¿Quien era Perogrullo?
me espeta Fernando. “Hmm”,
respondo. Luego, recurro a Alexis Márquez Rodríguez, de Ciberlinguas,
y escojo esta ventanita para responder más detalladamente: Perogrullo fue Pero
Grullo, y antes, Pedro Grullo. Es el nombre de un personaje imaginario, popular
y medio fantástico, que “nació” en España entre los siglos XV y XVI. Del ámbito
popular saltó a la literatura en repetidas ocasiones: aparece en la novela “La
pícara Justina”, de Francisco López de Úbeda, quien lo hace nacer en Asturias.
Y Cervantes lo incluye en El Quijote, cuando Sancho cree en él como un profeta.
Quevedo también lo cita varias veces.
Una perogrullada es una verdad tan evidente
que el solo repetirla ya es tontería. Pedro Grullo solía decir, por ejemplo:
“El día que murió fue el último de su vida” o “Cuando llueve, la tierra se
humedece”. Los políticos suelen decir perogrulladas que no dan gusto sino
susto, como “Si el pueblo no come es porque no tiene qué comer”... (Padre
Grillo)
… y responde: “Pero
Grullo fue Pero Grullo”, y remata: “Y antes, Pero Grullo”.
Fantástico. En la mili preguntamos
al teniente por la palabra “zuncho”, que había
aparecido cuando nos explicaba el mosquetón.
—Mi teniente, ¿qué es el zuncho?
—El zuncho
es… ¡joder!, el zuncho.