Pensamientos de Enrique Jardiel Poncela sobre la mujer
- Las mujeres jóvenes
americanas beben como cosacos y se despabilan en la cama, con un desconocido
al lado.
- Con las mujeres no basta
saber cómo, hay que saber cuándo.
- El amor de las mujeres es
un timo. ¿Por qué nos extraña que cueste dinero?
- El amor, a semejanza de los
catarros, empieza poniéndonos febriles, sigue impidiéndonos salir de casa
por las noches y acaba obligándonos a secarnos los ojos con un pañuelo.
- La mujer se cuelga de tal
modo del brazo del hombre, que para el hombre, amar es llevar el brazo en
cabestrillo.
- El amor es igual que los
eclipses de sol: el primero obliga a madrugar para ir a verlo en el observatorio; el segundo se ve desde el balcón de
casa; del tercero se entera uno por los periódicos.
- Cuando
se ha querido a una mujer y deja de querérsela, puede hacerse por ella
todo menos volverla a querer.
- Un
solo amor es siempre demasiado.
- En las
mujeres no hay nada personal. Todo es adquirido, inyectado del hombre que
aman. Cuando topéis por los caminos del mundo con una mujer de apariencia
inteligente, no dudéis en diagnosticar: «Es que ha amado a un hombre inteligente
y habla por boca de él».
- El
hombre piensa; la mujer da que pensar.
- El
hombre miope se compra lentes; la mujer miope entorna los ojos.
- El
pasado amoroso del hombre le sirve a la mujer de garantía; el pasado
amoroso de la mujer le sirve al hombre de preocupación.
- El
hombre tiene cada año, un año más. La mujer tiene cada año, dos años
menos.
- El
crítico procede con las comedias como si fueran mujeres, y llama honradas
a las que nos hacen bostezar de aburrimiento.
