Javier
G. Algarra se interesa por la costumbre española de imponer dos apellidos, casi
única en el mundo, donde lo usual es un apellido tan sólo.
En
realidad convendría aclarar algo previamente: todos tenemos tantos apellidos
como queramos o recordemos: los que pertenecieron a nuestros antepasados, y la
misma Ley reconoce este derecho como un patrimonio más del individuo. Incluso
existen en genealogía unas reglas muy estrictas para llevarlos.
Por
ejemplo, supongamos la ascendencia de un individuo hasta la cuarta generación:
A.
Álvarez =B. Benítez C. Camúñez = D.
Díez E. Estévez = F. Flórez G. González = H. Hernández
½ ½ ½ ½
I .Álvarez = J. Camúñez K. Estévez = L. González
Benítez Díez Flórez Hernández
½
½
M. Álvarez
N. Estévez
Camúñez = González
Benítez
Flórez
Díez
Hernández
½
O. Álvarez
Estévez
Camúñez
González
Benítez
Flórez
Díez
Hernández
En
el detalle de los apellidos de cada persona de la descendencia se observa la
forma de ordenar éstos por intercalación, según una regla que en cuanto hay
unas cuantas generaciones, puede llegar a complicarse bastante.[1]
Entonces,
¿por qué usamos dos apellidos? Simplemente, porque la Ley de Registro Civil establece que sólo se admitirán en este número para inscripción, y confundimos este
deber con el derecho a usar los que queramos. Pregúntenselo si no a los vascos,
que tienen a gala exhibir la lista completa de sus antecesores hasta tantas
generaciones como sean capaces de recordar.
Modifiquemos
pues la pregunta: ¿por qué en España se
inscriben sólo dos apellidos? La verdad es que a estas alturas es muy
difícil averiguarlo. Las costumbres
onomásticas españolas, en ningún modo uniformes, quedaron fijadas por ley en la
reforma administrativa de Javier de Burgos de 1835, que estableció los dos
apellidos de marras. ¿Por qué? Hay que suponer que en el proceso de redacción
de la ley, algún funcionario emitiría un informe en que se recomendaba este uso
(por otra parte de amplia tradición en España), y la ley se acomodó a él.
Esta
costumbre es observada en muchos países hispanoamericanos, como Cuba. Otros
dejan en libertad que sean uno o dos (Venezuela), y otros (México, Portugal)
mantienen igualmente dos apellidos, pero en el estilo anglosajón; el principal
(ordinariamente transmitido por vía paterna) es el segundo, no el primero.
Desde
luego el doble apellido es una ventaja, porque evita confusiones, tanto más en
un país de escasa variedad onomástica
como España, donde una docena de apellidos ocupan el 25 % del ranking
total. Esta posibilidad de confusión la palian un tanto los anglosajones con el
middle name, palabra que de hecho es
un segundo nombre, pues puede aplicarse libremente, aunque en algunos lugares
se toma como tal el apellido de la madre (este hábito no es ni mucho menos
universal).