EL TREN DE LEWIS CARROLL
(APOSTILLAS
AL PROBLEMA DEL ASTRONAUTA Y SU SUEGRA)
Algunos lectores de [C] se han sorprendido
de la solución ofrecida en [C-50] sobre el problema del astronauta y su suegra.
Dice Kira Jaén, de Córdoba:
...encuentro una pequeña pega: si el
pozo atraviesa la tierra, esa señora, al caer dentro, no volvería a salir. La
razón es sencilla: la fuerza de gravedad es siempre atractiva y dirigida hacia
el centro de la Tierra, con lo que la suegra, al llegar al centro, allí se quedaría.
En realidad, la perfecta comprensión de
ese problema exige algunas consideraciones sobre la gravedad terrestre. La
fórmula de la gravitación universal de Newton supone que la fuerza con que es
atraída una masa m por a Tierra vale:
F = GMm/x² (1)
Siendo G la constante de gravitación
universal y M la masa de la Tierra. Pero esta fórmula es válida para unas masas
puntuales M y m situadas a distancia x,
y la Tierra no es una masa puntual, por lo que su atracción sobre un punto
determinado debe establecerse como la integral de las atracciones elementales
que cada punto de la masa terrestre ejerce sobre el punto de masa m. Es decir:
F = òGmdM/x²
Donde la integral viene extendida a todo
el interior de la esfera terrestre de radio R. Como su cálculo es algo tedioso,
pasaremos por alto los detalles, confiando en la credulidad de los lectores. En
el resultado final hay que distinguir dos casos:
·
Si el punto es exterior a la Tierra (x>R), es
válida la fórmula (1), midiendo x
desde el centro de la Tierra. Todo ocurre como si la masa de la Tierra
estuviera concentrada en su centro.
·
Si el punto es interior a la Tierra (x<R), la
atracción sobre él de una parte del volumen terrestre es parcialmente
compensada por la de otra, por lo que el cuerpo pesa menos cuanto más se
acerque al centro de la Tierra. De hecho, en el centro no pesa nada, pues es
atraído por igual hacia fuera en todas direcciones. Además, el cálculo
demuestra que (salvo en este último caso) la fuerza total está dirigida hacia
el centro y es proporcional a la distancia del cuerpo a éste, alcanzando en la
superficie el valor GMm/R² = mg. En otras palabras, el peso del cuerpo vale mg' = mgx/R.
Es decir, que el cuerpo es atraído por la
Tierra según una fuerza proporcional al centro de atracción, que es
precisamente el caso de un cuerpo solicitado por un muelle elástico. Por tanto,
el cuerpo describe un movimiento vibratorio alrededor del centro de la Tierra.
Cae hacia su centro, y al llegar a éste se anula la fuerza atractora,
pero, en virtud de la energía cinética adquirida, continúa hasta los antípodas,
y allí inicia un nuevo movimiento de caída en sentido inverso (claro está que
despreciamos el rozamiento del aire).
Es sabido que, en un movimiento de este
tipo, regido por una fórmula del tipo F =
-kx, el período vale T = 2pÖ(m/k). En nuestro caso, como la constante de
proporcionalidad vale k = g/(mR), el período será
finalmente:
T = 2pÖ(R/g) = 2pÖ(6,37·106/9,81)
= 5063 sec = 84 min
Este problema viene relacionado con el del
Tren de Lewis Carroll, que
por razones obvias es inevitable citar en nuestra revista. LC imaginó un tren
como el de la figura, que circularía sin carbón ni energía alguna, aprovechando
el “tirón” de la gravedad terrestre.
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Suponiendo la ausencia de
rozamientos, el tren adquiriría velocidad a medida que se acercara al centro de
su trayecto, perdiéndola a partir de allí, para llegar con la energía justa al
final. Lo bueno de este tren es que el tiempo invertido en el trayecto es
siempre el mismo cualquiera que sea la longitud: precisamente el mismo hallado
anteriormente, T = 84 min. De nuevo ahorramos a nuestros lectores los cálculos,
que no son difíciles.
La profundidad máxima z a la que llega el tren tiene una expresión muy parecida a la que
vimos el mes pasado para la distancia abarcada desde una altura determinada.
Fácilmente se obtiene:
z = L²/(8R) = 0,0196L²
Donde z
viene dado en metros y L en
kilómetros. En cuanto al ángulo inicial de bajada, supuesto pequeño, es
a
= 4z/L = L/(2R) = 7,85·10-5L
Podemos hacernos interesantes preguntas
sobre la viabilidad práctica de este tren. Desde luego es difícil construir
túneles por el interior del núcleo terrestre, pero en trayectos cortos bastaría
con una simple zanja. Para fijar ideas, imaginemos un trayecto de 8 km de
longitud: el tiempo invertido sería más o menos igual al que se tarda en hacer
el mismo recorrido a pie. En este caso, la zanja tendría una profundidad máxima
en su punto central de:
z =
0,0196·8 = 1,25 m
1,25 m no es excesivo, pero observemos que
la pendiente en el punto inicial del trayecto es:
a = 7,85·10-5·8
= 0,000628 radianes = 0,036o = 2’ 10”
Este ángulo insignificante supone una
pendiente inicial del 0,06 %, incapaz de generar por gravedad el movimiento de
ningún tren, pues el rozamiento de éste con la vía siempre tendrá un valor
superior.
En técnica ferroviaria suele adoptarse un
coeficiente de rozamiento para un tren de un 3,5 % aproximadamente entre el tren
y la vía (lo que es tanto como decir que hay que hacer un esfuerzo horizontal
de 35 kg por cada tonelada arrastrada en horizontal).
O sea, que si queremos que el movimiento del tren se inicie, la pendiente
inicial debería ser como mínimo igual a este valor. Esto supone que a longitud
el trayecto debería ser como mínimo:
L = 0,035/7,85·10-5 = 446 km.
Y por tanto, la zanja, en su punto más
profundo, iría a una profundidad de:
z =
0,0196·4462 = 3896 m
Casualmente ésta es más o menos la
distancia entre Madrid y Sevilla, conque los constructores del AVE desdeñaron
una idea que les hubiera ahorrado mucho consumo energético. Eso sí, hacer un
túnel de 446 km de longitud a 4 km de profundidad es toda una obra de
ingeniería que en modo alguno iba a compensar la baratura energética del tren.
Pero ahí queda la idea carrolliana...
JMAiO,
oct 96