LA
CENTAURINA QUE ME AMÓ
Una habitante de un planeta perdido en el sistema planetario de la estrella Alfa del Centauro me amaba apasionadamente. Pero nuestro amor era imposible.
Dejando aparte los efectos relativistas (cualquier mensaje emitido por uno de nosotros tardaba cuatro años en alcanzar al otro), el tema presenta una dificultad realmente cósmica: ¿es posible algún tipo de “acción mutua” a estas distancias?
Cualquier acción (sea de tipo telepático o físico), ¿puede mantenerse a tan gran distancia? Las matemáticas hablan de valores muy pequeños aunque distintos de cero. Pero, ¿es aceptable la formulación matemática llevada a estos extremos?
Para poner un ejemplo, emprendamos una curiosa empresa: medir el grado de atracción gravitatoria entre mi amada y yo.
Suponiendo unas masas respectivas de 70 y 60 kg, y recordando que la constante de gravitación G = 6,7×10-11 N/s.m4 y que la estrella se halla a 4 años luz, o sea 4×1013 km., fácilmente calculamos que:
N
Y es aquí donde surge el problema. ¿Puedo decir en serio que algo me atrae con una fuerza del orden de una sextillonésima de kilogramo? Semejante fuerza diminuta, ¿puede existir en la naturaleza? ¿Pueden llegar los efectos viables en ésta a estas cifras?
Operar sin más con estos valores implica, no una fe en la física, sino en las matemáticas, que todo lo admiten. Pero nadie ha podido demostrar que la naturaleza se halla “esclavizada” por ellas; a lo sumo son una metodología descriptiva de sus propiedades en forma aproximada. Más allá de unos límites, sólo una inquebrantable fe puede afirmar que siguen cumpliéndose las fórmulas ideadas para unos determinados entornos. Más aún, cabría preguntarse si el propio concepto de fuerza existe en la forma en que lo pensamos en nuestro mundo macroscópico.
Por si lo dicho fuera poco, parece la mecánica cuántica afirmando que la naturaleza se halla distribuida por cuantos. Concretamente, la constante de energía de Planck vale h = 6,626×10-34 J×s, es decir, un número del mismo orden que la F antes calculada. El cuanto de luz roja, que tiene una frecuencia de 7,5×1013 s-1, vale 6,636×10-34×7,5×1013 = 4,97×10-20 J. Lo que equivale a decir que la fuerza antes calculada debería actuar durante 2,92×1013 s, o sea 927.000 años, para producir el trabajo de un cuanto de energía de luz roja (!!!).
En todo caso, surge aquí una dificultad: realmente la estrella Alfa de Centauro sí es visible, conque esos efectos “inexistentes” son capaces de sumarse, al modo de los infinitésimos matemáticos. ¿Cuál es el proceso por el que muchos ceros sumados dan algo? Ése es un tema que la ciencia deberá explorar algún día. El gravitón sigue siendo poco más que una abstracción mental.
JMAiO, may 02