa época data la hazaña de las “nuevas Agustinas de Aragón”, un grupo de chicas zaragozanas que, contraviniendo el reglamento, se exhibieron todas a la vez en bikini en su piscina, con gran batahola y comentario de la prensa. El caso llegó a ser comentado por el periodista Luis Carandell en su sección Celtiberia Show, que se publicaba en Triunfo, casi la única revista leíble del momento. El dibujante madrileño Mingote ilustró el hecho con un dibujo de una preciosa chica en bikini disparando un cañón con una mano mientras sostenía con la otra una pancarta con el lema: MUJERES ZARAGOZANAS PROTESTAN CONTRA LA PROHIBICIÓN DE UTILIZAR EL “BIKINI”, que motivó divertidos comentarios en alguna prensa zaragozana. El diario Amanecer, bajo el título de Pie para un dibujo de Mingote, decía entre otras cosas:

 

“La indudable alusión a la figura histórica y gloriosa de Agustina de Aragón presentada de este modo, es a todas luces irrespetuosa e irreverente. Bien está el chiste, la guasa, cuando se refiere a personas indeterminadas; pero las personas reales, máxime si están muertas (sic) y con mayor motivo si fueron parte de los más hermoso de los pueblos, deben ser intocables y por tanto intocadas”.

 

En esos años, por Madrid ya empezaban a verse bikinis en las piscinas, pero sólo los usaban las mujeres de mala vida (o buena, según se mire). Por aquellos días aterrizó en la pensión madrileña donde yo residía una chica venezolana con la que salíamos alguna vez los amigos a bañarnos. Al advertirle que si usaba sus trajes de dos piezas podía ser tomada por lo que no era, la chica se  mostró desconcertada: “¡Pero si no tengo más que bikinis!”, gimoteó, despavorida.

Curiosamente, por aquellos mismos años (exactamente en 1964) un diseñador de modas, de cuyo nombre no puedo acordarme (aunque quisiera) lanzó el topless o monokini, que era un traje de baño femenino que constaba sólo de un pantaloncito y tirantes. El escándalo fue mayúsculo, y la rechifla, general (en España casi ni nos enteramos). El diseñador profetizó: “Lo que ocurre es que yo voy quince años adelantado a mi tiempo”.

Cuando, terminados los estudios, regresé a mi Cataluña, pude comprobar que efectivamente allí el uso del traje de dos piezas era general, especialmente en la Costa Brava. Los años siguientes fueron arrolladores. En 1970 el bikini se había impuesto ya en toda España, y por esa misma época empezaron a ablandarse las prendas interiores femeninas y el pezón mostraba su relieve a través de blusas y bañadores. Finalmente, en 1979 apareció ya públicamente el topless, que desde entonces se ha generalizado. ¡Cuánta razón tuvo su primitivo diseñador! ¡Quince años!

 

                                                                                                Josep M. Albaigès

Jun 98