CORRECCIÓN A LA MESA, SEGÚN LEONARDO
Leonardo de Vinci (1452-1519) es conocido en
sus innumerables facetas de artista, arquitecto, ingeniero, cosmólogo, inventor
y médico, pero no tanto en la de maestro de banquetes en la corte de Ludovico
el Moro. Sus observaciones en torno a la etiqueta que debía seguirse de la mesa
pueden ser una excelente muestra de cómo han cambiado los tiempos:
De las conductas indecorosas
en la mesa de mi señor
Éstos
son los hábitos indecorosos que un invitado a la mesa de mi señor no debe
cultivar (y baso esta relación en mis observaciones de aquéllos que
frecuentaron la mesa de mi señor durante el pasado año):
·
Ningún invitado ha de sentarse sobre la
mesa, ni de espaldas a la mesa, ni sobre el regazo de cualquier otro invitado.
·
Tampoco ha de poner la pierna sobre la
mesa.
·
Tampoco ha de sentarse bajo la mesa en
ningún momento.
·
No debe poner la cabeza sobre el plato
para comer.
·
No ha de tomar comida del plato de su
vecino de mesa a menos que antes haya pedido su consentimiento.
·
No ha de poner trozos de su propia comida
de aspecto desagradable o a medio masticar sobre el plato de sus vecinos sin
antes preguntárselo.
·
No ha de enjugar su cuchillo en las
vestiduras de su vecino de mesa.
·
Ni utilizar su cuchillo para hacer dibujos
sobre la mesa.
·
No ha de limpiar su armadura en la mesa.
·
No ha de tomar comida de la mesa y
ponerla en su bolso faltriquera para comerla más tarde.
·
No ha de morder la fruta de la fuente de
frutas y después retornar la fruta mordida a esa misma fuente.
·
No ha de escupir frente a él.
·
Ni tampoco de lado.
·
No ha de pellizcar ni golpear a su vecino
de mesa.
·
No ha de hacer ruidos de bufidos ni se
permitir dar codazos.
·
No ha de poner los ojos en blanco ni
poner caras horribles.
·
No ha de poner el dedo en la nariz o en
la oreja mientras esté conversando.
·
No ha de hacer figuras modeladas, ni
prender fuegos, ni adiestrarse en hacer nudos en la mesa (a menos que mi señor
así lo pida).
·
No ha de dejar sueltas sus aves en la
mesa.
·
Ni tampoco serpientes ni escarabajos.
·
No ha de tocar el laúd o cualquier otro
instrumento que pueda ir en perjuicio de su vecino de mesa (a menos que mi
señor así se lo requiera).
·
No ha de cantar, ni hacer discursos, ni
vociferar improperios ni tampoco proponer acertijos obscenos si está sentado
junto a una dama.
·
No ha de conspirar en la mesa (a menos
que lo haga con mi señor).
·
No ha de hacer insinuaciones impúdicas a
los pajes de mi señor ni juguetear con sus cuerpos.
·
Tampoco ha de prender fuego a su
compañero mientras permanezca en la mesa.
·
No ha de golpear a los sirvientes (a
menos que sea en defensa propia).
·
Y si ha de vomitar, entonces debe
abandonar la mesa.
¿Qué
tal las normas de urbanidad de Leonardo? ¿Exageradas? Pues todavía no hemos
leído sobre
DE LA MANERA CORRECTA
DE SENTAR UN ASESINO A LA MESA
Si
hay un asesinato planeado para la comida, entonces lo más decoroso es que el
asesino tome asiento junto a aquél que será el objeto de su arte (y que se
sitúe a la izquierda o a la derecha de esta persona dependerá del método del
asesino), pues de esta forma no interrumpir tanto la conversación si la
realización de este hecho se limita a una zona pequeña. En verdad, la fama de Ambroglio Descarte, el principal asesino de mi señor Cesare
Borgia, se debe en gran medida a su habilidad para
realizar su tarea sin que lo advierta ninguno de los comensales y, menos aún,
que sean importunados por sus acciones.
Después de que el cadáver (y las manchas de sangre, de haberlas) haya
sido retirado por los servidores, es costumbre que el asesino también se retire
de la mesa, pues su presencia a veces puede perturbar las digestiones de las
personas que se encuentren sentadas a su lado, y en este punto un buen
anfitrión tendrá siempre un nuevo
invitado, quien habrá esperado fuera, dispuesto a sentarse a la mesa en este
momento.
JMAiO,
jun 94